Párrafo XVIII
LA SANTIDAD DE LOS PONTIFICES

Coronando la verdad de la anterior historia, damos aquí cabida a otros puntos de historiadores modernos dados en conferencias públicas que han movido a la humanidad a reivindicarse.

LA RELIGION CATOLICA Y SUS PONTIFICES ANTE LA HISTORIA

20 de Septiembre 1928
Aniversario de la E. M. E. de la C. U.
La historia es un juez inapelable.
Lo que fue, no puede ser que no sea.
Trincado.

Terrible es la oleada de cieno ensangrentado que a la vista del filósofo se presenta ante la horrorosa historia de 19 siglos de lucha, de la aberración contra la razón; de la mentira contra la verdad. ¿Quién ha de triunfar? El filósofo tiene por fiscal la razón; la razón da asiento a la verdad y el filósofo, en recta justicia, acusa a la aberración y la mentira. Mas la aberración y la mentira, ¿son causa o son efecto? Ninguna de las dos son entidad: no pueden ser causa. Son, pues, efecto; ¿de qué? El juicio público dice que es efecto de la religión. Mas el filósofo ha probado que la religión no es regenerable porque no es cosa y nos encontramos conque tampoco Ia religión es causa de la aberración y la mentira; pero es la capa que tapa a esas dos grandes desgracias y es a la capa a la que el filósofo tiene que dar sus frías cuchilladas de razón, hasta que descubra el ente que la capa religiosa tapa, manteniéndolo oculto para la ignorancia.

El filósofo, ya ha confirmado, que religión es relegación de derechos de sus cofrades que a ciegas deben creer lo que los directores de la religión les mandan, sin dudar, ni discutir, bajo pena de excomunión.

Los libres de pensamiento, los antirreligiosos, los que tienen por religión la verdad y por fiscal la razón para comprenderla, no pudieron menos que fijarse en esta imposición que no admite apelación del cofrade. Los directores de esa grey; los Pontífices católico-cristianos, a estos atrevidos que demuestran ser hombres, los Pontífices, digo, les lanzan su anatema terrible autorizando a su grey fanática e ignorante al asesinato, con premio del cielo, contra esos herejes, dando el ejemplo millones de veces, los mismos Pontífices, bajo la fórmula odiosa: "Todos los medios son buenos con tal de llegar al fin". El fin que se propusieron fue el imperio de la tiranía, a todo costo; por cualquier modo y de todas formas ¿Qué importa la mentira y la falsificación o el fraguar documentos que no existieron? ¿Qué importa el honor de los hogares, ni la dignidad de los hombres, ni la vergüenza de la mujer? ¿Qué importa el estupro de la doncella y el mancebo, ni el grito de la madre ante el lascivo ministro de Dios? ¿Qué vale un rey, ni su pueblo, aunque esté consagrado el derecho por vieja ley y soberana voluntad de ese pueblo, ante la falsa potestad del Pontífice representante del mismo Dios, por su solo querer de perverso? ¿Es preciso sacrificar todo un pueblo, una nación o un imperio, por solo la satisfacción de una pasión? ¿Satisfará el representante de Dios su pasión, regando de sangre y deshonor los pueblos, los reinos y los imperios, en nombre de Dios que es el mismo Pontífice? Han salido gritos de acusación de las mismas autoridades episcopales y... a la fosa el que tuvo un punto de vergüenza, o de simple prudencia, o tal vez de repugnancia a tanta infamia y oprobio, previendo los ríos de sangre que el Pontífice, convertido en bestia, haría derramar. Nadie se libró de la ira de los foragidos que llegaron a ser Pontífices y nadie puede desmentir la historía, aun la escrita por los mismos religiosos. Pues qué, ¿no cantaron himnos a los cruzados? ¿No han santificado a Simón Stoc? ¿No llevaron a los altares al terrible Arbués? ¿Podrá justificarse Simón Stoc, ante el pueblo judío y otros pueblos asesinados por él? ¿En qué forma se encontraría Pedro Arbués, ante Manuel Argoso? Pero no nos adelantaremos tanto en el tiempo. Hay una sentencia que generalmente se cumple."Como es Ia vida es la muerte". Es preciso, para que veamos como acaba la religión católica, que sepamos cómo empezó. No tenemos en cuenta en esta conferencia, lo anterior de la religión católica al tiempo de Constantino, puesto que no existía, aunque existieran algunas congregaciones, restos de las formadas por los apóstoles que sembraron el amor fraternal y no la degenerada caridad que la religión hizo virtud, siendo un baldón.

El primer concilio en el que queda la religión políticamente constituída, lo preside el emperador Constantino, en Bizancio, hoy Constantinopla.

Hay en ese concilio, una comedia grotesca, que si no forzase a llorar de horror y vergüenza, haría reir hasta la hilaridad por las payasadas de los obispos, ante el uxoricida, parricida, filicida y fratricida Constantino. ¿Qué pueden ser los que buscan el apoyo de ese hombre fiera, acusado de esos delitos, por el juez-historia?

¿Dirán que lo hacían por salvar el alma del asesino?... ¡Hipócritas¡... ¡Farsantes... ¿Por qué pactáis con él? ¿Por qué recibís del asesino, concesiones de tierra que no le pertenecían? ¿Por qué le entregáis la afrentosa cruz para que crucifiquen a los pueblos? Si vosotros proclamábais a Roma como ciudad de Dios, ¿a qué vais a Bizancio a ser reconocidos por un asesino fugado de Roma? A estos interrogantes puede contestar la ley de afinidad. La historia, tiene su contestación escrita: "Los afines se buscan, se juntan, se alían y se defienden".

Corren los Papas después, perseguidos por la indignaciòn del pueblo romano al descubrir el rapto de la doncella María, en busca de otro mayor delincuente emperador: Carlomagno; el divorciado décimatercia vez. El Papa León, con un ojo vaciado y el otro maltrecho a causa del asalto del pueblo a los palacios vaticanos donde encuentra secuestrada a la niña raptada y desahoga el pueblo sus iras sobre el representante de Dios, raptor de doncellas y encubridor empedernido de los más execrables delitos. Corre este desgraciado en busca de Carlomagno, con el que concierta la más bárbara venganza.

Mas sería imposible seguir los hechos uno a uno y solo diré aquí, que volvió Carlomagno a Roma, imponiendo en el solio pontificio al mismo León, el que no perdonó a la doncella María, ni a su padre ni hermano, a los que hizo asesinar, gozándose el cruel Papa en su agonía.

Carlomagno, recibe la absolución de sus crímenes sin cuento y un nuevo divorcio se concierta en cambio de nueva concesión al Pontífice del reinado de Italia, el que no pertenecía tarnpoco a Carlomagno. Ni esta donaciòn, ni la anterior de Constantino tienen valor ninguno, ya que donan lo que no les pertenece.

Lo mismo sucede con Pipino, con Lotario y varios más entonces, procurando, de todos modos, de todas formas y de todos los reyes o emperadores, que repitieran las donaciones de Constantino. Esta política misma demuestra, que los Papas están seguros de que nada valían las donaciones de Constantino, por que donó lo que no era suyo. ¿Pero qué importaba eso? Los Pontífices podrán pleitear con esa base. Los emperadores corrompidos, los reyes avasallados por la amenaza y Ia generalidad de los obispos, hombres (en general) ambiciosos o cobardes nacidos de familias sometidas y esclavas, se encargarán de subyugar a sus diocesanos, reinos e imperios, a cambio del desgraciado honor de besarle el pie al jefe de todos los crímenes. Tal es la política papal hasta nuestros días. Tal es también la propiedad de la iglesia católica en cuanto al poder temporal, derribado hoy hace 58 años, por el fuerte José Garibaldi. Garibaldi, rompe la cadena que la humanidad lleva al cuello desde Constantino. Constantino que forja esa cadena y la entrega al Pontífice para ahogar a toda la humanidad, es colocado entre los santos.

"Tal para cual", dice el adagio. Garibaldi, que rompe esa cadena y se la echa al cuello a la bestia cumpliendo la previsión profética del Apocalipsis, es condenado con todas las excomuiniones del "Syllabus" del epiléptico Pío, impío, que manifiesta su falsa moral, su nulidad de rey y su falibidad e impostura, como representante de un Dios ebrio de pasiones.

La teología ha pasado al rastro de las cosas afrentosas con sus dogmas y sacramentos, sello de todas las falsedades de esa religión inmoral y criminal y amparo de todos los delitos y delincuentes; pero escupe antes de caer, su baba venenosa y pestilente, contra la filosofía y las escuelas que hacen hombres a los hombres, dejando en la grey que esclavizaron, un tremendo depósito de odios, de dudas, de agónicas incertidumbres y un cargamento pesadísimo de prejuicios y supersticiones, que no les permite aun romper la cadena de su esclavitud de la religión que los denigra, ni entrar en la libertad de la razón filosófica, que, sin embargo, vislumbran en su semiconciencia. Tal es el estado de anestesio, que en los siglos, la religión puso a la humanidad. Mas se abre a los hombres su conciencia desde la Escuela magnético-Espiritual de la Comuna Universal, haciendo traspasar la dura caparazón de sus almas, con la potente luz de la "Filosofía Austera Racional" y la teología y sus dogmas se ven desmentidos y anulados; pero en su vileza, calumnian y aun tratan de mistificar para retener un momento más el embuste de su ministerio.

No. No. ¡Hija de prostitutal No. No. ¡Ramera desvergonzada! No hay más lugar en la tierra para la mentira y la injusticia, cuyo decreto del Creador (al que no habéis conocido) lo anunció el 20 de Septiembre de 1870 y lo sancionó el 20 de Septiembre de 1911, de lo que el Espiritismo Luz y Verdad hace fe.

Un murmullo que indica descontento oigo: viene de algunos aberrados que preferirían dejar de ser, antes que rendirse a la razón.

En su murmullo, dicen, que calumniamos. "Nadie piensa de otro síno lo que él es", les contestamos. Vamos a entresacar de la historia algo que les pueda avergonzar de ser católicos para que puedan ser hombres porque no concebimos el hombre, si no razona.

Pasemos por alto todas las gravísimas culpas de los Carlovingios, los Merovingios, los Lotarios y hasta los bárbaros que pueden acusar contra el catolicismo y sus Pontífices y pongamos en juicio, solo dos hechos: 1º Los llamados que el Pontífice hace para que lo sostengan en su trono "inmenso buzón de crímenes", haciendo los mayores horrores sobre los pueblos; 2º Los Pontífices que han muerto trágicamente, lo que prueba también dos cosas: la perversidad de los Pontífices, y la impotencia y mentira de su Dios.

Como los católicos no pueden dudar de los obispos, a modo de exordio de lo que luego anotamos de los dos puntos arriba indicados, tenemos las palabras de Arnoldo, obispo de Orleans, pronunciadas en el concilio de Reims. Dijo: "¡Oh, Roma, cuán digna eres de compasión y qué espesas tinieblas han sucedido a las grandes luces que en otro tiempo derramabas! Entonces, la iglesia podía llamarse universal. ¿Por qué hoy, tantos obispos ilustres por su ciencia y su virtud se han de someter a los monstruos, que con nombres de Papas la deshonran? ¿A quién, pues, acudiremos ya, cuando necesitemos consejo sobre las cosas divinas? Si alguno nos dijera, que la iglesia romana es juez nato de todas las iglesias, le responderemoss ¡Comenzad por colocar en Roma un Papa bueno e infalible¡". . . Otro obispo, el cardenal de Teya, más jocoso que el de Orleans, dijo: "Los Papas son como los pasteles: para estar contentos de ellos, es preciso no verlos como se hacen". Con este exordio, vamos a nuestros dos puntos.

"Entre muchos otros Pontífices verdugos de Italia, dice un historiador, (verdugos de la humanidad digo yo) que no contentos con desmembrarla, dividirla, oprimirla y abatirla, que llamaron al extranjero para sostener el vacilante trono, anotamos a Esteban II, que llamó a los francos y a Pipino; Adrián I, que llamó a Carlomagno; Juan VIII, que llamó a los franceses y al Escilinguato; Formoso, que invitó a Arnulfo de Alemania; Juan XII, que hizo venir a Otón I; Juan XV y Gregorío V, que se dirigieron a Otón III; León IX, que recomendó a Enrique de Alemania; Gregorio VII, que quiso a Enrique IV y Roberto Guisardo; Nícolás II, que llamó a Lotario lI; Eugenio IV, que hizo descender a Barba Roja; Urbano IV y Clemente VI, que llamaron a Carlos de Aujon; Juan XXII, que acudió a los austriacos de Federico el Hermoso; Inocencio VI, que suplicó a Carlos IV de Alemania; Urbano VI, que llamó a Luis de Francia; Juan XXIII, que llamó a Segismundo; Sixto IV, que llamó a los turcos para la destrucción de Venecia; Inocencio VIII, que llamó a Carlos VIII de Francia; Alejandro V, que se alió con los franceses de Luis XIl y a los españoles del primer rey católico Femando; Julio lI, que hizo venir a los franceses, a Maximiliano de Austria, y por pacto de éstos, tuvieron que ir los españoles y los ingleses; León X, que pidió las soldadescas de Carlos V, de Enrique VIII y de Fernando de Austria; Clemente VII, que llamó a Carlos V; Pablo IV, llamó a Enrique II y a Solimán; Gregorio XVI, que acudió dos veces a los austriacos; Pío IX, que llamó a los austriacos, a los españoles, dos veces a los franceses, a los napolitanos de Fernando II, a las dos bandas negras de Larnoriere, a los bandidos de Francisco II y a los voluntarios del mundo católico y hasta el hereje. ¿Qué les parece a los católicos, la santidad de los Papas? ¿Hay delito más horrible que el parricidio? ¿Hay monstruo más abyecto, más infame que el parricida? ¿Y no es todavía más infame y más traidor ese reo de tal horrible delito, cuando quiere ser ministro, Papa y representante de Dios? ¿No os avergüenza vivir y obedecer y ser ciegos esclavos de ese que debe ser marcado con el hierro de la deshonra del parricida? ¿Diréis que hizo mala obra Garibaldi? ¿No es el máximo amor el que nos mueve a descubriros lo que a propósito os han ocultado? ¿Creéis que a los Papas los llevan los ángeles fantásticos, al cielo que no existe? Oir el fin terrible de algunos Pontífices.

Tomamos esta lista de dos historiadores, para más fe.

El Papa Sixto IV, murió el 13 de Agosto de 1484. El cadáver se puso deforme como retratan al diablo. Todos lo maldecían y mandaban al demonio su alma. Ninguno se quedó a custodiarlo. Sus habitaciones fueron desmanteladas y el cadáver lo dejaron con una camisa y los calzoncillos. (Usamos las palabras del historiador).

El 7 de Enero de 1655, murió el Papa Inocencio X, que vivía en concubinato con su cuñada doña Olimpla. Se comprobó que hacía tres días que no había comido. Expuesto su cadáver en San Pedro, ninguno se cuidó de sepultarlo. Los parientes no quisieron saber nada de él. Por fin, un criado que el mismo Papa había despedido vilipendiado, mandó hacer una caja para sepultar a su antiguo amo.

Esteban VI, murió estrangulado en una prisión, por sus malas artes.

Juan VIll, que resultó ser Inés de Maguncia, murió de parto y abandonada. Ya era viuda del conde de Arechisio Lestemberg. No es la única mujer papisa, y hay muchas otras que dominaron a los Papas.

Juan X, fue aprisionado y en la cárcel le apretaron el pescuezo.

Juan XI, murió envenenado.

Juan XIl, murió a manos de un señor romano, que lo sorprendió en los brazos de su mujer.

Juan XIII, Juan XV y Gregorio V, se vieron obligados a huir de Roma perseguidos por el furor popular, a causa de sus crímenes y escándalos.

Juan XIV, comprometido en intestinas facciones, fue hecho prisionero y murió en la cárcel, de hambre y de miseria.

Juan XVI, Papa, antipapa o lo que fuese, fue arrastrado, encadenado, le cortaron la nariz, la lengua y le sacaron los ojos.

Juan VIII, fue asaltado por Lamberto, duque de Spoleto, y fue obligado a buscar su salvaciòn en las Galias.

Esteban VIII, roto y estropeado, apenas salvó la vida, que el pueblo, enfurecido por los vicios de este Pontífice, lo querían muerto; lo salvó una de sus amantes.

Sergio III, fue despedido con burlas.

Benito V, murió escondido en Hamburgo donde se había refugiado.

Benito I, Benito VIII, Gregorio VI y Juan XIX, huyeron de Roma cazados como bestlas feroces.

Víctor II y Gregorio VIl, gustaron las delicias del destierro; pero este último (que fue el famoso Hildebrando santificado y luego descanonizado), se había refugiado en el castillo de su amante la condesa Matilde, y luego en el castillo de San Angel, y aunque defendido por el conde Guisardo, para librarse del furor popular, no halló otro medio que prender fuego a la ciudad por varios sitios. Solo este sacerdotal expediente, o forma sacramental de los pontífices, le permitió al terrible Hildebrando escapar esta vez, disfrazado, dejando en pos de sí, los gritos, la desesperaciòn del pueblo y las ruinas humeantes de la capital. Murió en Salerno desterrado y maldecido.

Urbano lI, huyó a Francia perseguido.

Pascual lI, que desenterró e insultó los cadáveres de Enrique IV y de Germán II, murió envenenado. Este Papa se daba colorete y hay las pruebas de que pasaba las noches en crápulas y disoluciones, entregándose a los vicios más torpes, para lo que se vestía de mujer. Murió en la bacanal.

Lucio lI, fue muerto a pedradas.

Gelasio lI, se refugió en Francia donde murió envenenado y miserablemente.

Inocencio lI, apenas nombrado Papa, fue obligado a huir; y caído en las manos de Normando, debió confirmar cuanto había hecho el antipapa Anacleto.

Eugenio lII, recibió la tiara en Farfo, porque el pueblo, que bien lo conocía, se sublevó contra él, lo arrojó de Roma y, huyendo de uno en otro lugar fortificado, como cualquier bandolero, al fin logró esconderse en Francia, que siempre fue la protectora de ellos.

Alejandro III, arrojado de Roma, erró de un lado a otro después de haber traicionado a la Liga de Pontida, puesto que nunca fue pensamiento de ningún Papa, la liberaciòn de Italia del extranjero.

Adriano IV, sitiado en Benevento por Rugiero, fue libertado por haber sostenido y confesado lo contrario de lo que sentía.

Lucio III, echado de Roma, murió en el destierro.

Gregorio IX, fue arrojado de Roma perseguido a pedradas.

Celestino IV, murió envenenado.

Celestino V, murió herido de un clavo que le metieron por la sien

Inocencio IV, obligado a huir, se refugió en Génova. Pidió pero en vano, protección a Luis el Santo de Francia, a los soberanos de Inglaterra y hasta a los paganos de Aragón. tal era de peligroso el trato de este Papa.

Alejandro IV, murió desterrado en Viterbo.

Clemente lI, murió envenenado.

Clemente IV, nombrado Pontífice en Perusa; murió fugado en Viterbo.

Clemente V, fue quemado en su lecho de agonía.

Clemente XIII y Clemente XIV, murieron envenenados.

Inocencio VII y Juan XXIII, fueron arrojados de Roma.

Gregorio X, murió en Ravezzo, fugado.

Eugenio IV, fue echado del trono y de Roma por una revolución levantada, por causa de sus hechos.

Bonifacio VIII, se suicidó en Anagni, hidrófobo.

León III, fue mutilado.

León VI, murió envenenado.

León VII, murió envenenado.

León X, murió de veneno y de enfermedad venérea.

León XI, murió envenenado.

León XIl, murió envenenado.

Pío IV, murió en los brazos de una mujer.

Pablo lI, acabó, aplastado por sus hechos.

Juan XXI, pereció aplastado por una viga.

Urbano VI, fue arrojado de un caballo y murió.

Y como la lista de las muertes violentas de los Papas es casi igual al número de ellos, cortamos aquí antes de llegar a los Borgias y tantos otros que llevaron a su lecho a sus hijas y hasta su propia madre, asesinándolas después, No queremos tampoco encontrarnos con el epiléptico y tratante de blancas conde Mastai Pío IX, al que desmintió hoy Garibaldi. Para vergüenza de la humanidad, es bastante esa ínfima lista.

Dicen los curas. "No se mueve una hoja, que Dios no quiera".

Dicen los curas.. "El triste fin de los hombres, es casi siempre consecuencia de una mala vida".

Dicen los curas. "No hay culpa que quede impune en esta o en la otra vida".

Ahí tenéis pues, ¡Oh católicos! descubierto lo que no debíais ignorar. Ved que delito cometeis de lesa familla, de lesa patria, de lesa humanidad y de lesa universalidad, al vivar a un Papa-rey que a todas luces es un verdugo.

Haced caso, por lo menos, de esos tres dichos de los mismos curas católicos y dejad de serlo, para ser hombres.

Garibaldi, salvó de la afrenta a los hombres el 20 de Septiembre de 1870. Tomad su fortaleza.

La Escuela Magnético-Espiritual de la Comuna Universal, por ley, nace el 20 de Septiembre de 1911. Ella salva a la humanidad de la afrenta de la ignorancia, de la esclavitud y del odio. Tomad su sabiduría y obligad con vuestra moral a vuestros gobiernos, a que libre a vuestras naciones de esa afrenta denigrante, que en todos los momentos encienden las discordias y los pueblos viven odiándose, por culpa de la causa de todos los males: La religión. ¿Que a qué rendiréis culto? Al Amor Fraternal; al hombre tu hermano; con lo cual, se adora al padre Creador, Eloí Universal. ¿Es poco y pequeño culto? Ese es el que te quitó la religión. Esto es lo que enseña el Espiritismo Luz y Verdad, desde esta Escuela que salva al hombre, condenando a las religiones y sus dioses.

Esta es la voz que da esta Escuela en su aniversario 17 y año de Alegatos, empezando su año 18, que será de Apelaciones.

Esta voz recorrerá el Universo todo y sabrán todos los Consejos del Gobierno del Creador, que la Escuela Magnético-Espiritual de la Comuna Universal (que el Padre les señaló como su cátedra en la tierra) condenó el error y la falacia y levantó las ciencias y el progreso, proclamando la fraternidad de los hombres de la tierra y la solidarizó con todas las humanidades del universo, que están presentes y asientan mis palabras para dar fe en los Altos consejos y con ellos caminaremos.

"Siempre más allá"

Joaquín Trincado.