Párrafo III
ALGUNAS CAUSAS DE CLÉRIGOS ANTE LA JUSTICIA

¿Cómo se podrá refutar punto por punto estas dos obras de este insuperable maestro del error? ¿Por qué se había llamado Pío, el que es más impío que la impiedad misma? Afortunadamente se llamo Pío No... No, que es negación afirmativa; si no fuera así, sería ese nombre, un sarcasmo.

De esos documentos se desprende toda la autocracia sin precedentes de la iglesia católica. A su carro quedan atados todos los hombres y todas las cosas y nadie que no sea clérigo o secuaz de ellos, no puede pensar, hablar ni rascarse la oreja sin permiso de la autoridad eclesiástica, aunque sea rey u otro jefe de estado: en cambio, se puede hacer todo, hasta matar, en favor de esa religión y en nombre, nada menos que de su Dios que nunca se ve harto de sangre, ni satisfecha la concupiscencia de esos ministros llamados de Dios y de derecho divino; y aun conceden indulgencias y favores a los que calumnian, persiguen y atropellan con apostólico celo, a cualquiera que no sea católico. En una palabra; es lícito todo vejamen contra los que no quieren comulgar en la falsedad por ellos proclamada en dogma, artículo de fe, misterio, o milagro, No, no es posible refutar por dignidad y vergüenza todos los hechos criminales y de lesa humanidad y deidad realizados por ese monstruoso verdugo de la humanidad.

Yo, debo aprovechar mejor el tiempo que en ensuciar papel con hechos tan infames; pero no debo tampoco dejar de decir algunos, que sirvan de molde a la protesta de los libres, de la conciencia ofendida y del espíritu ultrajado. Voy, pues, a dejar dirección a los hombres, de algunos hechos, que aunque públicos, se ha tenido mucho cuidado de ocultarlos todo lo más posible y aún se ha condenado a los jueces que los sentenciaron ante los ojos de los católicos; no digo ante sus conciencias porque no la tienen. Está (esa conciencia) en manos del curilla y de encapuchado, el católico y cristiano, no puede ver ni oír más que lo que estos hipnotizadores embusteros quieren que sus borregos oigan y vean; éstos son aquellos de quienes dijo el profeta: "tienen ojos y no ven y orejas y no oyen".

Veamos algunas sentencias de los tribunales de la justicia civil y criminal y en ellos veremos todo el veneno que encierran bajo la sotana y el hábito, los hijos, padres y parientes de la apócrifa religión cristiana católica; y tal será el desborde de la lascivia de estas gentes con solo la forma de hombres y entrañas de tigre, que a pesar de ser el mismo Vaticano un inmenso prostíbulo, cuyos papas han sido los que manejaban la batuta en las grandes bacanales, (léase "Orgías de los Papas") se vieron obligados a pedir a los reyes, que reprimieran el escándalo de los clérigos; cosa que no pueden negar católicos ni cristianos, porque copio las bulas y cartas de los papas.

Con fecha 18 de Enero de 1550 el Papa Paulo IV pidió a la inquisición "que persiguiera a los sacerdotes que cometían escándalo y abusaban del confesionario para solicitar a las mujeres y los mancebos"; pero cual sería la corrupción, que los tribunales de la inquisición no pudieron dar término a sus tareas y hubieron de renunciar a tan infamante ocupación.

En 16 de Abril de 1561, se volvió a pedir al inquisidor Valdés, con una bula, "para proceder contra todos los confesores del reino de Felipe lI, que hubiesen cometido el delito de seducción, como si fueran herejes"; pero ni esto bastó; porque Pío IV, en 1564 hizo la misma petición; pero alcanzó lo que los otros y las cosas siguieron empeorando y repitieron sus pedidos de castigo a los confesores, Clemente VIll, Gregorio XV, y muchos otros que no quiero anotar, por aquello de que "para muestra basta un botón" y ya anoté más de uno. Pero vamos a encontrarnos en los tribunales para mejor fe de las virtudes religiosas.

Tengo ante mi vista un juicio de la inquisición por demás curioso con la siguiente carátula: "Los celos de una monja que descubre las relaciones y crímenes de un fraile capuchino, con otras trece monjitas más". ¡Qué castidad! Pero es tal el cinismo de este encapuchado, que asombra la hipocresía y agudeza en las contestaciones del confesor, basadas todas en hechos y escritos de los libros santos de la iglesia católica, cuyas contestaciones, nos ponen a las claras, (si no hubiera visto y palpado) todo lo que se enseña en los seminarios y centros docentes donde se educa a los ministros de la religión católica que pretende ser depositaria de la ley del Dios que busco. No insertaré este hecho demasiado escandaloso y remito a mis lectores a los archivos de Cartagena donde están los autos; y al de Madrid, donde está la sentencia y la confesión del capuchino, al tribunal del Santo Oficio, que demuestra la poca fe en Dios del fraile, pues confesó sus fechorías ante la sentencia de ser quemado vivo.

En Tolosa (Francia) el año 1847, un encuadernador, mandó a su hija bellísima de 14 años, con unos libros que había encuadernado, pertenecientes a la casa de la "Misión Profesa de los hermanos de la Doctrina Cristiana". La niña no volvió; pero, "El cadáver, bestialmente destrozado por ambos vasos" (así se lee en la acusaciòn fiscal) apareció fuera de las tapias del jardín de la casa; pero la química (pícara química) se encargó de decir, que, "los estigmas que manchaban la camisa de la niña, pertenecían a nueve individuos", en efecto; en la Santa casa, había nueve hermanitos, cuyo superior era el padre Leotade, que fue condenado a cadena perpetua.

En Montalbán, en 1868, fue acusado y juzgado y condenado, otra sotana, que no refiero los hechos, por vergüenza de la pluma; pero se refieren a 18 niños.

En Gante, 1868, se abre la causa y es condenado un jesuita, por atentado al pudor; no le importaba el sexo.

En Boston, 1868, es acusado un sacerdote y condenado por la prueba de abuso en 14 niños.

El tribunal de Bruselas, 1868, condena a un eclesiástico "por sus innobles costumbres"; y ya era perseguido por otros delitos de la misma naturaleza cometidos el año 1852; y el mismo tribunal y el mismo año 1868, condena al abate Juan Blereau y al presbítero Lafourcade.

El tribunal de Charenta condenó a cadena perpetua al cura de San Lorenzo, en tres de Mayo de 1868.

En agosto del mismo año, el tribunal de Versailles pronunció sentencia al Abate Hue "por bestia e inhumano"; es curioso el juicio porque resulta acusado otro párroco, el cura de Nantes, el cual confiesa al tribunal "que él no ha hecho mas que poner en práctica algo de lo aconsejado por un libro que los sacerdotes tenían siempre entre las manos que se llama "La ciencia del confesor" ¡Dios mío qué ciencia!

El tribunal de Linz (Austria) condenó a un carmelita, confesor de la joven Ana Dunzinger a la que venció por medio de un pañuelo cloroformizado, en el año 1872, y la prensa de Europa lo comentó con el nombre de "Episodio de un pañuelo cloroformizado".

Pero no sigamos más por el camino del deshonor, porque es vergüenza para todos el consentir que se nos ultraje tan infamemente el sentimiento, en nombre de Dios; y si he expuesto esos pocos casos concretos entre más de un millón que puedo citar, ha sido sólo para justificar la condenación que lancé en el capítulo 10, párrafo V, contra la iglesia católica, por falsa entre todos los falsos; por comerciante indigna, ya que comercia con las conciencias, explota los nombres de Jesús y su madre y los falsea haciéndolos a su gusto y revistiéndolos de misterios, que la razón rechaza.

El Anticristo (si es cierto que vive como aseguró Pío No-No) no tiene necesidad de citar casos delictuosos para probar la falsedad y prevaricación de la iglesia católica y de todas las iglesias, porque lo sabe en su conciencia. Más yo sé, que los hombres mis hermanos están prejuiciados por falsas creencias y he querido probar a los sistemáticos y borregos atados de pies y manos, que no es sistema el rebatir y condenar la falsedad y maldad de la iglesia y sus ministros de las religiones todas y todos sus sacerdotes y pastores; todos han prevaricado del principio moral y fraternal y ninguno ha amado a la humanidad como quiere el Padre y, es hora ya de desenmascarar y rasgar el velo porque vino la justicia y lo he prometido; pero soy hombre como los demás hombres, y acudo adonde la inspiraciòn me lleva a recoger el eco y lo que haya de verdad sobre Jesús y su madre. Juan, marchemos, mientras copio aquí una historia bastante interesante que descubre algunos pelos, de la peluda conciencia de un Papa, que era esposo y papá y en cuya historia mi espíritu ha sentido sensación. ¿Es que aún se quejan de dolor los protagonistas? Yo no lo sé; pero a mí me ha interesado y ha de Interesar a todo el que la lea, y será una prueba más en apoyo de mi condenación de la religión cristiana. Lo grave es, indudablemente, que esa historia sea escrita por los mismos católicos.