Párrafo V
TRISTE FIN DE LA RELIGIÓN CATÓLICA

Con el alma sumida en el dolor; con el corazón partido por el desengaño; sintiendo en mi conciencia el baldón que se ha puesto a la humanidad; ante el Dios de Amor que mi alma ansía y presiente, acuso de prevaricadora de las doctrinas escritas y predicadas en todos los tiempos para la salvación y progreso del género humano, a la iglesia católica, apostólica romana, denominada apócrifamente cristiana; la acuso asimismo del delito de usurpación de derechos civiles a los hombres y los estados; del delito de lesa humanidad en el rebajamiento de la dignidad humana; de fratricida y parricida y del delito sin igual de lesa deidad.

Por tanto, ante el Dios de Amor que me oye y busco su asiento, ante el Mesías Jesús ultrajado a quien quiero salvar, ante sus padres que quiero ponerlos en la ley general que rige a humanidad de la que fueron sacados para explotar sus virtudes; ante todos los mártires del libre pensamiento; ante Ia humanidad entera, y en presencia de las almas que adoran a mi Dios; condeno a la iglesia católica bajo todas las formas y títulos y en ella a todas las que formaron la alianza y si más hay servidas por sacerdotes y dogmas, a la destrucción y al olvido, para toda la eternidad, por la dignidad humana y para que sea cumplida la voluntad de Dios tanto tiempo coartada y para anular el testamento del antagonista de Dios, Pío IX, que dice así: "Sostened la iglesia a costa de la sangre de toda la humanidad" y yo, en nombre de toda la humanidad, la condeno al no ser, porque para eso me anunciaste aunque con mentira, creyéndome el Anticristo temido.

JOAQUIN TRINCADO

Buenos Aires, a los 43 años de edad, el 28 de Diciembre de 1909.