Párrafo V
LA IGLESIA CATOLICA IMPONE LA IGNORANCIA

Ya, el pueblo judío no existe como nación ni iglesia y las demás religiones declaran la guerra a los cristianos; pero aun no tiene la iglesia católica a todos los reyes de la tierra, ni siquiera a los de Europa y es preciso tenerlos. En las naciones donde los reyes prestaron sumisión, obediencia y fe al papa, se les condecoraba y hacían adulaciones y se les prestaba la ayuda mutua de las armas de unas contra otras y llevaban la bendición de Dios cuando iban a usurpar su reino a un rey que no se hubiera sometido, como lo tenemos probado en Carlomagno, derrotado por los navarros. (1)

Esta amenaza continua, la ignorancia de las leyes de la naturaleza, la supremacía que concedía bajo privilegios divinos a los príncipes cristianos, el deseo de estos príncipes (antes paganos) por sacudir el yugo de los Césares, hacía, que de día en día, pidieran consejo y bendición al papa y se convertían en esclavos ciegos del sumo pontífice y se obligaban a pagar tributo al representante de Jesucristo, que por la sumisión humillante en que se presentaban ante él, se crecía y fue el "emperador de emperadores y rey de reyes".

Tuvo razón Manuel I, cuando dijo "después de esto, yo me sé lo que me haré". Tuvo buenos imitadores y siguiendo el programa trazado en la alianza, sacando de cada una de las religiones todo aquello que le daba brillo y ostentación, creó todos los sacramentos que tiene esta iglesia, haciéndolos suyos y nuevos, corregidos y aumentados, hasta llegar a nuestros días, que aun estando en decadencia son tan fastuosos, que son una provocación a la miseria y al hambre del pueblo.

La iglesia católica, proclamada "árbitro entre Dios y los hombres" (no por Dios, sino por los hombres), ha prejuiciado las conciencias con el cielo y el infierno. Eleva a unos a los altares aunque sean criminales y ladrones y anatemiza, maldice y tira al lodo de la calumnia con la asquerosa excomunión a otros, aunque sean honrados apóstoles de la verdad, del progreso y del libre pensamiento que engrandece el nombre del hombre y llenan las conciencias de conocimientos útiles.

Esa iglesia, sabe que se basa en la mentira, y que solo la ignorancia puede hacer que su vida se alargue algún tiempo más y se apodera de la educación del niño, donde prejuiciará el alma del joven y lo hará inútil al progreso, se apodera de la conciencia de la mujer y la corrompe en el inmundo confesionario, donde la joven es seducida y enseñada en la maldad; allí la esposa, dirá los defectos del esposo, vendiendo y traicionando al padre de sus hijos, por la instigación del confesor; allí dicen que se lava la conciencia. ¡Ah! Allí se envenena el alma de la pudorosa joven; allí se deshonra la dignidad del esposo y se mata la felicidad de la esposa y la alegría del hogar y la dicha de la familia y se anonada la grandeza del mundo natural, para convertirlo en foco infeccioso de todas las calamidades que hoy tenemos en la sociedad. Por el confesionario, sabe la iglesia católica los secretos de las conciencias; secretos que, ni el Dios de Amor los pide a sus hijos porque para eso les dio libre albedrío; pero la iglesia católica, para su dominio, necesitaba estar en el seno de las familias y saber hasta las cosas mas íntimas de los corazones y no podía ser de otra manera que con la invención del confesionario; es claro que los hombres protestarían; ¿pero para qué se habían hecho divinos los hombres de la iglesia? ¿Para qué habían hecho los artículos de fe y apoderándose de la educación del niño y los mantendrían en la ignorancia, prohibiendo por el dogma el pensar y discutir su credo y sus milagros, so pena de excomunión?

Pero todo esto no podría hacerlo sin apoderarse del poder civil y se apoderó haciendo a reyes y emperadores sus súbditos y siendo sus esclavos servidores los príncipes. Los medios de que se habrían de valer, no importa que fueran la calumnia y la intriga, la horca, el puñal y el veneno; ellos absolvían ante Dios y los hombres; y para ser ellos impunes, dieron los mismas derechos a los señores feudales, señores de vidas y haciendas, que doblando la rodilla y golpearse el pecho ante el simple curilla, ya había pagado su crimen y su robo, ¿Mas se daría la iglesia por satisfecha al llegar a esa altura de dominio? ¿Podría ir su iniquidad más adelante? ¿Será posible satisfacer su orgullo, con haber hecho un pueblo de degenerados en todas las clases de sus dominios? ¡Oh! No; la concupiscencia no se ve nunca satisfecha y, esto es solo el prólogo de la obra del "después de esto, yo me sé lo que me haré" de Manuel I. Hemos llegado a la edad media.

(1) El Dante, en su "Divina Comedia" celebra ese acto, cantando al Navarro "Champolo", que se burla y derrota a Diez Diablos.