Párrafo IV
LA FALACIA Y LA FUERZA BRUTAS JUNTAS

Ya la iglesia católica ha tomado forma de estado y tiene gobierno político que le asegura una vida como ha pretendido su político jefe; entra en un período de dominación y su primer acto de gobierno es, monopolizar todos los cultos de las otras religiones de cuyas doctrinas forman una teología metafísica irracional y dogmática y esa será su constitución que anteponen a todas las constituciones que las otras le entregaron con buena fe al astuto Manuel I. De ellas sacaron y se apropiaron los sacramentos y los ritos y crearon dignidades aparatosas para ponerse en parangón con los más opulentos emperadores y reyes, a los que pronto ganaron por la astucia, la promesa y la intriga.

Mas estaban aun amenazados por un pueblo: el pueblo judío, que era celoso de su religión, sus ritos y se imponía a tener Ia mayor representación en la iglesia universal, puesto que ella había sido la depositaria de la ley escrita y porque llevaba el nombre y símbolo de Jacob, en lo cual, ayudábale la "Fúlica" y la "Buda", porque tenían el "Krisna" que era el cristo, según su entender. Pero Manuel I, sabía que el cristo no era una persona, y sí un mito y que, Jesús solo recibió el nombre de Cristo por desprecio e irrisión; y por tanto, no procedía llamar cristiana a la religión que se establecía con carácter positivista: pero la presión de los cristianos de la primera iglesia fundada por Pablo; la indiferencia religiosa de Manuel I; junto con la documentación dada con el nombre de Evangelios, haciéndolos convenir a capricho con las profecías del antiguo testamento; mas los eternos secretos que desde Abraham decían tener los israelitas, no tuvo inconveniente en formar el credo católico-cristiano.

Como tomaba por baluarte a Jesús (cristo por irrisión) compuso el nombre de "Jesucristo único hijo de Dios", olvidando el por qué Jesús tomó aquel nombre en justicia y cuya explicación dada por Juan Bautista dejo anotada ya; la nueva iglesia, en este artículo, deja huérfana de padre, a toda la humanidad.

Pero dejaré por ahora esta gravísima cuestión: quiero seguir los hechos políticos y religiosos del nuevo estado, o iglesia.

El primer impulso de la nueva iglesia, fue quitarse todas las trabas de las otras religiones, combatiéndolas con las mismas armas que éstas le habían entregado; pero estas armas no vencerían a sus enemigos, porque eran su propia sangre y databan sus doctrinas de muy antiguo; era, pues, necesario la espada y la unieron a la cruz, la cual fue concedida a los emperadores y reyes para remate de sus coronas, al propio tiempo que se les concedían títulos de "príncipes de la iglesia" y se les concedían absoluciones y la santa unción de la iglesia, que tenía en depósito, (según los cánones y teologías hechas ya por esa religión), las gracias y dones de Dios para repartir.

Ganados así algunos reyes ilusos, ya disponía el pontífice de las armas de los reyes. Solo quedaba, buscar, sino lo había, un motivo; y si no fraguarlo para dar intervención a las armas de los príncipes y reyes cristianos, que aquel pontífice bendecía.

En efecto; entre los judíos, había uno muy sabio e intransigente por su rectitud y decididamente defensor de la libertad predicada por Jesús y sus apóstoles y se oponía y sublevaba el pueblo en contra de la presión que quería ejercer la nueva religión contra la judía. Entonces se intrigó contra el pueblo judío y se excomulgó a aquel terrible enemigo, que se llamaba Samuel Belsabé, el que al ver la injusticia, iba de casa en casa y de pueblo en pueblo anunciando el peligro; pero como la calumnia siempre deja algo, y las religiones todas se habían atado de pies y manos en la alianza, no les era fácil defenderse y, éste pobre hombre, desapareció de la vista de los que no le oían; y como pesaba sobre él la calumnia de que le había negado el agua a Jesús (a quien no había conocido en persona puesto que vivió 250 años más tarde) pero como la iglesia había resucitado a Jesús y la iglesia necesitaba el agua del concurso de todas las religiones, y este personaje se oponía al derecho de supremacía que se abrogó desde la famosa alianza la iglesia católica, en la que según su expresión vivía Jesús en su seno, negar obediencia y trabajar para que el pueblo judío no diera obediencia, era negar el agua que esta iglesia necesitaba: lanzó el anatema entre los cristianos contra aquel pueblo turbulento y celoso de su antigua religión: se fraguaron absurdas leyendas y maldiciones, tomadas, precisamente, de los libros de los judíos, en los cuales hay tantas lamentaciones y profecías de destrucción parabólicas.

Desde entonces, se condenó, (en la opinión fanática) a aquel hombre revolucionario y no encontró asilo en ninguna parte y se llamó y sigue llamándose "El judío errante", alrededor del cual, se han forjado las más absurdas historietas, que causa dolor ver plumas de sabios forjando y enumerando hechos irracionales. ¡Pueden tanto los prejuicios! Poco más tarde, se inician las cruzadas; y, Constantino, que fue el alma política de la alianza, arremete contra el pueblo judío y lo destruye. Es el primer hecho del estado político de calumnia y de intriga del gobierno de la iglesia católica.

Voy a hacer resaltar en honor de la justicia, lo absurdo, arbitrario y criminal de este hecho.

El Papa Manuel I, ve que la iglesia cristiana no tiene base, porque han adulterado su principio y no se avienen a la igualdad predicada por Jesús y reclama la ayuda de las otras religiones, las que por solidaridad y porque tenían conocimiento de las doctrinas de Jesús, que eran racionales y más progresivas, (por más modernas que las suyas) le conceden su apoyo con sus ritos y cultos; toma la iglesia católica toda la ley judía y a Jesús (hermano por sangre de los judíos) por baluarte; a su padre y madre, por mina de explotación y con todo esto, destruyen su procedencia, la dispersan y siembran el odio contra todo aquel pueblo, del que se quedan con todo su haber. Aquí hay una causa de latrocinio, con abuso de confianza y de autoridad. Mayor absurdo, no creo pueda haber otro caso y aun está latente, perdurando el odio en el pueblo judío al nombre cristiano, que ha ocasionado la pérdida de tantos millones de vidas y sigue costando. Este hecho, constituye la página más negra de la humanidad y de las religiones; pero como aun sigue esta iglesia diciendo que "fuera de mí no hay salvación" y aun siguen muchas naciones atadas a su carro y yo estudio en mi razón, voy a seguirla escudriñando fríamente, hasta un caso extremo.