Párrafo V
FUNDACIÓN DE LA IGLESIA CRISTIANA

Deseaba salir de Jerusalem; pero aun me veo obligado a permanecer en ella, porque aquí quedan los legatarios de la nueva ley.

Crucificado Jesús, sus apóstoles, un tanto asustados y un tanto prejuiciados por el amor de la tierra donde tenían seres queridos anduvieron desconcertados y temerosos por la horrorosa muerte de su maestro; se reunían escondidos trabajando en la sombra dentro de Jerusalem; y para ir endulzando un poco la amargura y saña de los sacerdotes, decían, "que su maestro Jesús, no había querido cambiar la ley, sino aclarar los puntos obscurecidos".

Es cierto, que entre tanto, Pedro, iba descubriendo algún punto secreto de la doctrina a los adeptos; pero esto significaba muerte prematura y en la sombra, de la doctrina de Jesús, pues faltaba a una de las más importantes máximas del maestro "No se puede servir a dos señores a la vez". Y Pedro, parece que no quería malquistarse con los que condenaron a Jesús, o quería tomar, a ejemplo de ellos, las armas de la astucia; en el primer caso, moriría la doctrina de Jesús y en el segundo, moriría también, porque los sacerdotes aún tenían la fuerza bruta y la fe ciega del pueblo ignorante.

Pero Jesús había recogido en herencia los frutos del trabajo de Juan; y como fué duro consigo mismo, sus discípulos eran duros también como el maestro, en las adversidades; y uno de los discípulos de Juan, que se juntaba con los de Jesús, no pudiendo ya soportar en su ardiente sangre griega, la inercia mortal de Pedro y sus compañeros, salió rompiendo el fuego y en plazas y calles, atacó a los escribas y fariseos y declaró que Jesús y Juan, habían venido a renovar la ley de Moisés y a derribar a los sacerdotes prevaricadores. El pueblo de la fé ciega, obedeciendo órdenes de los sacerdotes, apedrean a Esteban, que a imitación de Jesús pide a Dios en su agonía y aquella oración, conmueve y hace recordar a Saulo, que él, sabía aquellas doctrinas, a pesar de no haber visto ni oído a Jesús ni sus apóstoles: Saulo, era, como un jefe de policía del Sanedrín y porque como comerciante que era, había ido a Jerusalem por sus negocios. Esto acaecía quince años después de la muerte de Jesús, en cuyo tiempo empezó a circular un folleto escrito por Mateo, en Sirio-Caldeo. Saulo, hombre libre entonces y amante del estudio de las doctrinas secretas, se hizo de uno de aquellos folletos.

La muerte de Esteban, amedrentó más a los apóstoles de Jesús, que judaizaban asistiendo al templo y aceptando la circuncisión; y sin embargo, los discípulos dispersos, con menos miedo, se extendieron por las ciudades y uno de ellos, que no estaba en los secretos dados a los apóstoles, predicaba en Samaria; éste también griego como Esteban, se llamaba Felipe, pero no es el apóstol de este nombre, y entre los muchos adeptos que tuvo, es señalado Simón, discípulo del gran filósofo Filón, de Alejandría, que regía la gran cátedra de filosofía teológica más famosa de aquel tiempo.

Saulo (más tarde Pablo) había estudiado, de joven, con Gamaliel, hijo de Hillel, de y en Babilonia, fundador de una escuela secreta. Saulo, aprendió allí los secretos de la doctrina veda que han llamado no sé por qué del cristo. Saulo, ya en esa escuela, ya en sus continuados viajes comerciales, se ilustró en conocimientos y doctrinas públicas y privadas. Pero hay un punto muy interesante aquí, y es que, Saulo, estudiando con Gamaliel, tuvo de condiscípulo a mi compañero de tareas; al degollado Juan el Solitario (hoy Bautista) y héte aquí porqué, no nos dicen dónde pasó sus años Juan, hasta que aparece en el desierto y el Jordán, en cuyo río, Pablo también vio y recibió las abluciones de manos de Juan.

De modo que, Esteban, conmueve a Saulo y recuerda que él sabe aquellas mismas doctrinas, y ya sabe el mundo, por esta declaración, que Saulo no fué un caído del caballo, o del burro, ni del camello, para convertirse; fué el burro de su materialidad lo que se le cayó a Pablo, quedándose acaballado en las doctrinas que con Juan estudiara de Gamaliel, en Babílonia.

Camina, pues, Saulo, hacia Damasco y lleva impresa en su alma la oración de Esteban y en sus manos el folleto escrito en Sirio-Caldeo, que es el llamado "Evangelio de Mateo" con principios del Veda y algo de lo predicado por Jesús, pero que Saulo sabe ya, sin haber visto ni oído a Jesús ni a sus apóstoles, y quien se lo ha recordado, es discípulo de su antiguo condiscípulo Juan, que diez y siete años antes fuera degollado; resultando así que Juan fué el precursor de Jesús, concordando ambos en sus doctrinas: por tanto, por errores que se iban sumando, el mismo Juan era precursor de la Iglesia indebidamente llamada cristiana, que Pablo iba a fundar en Antioquia, con la base del bautismo de agua, en substitución de la circuncisión judía.

Efectivamente, Saulo, forma el propósito y toma como emblema el Cristo antiguo y sus doctrinas y como rito y señal el bautismo de agua o abluciones de la purificación y funda su iglesia en Antioquia, llamando cristianos a sus adeptos; en esto hago justicia, declarando, que Pablo obedecía a la representación del cristo de Jacob cuyo secreto Saulo no sabe; pero sabe que significa "fuego sagrado" en la religión fúlica y no es personal; y por lo tanto, este nombre, es imaginario desde su principio como personalidad y a Jesús se lo ponen por irrisión y desprecio: pero en ello se cumple la profecía, y cumplida, ese nombre debió pasar a la historia, con su verdadero sentido de “peligro".

Saulo, bien versado en las doctrinas secretas de Gamaliel, (que no son otros secretos que los contenidos en el testamento de Abraham y de Jacob) comprende las parábolas que contenía el manuscrito en sirio-caldeo que acopió cuando la muerte de Esteban y hace el propósito de explicarlo a todas las gentes; con lo cual, su iglesia, fué la continuación del cristianismo de Aitekes, que ya hemos podido historiar, (1) pero defendía a los romanos de las acusaciones que se les imputaba de la muerte de Jesús y censura acremente a los judíos y hasta de "cobardes" a los apóstoles de Jesús, porque se mantenían en el silencio.

Pedro, como avergonzado, defiende las tendencias judaicas y culpa a los romanos de la muerte de su maestro, e increpa a Pablo por usurpar el derecho que él cree tener como primer discípulo de Jesús; Pablo le contrarresta y se pone la causa a pleito; ¿quién tendría razón? Pablo no conocía a Jesús, ni lo oyó. Pedro era el primer discípulo de Jesús -que había sido llamado cristo- aunque fuese por desprecio; ¿tenía autoridad para increpar y aun impedir Pedro, a Pablo la fundación de la iglesia cristiana, habiendo pasado catorce años en el silencio después de la muerte de Jesús? Roma era el árbitro de las cuestiones de su imperio y allá fueron los contendientes; pero Roma exigió la presencia de Santiago, el hermano de Jesús, (2). Los dos tenían razón; los dos fueron absueltos y sentenciados y el árbitro los contentó y, en agradecimiento, fundan la iglesia en Roma. Ya no es, ni Jerusalem ni Antioquia, el centro de la nueva religión, que lleva como base la solidez de la verdad y como edificio la ley de amor.

Ya está fundada la religión cristiana, mal llamada así, pero que el nombre no hace aquí al caso; lo esencial es, saber que se ha salvado la esencia de la ley de Amor y que en aquella sociedad está el asiento donde se puede buscar a Dios; pero la ley romana, hacía suyo todo lo que existía en sus dominios y esto, políticamente, es muy justo; y aunque aquello no es cosa, porque la religión no es cosa ni puede ser patentado, tiene, sin embargo que vivir de cosas y entonces, ya entra en el dominio de lo civil, por las cosas civiles y materiales que la religión necesita: y si añadimos que Roma fué el árbitro pacificador entre Pedro y Pablo, tenemos, que por ley nacional, se llamará Iglesia Romana. Agreguemos un nuevo factor; la ley romana, como su imperio, se extendía a todos los reinos conocidos o naciones y por tanto, en el sentido relativo, su imperio y su ley era universal y la doctrina de amor que formaría el cuerpo del edificio de la nueva iglesia, era universal en la acepción más lata de la palabra y se denominó católica. Pero Pedro es apóstol de Jesús y por ello, sus fundadores son los apóstoles de los maestros y se reapellida "Apostólica"; y así queda llamada y confirmada iglesia o "religión cristiana, católica, apostólica, romana". Por hombres, no se perderá; pero transigiré con todo, porque ahí está en ese momento la ley de Amor y los legatarios de mis compañeros Juan y Jesús, a los que sigo.


(1) Vea "Filosofía Austera Racional", "Conócete a ti mismo" y "El primer Rayo de Luz".

(2) "Filosofía Austera Racional". "Hechos de los apóstoles de Jesús".