Párrafo IV
PERSECUCIÓN DE LOS SACERDOTES A JESÚS

Tenemos dos hombres que predican el amor con todos sus atributos y estos son ya, frutos del tronco creado por la raíz germinada de la semilla: y efectivamente existe en este tiempo el tronco, por que encontramos ciencia, religión y estado; pero estos dos hombres luchan contra esa ciencia, religión y estado: ¿cuál es la causa? Ya la vemos en su predicación; las tres ramas del tronco se han abordencado; efectivamente, les falta el órgano principal y no dan los frutos que la raíz hace ascender por el tronco a todas tres ramas: falta el amor y por eso, Juan, lucha con la verdad frente a la mentira; con la nobleza contra la astucia; y con la fe-luz contra la fe-ciega. Juan, el austero Juan, proclama al Dios universal, sin prejuicios, sin boato y sin más armas que la verdad desnuda; reprende la falsedad, condena los privilegios, quiere desenmascarar y poner las cosas en su lugar. Por eso ataca a los grandes que componían el tronco, (sacerdotes, jueces y reyes) poniéndoles el dedo en la llaga, y, ¡cómo les dolió! Mas las ramas abordencadas se crecieron y echaron en hojarasca la fuerza que correspondía a sazonar el fruto y este fue cubierto con la sombra, y, en la oscuridad, anidan los insectos destructores que cortan por el pezón el fruto y, Juan, cae, cortado el pezón de su hermosa cabeza, pudiendo aplicar aquí el dicho castellano: "por decir la verdad lo han muerto" ¡Pobre apóstol de la verdad! No en balde les llamaste "hijos de víboras": pero tu cabeza era fruto sazonado y germinará, pues no en balde fué tirada al río; la semilla que ella contenía, sería llevada por las aguas a tierras fértiles; arraigarán, dará fruto de progreso y tú, no morirás 19 siglos ha que pagaste tu tributo y aun los chiquillos (que representan la ingenuidad) te proclaman. Yo soy hombre sin prejuicios y busco lo que tú buscabas y te he elegido como compañero; para mí, vives.

Ya, en este tiempo, como queda dicho, predicaba Jesús a las masas; de modo, que el amor, la verdad y la luz, se les daba al mismo tiempo a las ramas y las hojas de las ramas del tronco común y este hecho demuestra, la igualdad de la ley; a Jesús le rodeaba la muchedumbre y ésta le daba mayor defensa que la que tuvo Juan y por esto, Jesús, esquiva por algún tiempo la persecución y la sentencia y se sale de Jerusalem a predicar el amor y la igualdad; pero para esto, tiene que rebatir las leyes y doctrinas de la religión judía y el comercio que hacían del Dios de Amor y ataca con autoridad de mesías o enviado de Dios y se proclama "hijo de Dios", para tener mayor autoridad: proclamación que hizo de acuerdo con Juan en su prisión, el cual le dice, "todo hombre que vive de la luz de su esfuerzo, ha cumplido con el precepto de nuestro padre; y tiene derecho de llamarse hijo de su padre, todo el que ha cumplido y honrado a su padre; yo te confirmo hijo de Dios: pero date prisa, porque tus días también están contados y hay que sembrar la semilla; detrás vendrán los segadores. Retírate; déjame, por que no veo la necesidad de huir ya de la maldad de la llamada justicia de los hombres". Y Juan queda solo en la prisión.

Salió Jesús de las prisiones de Juan, fortalecido y emprendió su campaña con más ahinco de la siembra de la buena nueva; mas se le buscaban todas las ocasiones para hacerlo caer por Ia intriga y la calumnia, pues no podían rebatir sus doctrinas de amor y libertad, porque era doctrina de Dios que habla al alma; por fin, en un discurso en la Sinagoga, le amenazan con cerrarle las puertas, arremetiendo entonces Jesús con coraje contra ellos y les llamó "sepulcros blanqueados, majada inmunda de puercos, comerciantes de las cosas de Dios y asesinos". Jesús, se leyó él mismo la sentencia en este discurso y no tardó mucho en caer en su poder.

El orgullo de aquellos sacerdotes, no perdonaba medios; la malicia de su religión, era el colmo de todos los odios, pues su lema era; "Ojo por ojo y diente por diente", y, antes de aceptar la supresión de las castas, como imponía la aceptación de la democrática doctrina de Jesús, lucharían, ahogarían en sangre a la nueva ley; prenderían y sacrificarían al maestro; perseguirían a sus discípulos y ellos seguirían su inicuo comercio; no importaba ser “majada de puercos que se alimenta de los desperdicios", que aquí es la crasa ignorancia y el embrutecimiento del pueblo; ni ser "sepulcros blanqueados que encubren la putrefacción" de sus ideas criminales; pero no importa. Jesús había sembrado y Juan le había dicho: "detrás vendrán los segadores que recogerán el trigo y lo llevarán a los graneros del Padre": triunfará contra toda la maldad y a través de los siglos, aunque arranquen la planta millones de veces; la semilla es de amor; sus raíces no están en la tierra, están en la ley Universal; “antes pasarán el cielo y la tierra, que faltar la palabra de Dios" había dicho Jesús y antes que él, todos los apóstoles de Dios, y lo seguirán diciendo todos los que vendrán.

En los hechos narrados vemos, que Juan y Jesús predican a Dios, en el campo, con pobreza y en general a gentes sencillas, pero con sabiduría innata y, a pesar de su ciencia (en general incontrarrestable e indiscutible) lo hacen sin boatos, humildemente y con análisis; es decir, investigando la verdad; resultando de este ejemplo, que debemos creer con fé viva; fé de luz; fé de sabios y no con fé ciega. Aquí aplaudo el dicho que se atribuye a Tomás el apóstol de Jesús, cuando le anunciaron sus compañeros que habían visto al Maestro resucitado: "Cuando metiere mis dedos en la llaga de su costado y mis ojos vean sus otras llagas, creeré" este es mi sentir racional: comprobar, palpar lo que uno debe saber y creer, convencerse por la investigación y no creer a ciegas y porque sí; para esto tenemos una razón que si está libre de prejuicios, verá lo que tiene que creer y su conciencia palpará. A esta cualidad se deben los héroes que han defendido sus ideas sin más armas que su inteligencia e investigación, que los puso en lo cierto de su creencia; pero los que tienen el poder de la fuerza bruta, no perdonan a esos... "bohemios" aun cuando comprenden que tienen razón. ¿Para qué tienen ellos las armas destructoras de la materia y las ciencias empequeñecidas por la fé ciega, impuesta por el terror? ¿Acaso pudo engañarse Moisés que habló de Dios, aunque su pueblo adorase el becerro de oro? ¿Y tantos profetas y reyes sabios se pudieron engañar? ¿Qué importaba, que aquellos ungidos de Dios tuvieran todo un consejo de trescientas bellas, aunque entre ellas tuvieran a las hijas y mujeres de sus hermanos? Para eso eran reyes ungidos de Dios; sacerdotes de Dios; castas privilegiadas nacidas de diferente modo y con sangre diferente.

Trabaja ¡Oh pueblo perro y esclavo para que nosotros mantengamos el lujo y el boato con que te deslumbramos y repletemos nuestros harenes de tus más hermosas hijas! No protestes, ni pienses de otro modo que lo que te consentimos, porque nosotros somos ungidos y vosotros uncidos, y así, tirar del carro sin protestar, porque, nadie fuera de nosotros puede pensar ni fuera de lo que nosotros pensamos podéis pensar. Esta es la síntesis de la religión judía y de todas las religiones según los autócratas pontífices. Pero no ha podido ser nunca, hacer creer a los hombres de luz, que estas leyes las dictara Moisés; Moisés entregó la ley escrita en las dos tablas de mármol y, en aquellos artículos, no puede interpretarse estas prácticas antihumanas y contrarias a la ley de Amor que en aquellas piedras está escrita. ¡Vaya unos sabios aquellos, para interpretar esa sabia ley! Pero es que no interpretaron la ley dada por Moisés, por que es clara y concisa y no admite interpretación. Lo que han interpretado aquellos inflados fué, los dichos y hechos de otros inflados envenenados por su corrupción y eso les placía, por que los facultaba a seguir alimentándose de la sangre de los oprimidos, de los uncidos y por eso prohibía el pensamiento aterrorizándolos con el azote, la vergüenza y la muerte: más lo que lograron es, morir ellos y dar vida a sus víctimas: por eso viven Juan y Jesús en la conciencia de los libres, que son la representación de sus doctrinas: y como estas doctrinas son de Dios, los libres, son la ley de Dios, dentro del Amor, porque jamás, a ninguno que ama la libertad, le ocurrió amordazar a otro; y si en la historia figuran algunos como amantes a la libertad y amordazaron a otros, yo lo digo: no amaban la libertad; amaban el libertinaje.

En la muerte de Jesús asistimos a la muerte de la religión judía, de tan triste memoria. Las religiones anteriores y contemporáneas a ésta, falsas como ésta en sus prácticas, son un tanto más racionales, pero debieron ceder su paso y morir para dar vida a ésta y florecer y dar frutos que aquellas no supieron dar; ésta tampoco los dió, por su malicia y su caída debía ser más estrepitosa y lo fué, porque su pecado era mayor, cuanto mayor era el archivo que se le había confiado, que era el génesis de las otras religiones.

En este momento histórico de la muerte de la Iglesia Judía, empieza una nueva Iglesia, y no debió llamarse así por que Jesús no fundó iglesia; Jesús sentó la primera piedra de la religión universal, (si religión queremos entender la fraternidad) sobre los cimientos llenos de ripios que anteriores Mesías habían dejado y selló con su sangre su doctrina de amor, allá en el Gólgota, donde no debió ir, ni a eso había venido al mundo; para eso y quizás quiso evitar ese crimen llamándose "Hijo de Dios"; pero al no ser respetado, los sacerdotes dieron la nota más alta de orgullo matando a Dios mismo, en su intención, en la persona de Jesús, que se llamaba "Hijo de Dios".

Aquí el alma se llena de dolor. Con regocijo vi la inscripción de la ley y fundarse la religión judaica, a quien se le entregaba en depósito la ley de Amor. He visto cómo la convirtió en ley de odios, de venganzas y de vergüenzas y acabó con la destrucción del templo y la ciudad que sirvió de antro del inicuo comercio, debiendo servir más sagrados intereses; y cuando debí encontrar ahí el asiento de mi Dios de Amor, por la prevaricación, encuentro montones de piedras bañadas en sangre derramada por el odio; las tablas de la ley, no pudieron resistir tantas vergüenzas y se hicieron pedazos y se fundieron con el fuego de las pasiones; pero quedó su doctrina grabada en el alma de los pequeños y quedaban discípulos de los maestros Juan y Jesús que las enseñaron en el campo y en todas partes, dando asiento al Dios de Amor en las conciencias que las pudieron comprender. ¿Sabrán estos discípulos mantener enhiesta la bandera de paz y de amor que les ha sido entregada?... Sigámosles, pues ya estamos obligados a seguirlos porque llevan la ley del Dios de Amor que yo busco en su asiento y, el legislador no puede estar lejos de los legatarios y deseo vivamente no sufrir una nueva decepción. Es hora que encuentre el asiento del Padre universal. Adelante.