Párrafo VI
ALGUNAS RELIGIONES QUE SIGUEN LA LEY DEL SINAI

Ya tenemos el principio de todas las religiones recopilado en la ley escrita dada al pueblo de Moisés, que se llamará Israel, que quiere decir fe; un pueblo que cree en Dios pero en un único Dios, en cuyo pueblo están los antiguos arios-vedas que ya tenían desde Adán, la misma noción, bajo la adoración de un símbolo ungido, que conocemos con varios nombres de Cirus en los fulaicos o egipcios, de krisna en los arios y vedas, de agnis en los brahmanes y de cristo en Israel, desde Jacob. (6) El cirus en los fulaicos, lo constituía, como ya dejé dicho, dos maderas duras atornilladas por el centro, que haciéndolas girar con vigor producía el fuego; lo tuvieron los arios, los vedas y los brahmanes y caducó cuando ya se conocieron otros medios de obtener el fuego. Israel lo llamó Cristo y fué su signo, emblema o baluarte, formando cruz, con lo que se distinguían las casas de los israelitas; signo o emblema, que en el correr de los tiempos los hombres convertirían en señal afrentosa, por lo que se usó como patíbulo.

Llegado a este punto, solo tengo que seguir examinando en mi razón, las sociedades y pueblos que siguen la doctrina de la ley escrita; pero antes, debo seguir y confirmar, que esta ley escrita, más bien que adelanto, señala la prevaricación de la humanidad, por cuanto Adán la sembró en su raza en el espíritu y la conciencia y vivió y vive (en principio) donde tuvo la raza adámica su comienzo, donde es de admirar los cantos arios y vedas de aquel remoto tiempo; no hacen hoy nuestros poetas mejores estrofas en sentimiento; pero corrieron 20 siglos desde la aparición de la raza adámica y el hombre había adulterado ya y olvidado la esencia de la ley, porque se quedaba en la tierra contemplando su obra progresiva material, no pensando, que poco antes, no sabía hacer aquellas obras; y se enorgulleció en sí mismo, materializándose en sus mismas obras; es por esto, que el Dios de Amor permitiera la debacle de Egipto, en justicia de la justicia misma, y los espíritus de Dios, (no los ángeles) hicieron la demostración del Sinaí, para recordar al mundo la ley de amor.

No es mi ánimo hacer un estudio anatómico de las principales religiones que dominan el planeta tierra, ni de necesidad es a mi obra, ni mi propósito la crítica; sino la exposición racional de los hechos, y por ellos, seguir buscando la religión, pueblo o sociedad que sirva de asiento a mi Dios de Amor, puesto que ya lo encontré en la ley de Moisés y antes, en el Testamento de Abraham por el que Moisés obró.

Los arios y vedas son los primeros o contemporáneos del fundador y mejor dicho, del difundidor de la ley de amor del único Dios y son algunos de sus descendientes los que rodean a Moisés que tiene el testamento de Abraham y son estos los que reciben la ley escrita; pero los que no han sufrido la esclavitud del Egipto, no han olvidado su principio y siguen adorando a "Brahma" Dios único y creador de todas las cosas; éstos tienen la pura doctrina de Adán en su principio; pero ese principio de Dios Creador, es el primer capítulo del progreso humano general y no parcial para un puñado de privilegiados; el no difundir ese progreso, es estacionarse y morir, porque la vida es movimiento y el progreso un continuo caer y levantarse en una ambición justa de conocer toda la universal naturaleza hasta su anatomía y teniendo siempre delante de sus ojos y en la conciencia, el mandato del Dios que adoramos, que nos deja árbitros de nosotros mismos y de nuestros actos, lo que impone la más absoluta libertad y la más perfecta igualdad.

Los creyentes del único Dios creador (Brahma) y por tanto religión Brahmánica, aceptaron y conservan castas y supremacías y la mujer es rebajada casi al nivel de la bestia y no ven que "no hay mancebo gallardo ni enclenque que no haya nacido de mujer". Esto, unido a otras extravagancias, (que no existieron en el principio de la raza y religión adámica), han sido originados por el parasitismo del sacerdote que por la beatitud de los creyentes, fueron como despojados de la ley de Dios: mas en la manifestación del Sinaí, vuelve a confirmar Dios (en la distinción de que lo hace objeto) a aquel pueblo luchador e intrépido; esta religión, había sufrido ya un serio golpe, casi mortal, por un descontento de sus sacerdotes o magnates; y hoy, aquel territorio, es teatro de un gazpacho indefinido: tendencias de Brahmanismo, prácticas de budismo, catolicismo, mahometismo, protestantismo y, todos luchan, todos son mejor y ninguno triunfa del otro y, esto, en verdad, me pone en graves dudas; pero no es aquí el momento de dudar. Sigamos.