PARRAFO IV
EL HOMBRE VA SIEMPRE MAS ALLA

¿Por qué el hombre obra con discernimiento y se resigna?

Del estudio anterior ha surgido este párrafo necesario a indagar la conciencia de los hechos que muchas veces nos atormentan y otras nos alegran: cuál sea la causa de que el hombre tenga por norma el discernimiento de sus actos; a qué lo conduce y qué espera de ese discernimiento.

El hombre, en su marcha, ha distinguido el bien y el mal, el dolor y la alegría, lo feo y lo bello, y ha llegado a compendiarlo en adagios y emblemas, como para tenerlo con mayor facilidad a la vista y resignarse en su suerte. ¡Cómo admiro al que dijo que, "comparados los bienes con los males todos los tiempos son iguales¡" Ese hombre era un sabio, que si otra cosa nada más hiciera que decir eso, esa alma no podía morir, porque, su máxima (que es el resultado de su sabiduría) existe y convive con nosotros. Esta máxima es una verdad que se comprueba siempre, porque cuando sufrimos la desgracia y nos acordamos que otros amigos nuestros han padecido aquella misma desgracia o semejante, nos alivia el peso, sabiendo que aquél, después de sufrirla, encontró satisfacción en su término y supo dar más valor a las alegrías y al bien, que no apreciaba antes de que el dolor se lo enseñara este recuerdo, (no digo que nos alegre porque esto sería criminal) pero nos alivia y da esperanza de que el mal tendrá término y este discernimiento nos resigna a esperar y mejor sufrir. De modo, que el hombre se resigna en sus males, por la esperanza de que aquéllos acabarán y la alegría será con él; lo que encontramos confirmado en otro adagio muy vulgar, que tiene valor: "No hay mal que cien años dure", el cual encierra una buena filosofía, porque da a entender, que aunque el mal o la desgracia sea largo, tendrá fin antes de finalizar los días del individuo.

Si no existiera el mal o la desgracia, no reconoceríamos el bien y la felicidad; no sabríamos apreciar el valor de la salud, si nunca estuviéramos enfermos; es necesario que hayamos sentido la tristeza, para que apreciemos la sublime alegría y la disfrutemos con medida; quien no ha sentido el aguijón del hambre, no puede encontrar gusto a los manjares por exquisitos que sean, ni satisfacción en saciarse. Así debemos entender, que las aflicciones, el dolor y las necesidades; el pauperismo y las desgracias todas, son de necesidad a nuestro progreso material y espiritual; la pobreza, nos enseña a

estimar y procurar la riqueza; las necesidades de toda especie, nos industrian para remediarlas; el dolor, nos lleva a la compasión y al escarmiento; y las aflicciones, nos elevan el alma a regiones desconocidas por nuestra materia y allí recupera calma y consuelo; con cuyo consuelo y calma, hace frente, resignado, a sus aflicciones y examina las causas originarias de sus males y emprende de nuevo el camino, esquivando el peligro creado y quitando de un solo golpe, la causa de su aflicción.

Por estas circunstancias, el hombre, en sus continuas luchas, examina las causas originarias del bien y del mal y descubre hasta el germen de las causas, que no podría hacerlo, si solo el bien hubiera sido su patrimonio.¡Bendito, pues, el mal; benditas las aflicciones, porque sacan al hombre de su embotamiento y lo ponen en la realidad de las cosas!

Es pues necesario el mal y la aflicción a la humanidad; y si no existieran, seríamos unos zopencos. Si registramos la historia, no encontramos un solo hombre de valor que no haya pasado por la aflicción y el mal; y cuanto más intensa haya sido su aflicción, más grande será su figura, mayor hazaña habrá realizado, mayores conocimientos habrá suministrado a la ciencia, mayor grado de moralidad habrá dado a la sociedad. Las enfermedades de la especie humana, nos trajeron la química que nos separa en partículas el contenido de las cosas que dan la salud y la muerte en conjunto y separados dan la fuerza a un órgano determinado sin atacar a otro y nos ha traído un mundo de conocimientos y los traerá mayores, cuando adquiera su pleno desarrollo; pero ya es mucho que podamos, por ella, apreciar ciertas causas, que si no hubiera habido enfermedades, estarían ignoradas.

Por lo tanto, el hombre, por el discernimiento traído por sus propios yerros y sus enfermedades, ha sido en el drama, protagonista y antagonista a la vez; pero este discernimiento, lo condujo a la mágica invención de la química y la física, que lo pone, (en la mayoría de los casos) a salvo de sus dolencias y le da a conocer ciertos movimientos y funciones de su ser, que le hacen esperar y por tanto resignarse; y aquí viene el otro adagio de que "No hay mal que por o para bien no venga".

Si el hombre que murió por comer de la fruta del árbol, hubiera conocido la hierba que comió el animal que comió de la misma fruta, no hubiera muerto; pero tampoco se hubiera fijado su compañero y hubiera él muerto también; pero la naturaleza guardaba aquel secreto para enseñar al rey de la naturaleza y aquel hombre no arrancó el árbol, sino que cuidó de conocer la hierba que era su antídoto y se resignó con la pérdida del compañero y el descubrimiento del remedio al mal. Y porque el hombre encontró consuelo, en el llamado de su antecesor muerto y comprendió que si le consolaba vivía, esperaba de continuo en él y se resignó a su ausencia corporal.

Pero esta resignación, significa esperanza en algo: ese algo, es de necesidad que sea superior a nuestras propias fuerzas, a nuestros propios medios y en esa esperanza y en esa resignación, nuestra alma se humilla y pide a ese algo que no vemos; si pide, si se humilla, esto es adoración y la adoración, en nuestro lenguaje, es religión; esto lo ha hecho el primer hombre y lo han refinado sus sucesores, ya por tribus, ya por razas, ya por pueblos, ya por comunión de pueblos, llevados por la misma adoración. ¿A quién, sin conocer, adoramos?... Sigamos más.

Yo he visto, que todos los actos de la naturaleza obedecen a leyes impuestas del... Legislador que no vemos y buscamos. Pero la naturaleza tiene un mudo lenguaje que no podemos articular con nuestras lenguas, pero que in mente lo comprendemos, puesto que obramos.

Yo he visto a los primeros hombres adorar a ídolos hechos por ellos; y los he visto progresar y adorar al sol y las estrellas y, en todas estas cosas debe estar Dios, por que en todas el hombre fue beneficiado; pero el progreso, no nos indica hoy, ni aquella forma de adoración, ni el terrón de la tierra como altar; pero de aquella adoración natural y sencilla del primer hombre, se hicieron muchas agrupaciones de pueblos bajo una religión y fue beneficioso al hombre. Hoy, los cultos de Ia religión católica, rayan en lo fantástico por su lujo; pero como yo voy buscando la idea de Dios en la congregación de los hombres, del modo que mi alma lo presiente, del modo que todos los hombres lo puedan aceptan y veo que todas las religiones lo proclaman, quiero ver si en todas está el Dios de amor, o no está en ninguna; y si esto último fuera el resultado de mi agobiante examen, mi decepción, no sé dónde me llevaría. Llamo, pues, al juicio de mi razón a todas las religiones y veamos en cuál puedo adorar y pueden adorarlo todos los hombres, al Dios de Amor, que ya, para mí, en mi razón así se ha simbolizado.

Yo soy hombre desengañado de todas las sociedades y de todas las religiones; el desengaño me ha hecho comprender lo falso de la sociedad y lo absurdo de los dogmas que atan la libertad del pensamiento.

He sufrido mucho y en estos mismos momentos sufro la soledad más espantosa y la pobreza en todo su horror (siendo rico por mi esfuerzo) por la malicia de los hombres.

Todo me indujo a creer la mentira de todo; sin embargo, no pude aborrecer a los hombres, ni aun a los causantes de mi miseria, por haberme arrebatado el producto de mi trabajo y conocimientos, conquistados, cuanto honradamente pueda hombre alguno conquistar; y por mi continuado recorrer el mundo con el trabajo manual de mi progresista profesión, conozco los flacos y los fuertes de la sociedad humana, civil y religiosa.

Todo lo he querido negar y no he podido ser ateo; cuando he querido acabar yo mismo mis sufrimientos, ví en mi mente al Dios de Amor que busco y quiero encontrar. Sigamos.