PARRAFO II
A LA CONCIENCIA SOLO PUEDEN HABLARLE OTRAS CONCIENCIAS

Climatérico y trascendental a la vez, se ha presentado la razonada terminación del párrafo anterior. Dura será la sentencia que la razón dicte al pleito que en este párrafo voy a entablar, porque será inapelable para el que resulte condenado: pero será aceptada por todo el que como yo escudriñe sin pasión y libre de prejuicios, la conciencia de las cosas; plantémoslo.

"A la conciencia solo pueden hablarle otras conciencias y al pensamiento otros pensamientos".

Si al idear esta obra hubiese podido pensar, que mi razón me había de hacer surgir esta cuestión, seguro es que me habría acobardado y quizás no empezado; pero ya empezado el camino, no es lógico desandar lo andado sin avergonzarse de sí mismo; razonemos pues y en marcha.

Vimos los hombres en su infancia recién salidos de la caverna, habitación que la madre naturaleza les diera, y poco menos rústico en su estructura, pero de entendimiento más obtuso que los irracionales sus compañeros; le hemos visto ascender poco a poco discerniendo entre todo lo que le era útil y agradable y sin más instructor para el progreso que su raciocinio, cada día más acrecentado, viéndole llegar hasta apoyarse en el aire como hoy es un hecho; esto en materia científico-industrial; que en materia político-religiosa, le vimos ascender también de la soledad de la caverna y del bosque, a la formación de la familia y la tribu y a la adoración en la rústica figura de un su antecesor; y de Ia tribu y la tosca figura, a la formación del pueblo y la adoración del sol y las estrellas y desde allí a donde hoy nos encontramos que no hay para que describir.

La materia humana, sin otro agente, se encontraría hoy como encontramos a los primeros hombres que hemos estudiado; es decir, aullando y silbando; y mejor dicho, no existiría, porque el hacedor del universo no puede crear nada que no sea útil; y la tierra, si no había de llegar, por lo menos a donde hemos llegado, inútil hubiera sido su labor; pero para eso puso Dios al hombre sobre ella, aunque de una constitución material muy inferior en resistencia a la de los irracionales; pero éstos, a pesar de su superioridad material y fuerza bruta, nada habían embellecido a la estructura de la tierra en tantos siglos de siglos como vivían en ella antes de aparecer el hombre y, sépase también que, para cuando hemos encontrado los hombres que me han servido de modelo para el estudio de los anteriores capítulos, hacía muchos siglos que los hombres vivían ya; pero si después de entonces, el hombre no hubiera entrado en el goce de facultades (que seguramente tenía pero que no había tenido tiempo de desarrollar y hoy, por esas facultades llega a donde se propone arrancando secretos y deshaciendo misterios); si después de entonces, repito, no hubiera sido la tierra del dominio del hombre y sí de los irracionales, la tierra estaría como entonces; y si el hombre, a pesar de eso existiera, aun la caverna sería su morada y la mujer, la hembra de caza.

Pero el hombre, (como dije al principio), ha sido siempre hombre y no animal y por eso le vemos triunfar de las fieras, siendo materialmente mucho más débil; solo que en él había un instinto, una facultad de poderse tener derecho y utilizar así con ventaja sus dos manos, y el instinto, le hacía encontrar armas de defensa en Ia rama que el viento tronchó, en la piedra suelta de la montaña y hasta en los huesos de los animales muertos; y así triunfó de sus adversarios, hasta el día feliz que encontró el fuego.

Le vimos encender éste con solo ver la chispa producida por el choque de dos piedras que le recordó el color del rayo que encendió el pasto y distinguir los metales por el brillo del sol; ocultar a su hermano muerto para que no fuese pasto de sus adversarios y rendirle culto y recordarlo en sus aflicciones; descubrir los venenos, el reloj y llegar a la adoración del sol y emigrar de un punto a otro, procurando mayor bienestar.

Ahora bien: la materia, no es la que puede discernir, ni siquiera para mejorarse ella misma y lo tenemos comprobado en el sueño y en los casos de catalepsia, algunos de períodos muy largos, (uno se registra de 32 años) después de los cuales, la materia nada había mejorado ni adelantado: la materia es solo una máquina que se mueve por un agente extraño; quitarle a la máquina el vapor, el gas o la electricidad y la masa queda inerte: sin movimiento. Entonces, lo que mueve al cuerpo humano, es un agente extraño a la materia, aunque esté ligado como lo están a la máquina los agentes que la ponen en movimiento, por cañerías o alambres. ¿Qué es este agente en el ser humano? ¿La conciencia, el pensamiento, en una palabra, el alma? ...

Vimos al hombre hacer conciencia de sus actos por el discernimiento y voluntad propia y agrandarse sus actos por el pensamiento; le vimos llorar en la desgracia y reír en la dicha y mejorar actos copiados y hacer actos no vistos por él; le vimos pedir protección y ayuda a la imagen de su antecesor y con su memoria, tomar ánimos y vencer dificultades cada vez mayores; hoy vemos hombres que desempeñan con conocimiento de causa todas las funciones de la sociedad y ... ¿a qué fenómeno extraño se debe esto? Porque hay hombres que desempeñan funciones múltiples que no han podido aprender, ni hubieran tenido tiempo material de leer siquiera reseñado el caudal de ciencias que desempeñan: pero como hemos visto al primitivo hombre animarse y tomar resoluciones al recuerdo de la memoria de su antecesor y tomar valor mayor después de su súplica.. ¿no será que a su conciencia le hablaba otra conciencia y a su pensamiento otro pensamiento? Yo, racionalmente, deduzco la afirmación de mi postulado de que, otras conciencias hablan a nuestra conciencia y que nuestros pensamientos son contestados por otros pensamientos. Por lo tanto, si la conciencia y el pensamiento, que con el alma del ser humano es contestado por otras conciencias y pensamientos que son sus almas, las almas no mueren. Esta es mi convicción después del razonamiento expuesto; ¿pero qué es el alma? Sigamos.