PARRAFO III
EL HOMBRE DE SANGRE TEMPLADA

Hemos rápidamente estudiado dos etapas del ser racional, en dos extremos completamente opuestos; uno de sangre hirviente y otro de sangre helada; pero los dos buscan algo en sus luchas y aún nadie les ha hablado y por lo tanto, no conocen civilización; y a pesar de la diferencia en su vida, los dos tienen la misma estructura, las mismas necesidades y las mismas esperanzas. ¿Serán los dos, hijos de la misma causa? ¿En sus luchas buscan el mismo Dios? Ya lo sabremos. Sigamos.

Vamos a ver los puntos medios; los seres racionales que habitan las zonas templadas; los que viven (permítase la frase) en el edén de la naturaleza; los que a las mismas horas, el sol y las estrellas les alumbran y benefician, donde encontraremos tanta variedad en todo, como variada es su vegetación; allí encontraremos un hombre que no es fiero ni apático, pero mucho más débil que los otros dos; y siendo más débil, lucha más obstinado que ellos. Este hombre, por razón de tener las mismas horas de sol todos los días y con poca variación de la misma intensidad en sus correspondientes estaciones cuando estas no le calientan, se ve en la necesidad de buscar abrigo a su delicada constitución que le pide el mismo grado de calor y siente en sí la necesidad de vestirse más fuerte o más ligero y no puede resistir los cambios de la atmósfera y se ve obligado a vivir en la caverna y a despojar a las fieras de sus vestidos para vestirse él. Anatomicemos los tres hombres; los mismos huesos, las mismas articulaciones, los mismos órganos, el mismo todo; ¿porqué estas diferencias en sus necesidades?... Pero la naturaleza proveyó por igual y conforme a las necesidades de cada uno. El primero es fiera entre las fieras y el clima no le indica cambios que molesten su constitución y a lo más, un árbol le sirve de albergue en las horas de descanso; el segundo es manso entre los mansos y el clima siempre igual no le hace necesaria otra vivienda que la masa cristalina, que lo transporta errante; el tercero, sujeto a continuos cambios de estación, encontrará todo lo necesario a sus mayores necesidades; pero como le colocó la ley en donde puede disfrutar de tanta belleza, tiene que dar a la naturaleza tanta o más belleza que la que le ha sido entregada y en vano trataría de engañar o la naturaleza; se engañaría a sí mismo y sufriría las consecuencias; estudiémoslo.

No vamos a ver al hombre de la caverna; esto sería oscuro para esta obra; día llegará, no tardando, que sobre eso se hará luz. Vamos a ver al hombre ya salido de aquella su primera morada que la naturaleza le dio, pero a condición de servirle de modelo, rústico sí, pero modelo al fin, de vivienda mejor que él se hará.

La salida del hombre de la caverna a la faz de la tierra, ya supone el primer grado de progreso, porque él necesitaba ya estar en contacto, diremos, teniendo a la vista el sol que vivificaba sus miembros y estrellas que parecían hablarle: es racional creer que también obedeció al instinto de superioridad que sintió sobre los irracionales que se albergaban en las cavernas como él, con las que tuvo que luchar y sucumbir muchas veces por la superioridad de fuerza bruta y, ya tenemos al hombre en la costra de la tierra, donde le esperan grandes luchas.

Al posesionarse, diremos así, el hombre, de la corteza de la tierra, va a sentir con intensidad los cambios atmosféricos; pero la naturaleza que le había dado largos siglos casa en sus entrañas, le dio la idea de la habitación y se industrió, e hizo casa de piedra, palos y de lo que encontró más a propósito a sus medios; y sus cohabitantes de la caverna y los que vivían a la intemperie, con sus pelos y sus lanas, le dieron la idea del abrigo y a costa de la vida de aquellos sus compañeros irracionales, se vistió y encontró alivio y se fue refinando en el gusto y creando mayores necesidades que le hicieron pensar en las rústicas industrias primitivas: ¡benditos gustos y benditas necesidades, que obligaron al hombre a progresar¡

Ya el hombre había gustado de sus hechos y comprende que en otro lugar puede encontrar nuevos gustos, nuevos medios y el hombre camina de un lado a otro buscando cada vez mejorar y en aquello que encontraba satisfacción, se fijaba y procuraba retenerlo y a su falta, lo imitaba como podía y se maravillaba de sí mismo y de sus obras; y como vió que la unión de otros semejantes le hacía más fácil la tarea y más dulce la vida, empezó a estrechar la amistad y se ayudaron mutuamente. ¿Quién le daba este instinto? ¿Qué buscaba en esas satisfacciones que el animal nunca ha podido buscar ni conseguir, si el hombre no se las proporciona? El hombre no lo sabía, pero seguía adelante en sus obras; y cuando el primer compañero de amistad que le ayudó en alguna obra cayó inerte, no lo abandonó y lo ocultó para defenderlo de la rapiña de los irracionales que parecía querían cobrar su tributo de ayuda o compañerismo; pero él, más sagaz y con el instinto de predominio, lo ocultaba a su vista y lo defendía. ¿Qué pretendía? ¿A qué servía culto en esta acción? Pero había más; vio nacer de su compañera un semejante y se veía retratado en aquel ser; veía, que sus cohabitantes irracionales más antiguos que él, protegían con sus cuerpos a sus cachorros y vigilaban la asechanza de los otros animales rapaces y que la hembra era mimada por el macho; ésta correspondía en caricias a sus desvelos; y aquél, en pago ,cazaba para regalar a la hembra y no distraerla del cuidado de sus hijuelos y, el hombre trabajó y regaló a la hembra; atrajo la mirada de su hijo y quedó constituída la familia. ¿En cuánto tiempo se operó esto?... No nos importa por el momento; ya lo sabremos. Lo que sabemos es, que así sucedió porque es racional y por que todas las pruebas zoológicas, geológicas, arqueológicas y filológicas que tenemos lo comprueban, cuando se estudian sin prejuicios; y estas mismas ciencias nos comprueban también, que para cuando el hombre apareció en la tierra, existían ya en pleno progreso todas las especies que le habían de ser necesarias a su desarrollo, ayuda y enseñanza. Así había de ser necesariamente, desde que el hombre venía a ser el rey de las criaturas todas de la naturaleza. ¿Quién es el que todo así lo dispuso?... Sigamos ascendiendo,