CAPITULO TERCERO
LA NATURALEZA TERRESTRE: SUS HABITANTES RACIONALES

PÁRRAFO I
EL HOMBRE DE SANGRE CÁLIDA

En cinco partes divide la geografía al mundo, y la etnografía podrá dividir en muchas razas los hombres por su color, por su temperamento, etc., pero yo, no admito estas divisiones o distinciones con el fin que la acojen la mayoría de los hombres de la raza blanca que ven en las otras razas inferioridad, puesto que aun no han dicho esos mismos etnógrafos, cuál es la raza primera; si los blancos, los negros, los amarillos o los cobrizos, y quizás, ni se han preocupado de este punto importante, por no ahondar un poco: más en el curso de este trabajo, quizás, y sin quizás, lo señale; pero por de pronto, aseguro, que en caso de haber razas, hay sólo dos: una primitiva y otra adámica; y quizás y sin quizás, las dos razas están mezcladas, en los blancos, negros, amarillos y cobrizos, y por esto, esas inferioridades aparentes de un pueblo a otro, hay que buscarlo en otra fuente y no en los colores ni en la etnografía; lo que nos importa saber es, que todos vivimos en la misma naturaleza y que todos contribuimos al desarrollo de esta misma naturaleza, madre e hija a la vez de los hombres.

Cualquiera que sea la raza primitiva, debe la otra respeto y admiración a ella y no debe existir superioridad ni inferioridad, porque al fin, estudiando el conjunto, sólo encontraremos la misma estructura, las mismas funciones y las mismas necesidades más o menos desarrolladas, según el clima en que viven y la producción del suelo de ese clima, ni más ni menos, que en el reino animal y vegetal; así vemos en los países cálidos, en que por esta razón, el suelo produce aquellos seres irracionales más feroces y sanguinarios, debido al grado elevado de su sangre; que el ser racional de esos mismos países, tiene los instintos también feroces y hasta sanguinarios, debido a la lucha que debe tener con los irracionales y es innato en ellos la lucha para su propia defensa, sin que les quede tiempo para otra ocupación; y a pesar de eso, encuentran alimento en todas partes para sus necesidades; la hembra le ofrece atractivos al hombre que endulzan su vida de lucha y defensa de ese continuo y amargo vivir, que sólo aquellos naturales pueden resistir; y aunque fieros, tiene el instinto de superioridad racional: por eso luchan para reducir a los irracionales y con esto cumplen el mandato de la naturaleza y dominan.

Aquí (hablo de países no civilizados), el hombre es casi animal (si lo comparamos con el Europeo), y sin embargo, triunfa del irracional, por el discernimiento, porque, por la fuerza, no sería posible; pero en esa lucha, llama en su auxilio un algo que él no sabe lo que es, pero que le es simpático y necesario y cree, que le da fuerza y valor. ¿A quién llamará?, y no solo llama, sino que ofrece hasta el sacrificio de lo más caro para él. ¿A quién ofrece ese sacrificio ese rústico ser? ... Y si ofrece y sacrifica, para la oferta, debe hablar aunque sea con aullidos; luego en su rusticidad, cree que ese algo a quien llama oferta y sacrifica, le oye y le favorece. Será a Dios a quien le habla ... Sigamos.