CAPITULO SEGUNDO
LA NATURALEZA TERRESTRE: SUS HABITANTES IRRACIONALES

Variedad tan abrumadora de razas y familias hay en el reino animal, que no es posible aquí enumerarlos; ni es mi propósito, ni necesario tampoco a mi fin propuesto en esta obra; y además, innumerables familias no son conocidas ni están catalogadas y por tanto, carecen de nombre para nosotros: y aún de las catalogadas, el 98% son ignoradas por el 99% de los hombres.

Pero en los que nos son familiares, apenas si conocemos sus valores más superficiales y pasan desapercibidos para nosotros sus instintos y el fin que tienen entre nosotros; pero entre ellos, hay algunos ejemplares, los más sobresalientes y en ellos voy a estudiar muy brevemente.

Por ejemplo: el mono y su larga familia, de que tanto se han ocupado algunos extravagantes llamados sabios, hasta el punto de poner en peligro la descendencia del hombre; en cuyo estudio, han perdido el tiempo hasta hombres de vastos conocimientos en lo referente al fin que se proponían de hacer descender a la humanidad del mono, pero que descubrieron muchos de sus instintos y cualidades, con lo que se confirma que, el hombre no puede descender de ese ni de otro animal. Han hecho un gran bien a nuestro rango, que necesariamente nos vemos obligados a confesar que, el hombre siempre fué hombre, aunque haya parecido animal y haya un momento que el animal le dé lecciones a su rey y dominador; no rebato con esto las teorías sostenidas sobre este punto. Yo digo además, que en mi razón, no son teorías ni hipótesis, sino axiomas, pues, no quiero descender de un animal por bello que sea, por que al fin es animal por inteligente que parezca; y el hombre, por animal que lo veamos, es siempre hombre. Si hay hombres más bestias que los animales, no son ellos los culpables de todo, sino los poderes y los hombres llamados sabios que no instruyen al ignorante, con sanos ejemplos.

El mono, en su principal instinto, (que es la astucia y la imitación de muchas cosas propias sólo del hombre) nos da un ejemplo digno de imitar: la ingenuidad. El, agradece cuando se le halaga y castiga si puede, si se le engaña; es, pues, una parte del ser del hombre, pero no es el hombre, ni ha podido serlo, aún cuando le haya dado lecciones; pero debemos admirar en esto la sabiduría de la naturaleza, que depositó en cada ser, lo que le había sido confiado para repartir a cada ser; pero la naturaleza terrestre, vemos que es dependiente de otra u otras naturalezas, pues está sujeta a cambios matemáticamente regulares de otras leyes superiores, porque recibe luz y calor periódicamente; y nos prueba esto, hasta la evidencia, que obedece y no manda en sí misma; porque si mandara en sí misma, aseguraría la luz y el calor constantemente y no lo ha podido hacer; por lo tanto, obedece y recibe para distribuir (y distribuye con equidad), a cada uno lo que es capaz y lo que le pertenece animalmente; al mono (que es racional creer que fue como todos los animales que sirven al hombre, antes que el hombre) le dio lo que le hacía falta para cumplir su fin y cumple ¿Qué nos enseña ésto? ... Sigamos.

El león, es símbolo de la belleza abrupta; lo distingue su valor, cualidad por la que, todas las fieras lo respetan como a rey del bosque y es muy raro que ninguna otra fiera lo acometa; y a pesar de este valor y su alcurnia, tiene las tres horas de profundo sueño, en las que el hombre puede reducirlo a obediencia. ¿Quién ha impuesto esta cualidad en este feroz animal? ... Sigamos.

El caballo, es el animal noble por excelencia y uno de los que más ayudan al hombre en la tierra, y sin embargo, es la fiera más terrible de todas las criaturas irracionales; pero ha sido dotado de un gran aumento en la vista y ésto es causa de que respete al hombre, que lo ve muchísimo mayor que es en verdad; por la misma causa, camina por vericuetos que parece imposible; pero es que él ve un camino mucho mayor, más ancho que lo que es; pero necesita mucha educación, de lo contrario, sabe su poder bruto y no respetaría, ¿Quién y por qué, ha dotado a este ser de esta cualidad? ... Sigamos.

El perro, es la representación de la sumisión, del cariño y de la fidelidad, con un instinto especialísimo en el olfato y una penetración potente, que aún no ha sido estudiada; no permite la entrada a persona o ser extraño en la casa de su amo, al menos sin avisar y guarda fielmente lo que se le ha encargado; y su penetración es tal, que mira a su amo, y en la mirada conoce si en su amo hay buen o mal humor; y según ve en su penetración, brinca alegre o se arrastra y lame, y en el peligro de su amo, lucha denodadamente, bastándole una seña para tirarse al enemigo y sacar presa.

¿Quién y porqué ha sido dotado este compañero del hombre, de estas facultades bellas de leer el pensamiento?

Yo entiendo, que todos obedecen a una ley impuesta y que la cumplen fielmente, porque no pueden sustraerse a ella por su falta de conciencia; y que a éstos, les es impuesta por la naturaleza que tiene el encargo de proporcionar al hombre todo lo necesario a su vida de conciencia, como ser superior y conjunto de la misma naturaleza, la cual es depositaria de esta fuerza, inconsciente para los seres irracionales e inanimados y, sólo el hombre puede y sabe y se sustrae a !as leyes más bajas que rigen a los otros seres; y sustrayéndose él, hace que las cumplan los irracionales y los inanimados, cumpliéndose aquí aquello de "Omnia est sub pedibus ejus": "Todo está bajo sus pies y mandato", que dijo el profeta, pero es de admirar, que la naturaleza, no puede variar en nada las leyes que rigen a los seres y por eso vemos, a cada ser, vivir solo en su centro; el pez no puede vivir en el aire, ni las aves en el agua, ni el león y el caballo, etc.; en el agua o en el aire; todo lo cual dice, que todo obedece a una ley inmutable, por lo que, el gallo canta la hora de la madrugada; el ruiseñor, rompe con sus trinos la monotonía de la noche; y la alondra, se eleva más y más, para ser la primera en saludar la aurora.

Todo esto, para mí, indica que esa ley, representada entre todos los seres, en todas las horas y momentos, es ley de amor y que no puede ser cosa de la material naturaleza. Para mí, es una ley, emanada del Creador y ley sin letra, impresa en un algo que hay en los seres, que no debe acabar ... Sí, que no puede acabar; porque todos los seres de hoy, como los de hace millones de años, tienen los mismos vicios y las mismas virtudes, más o menos refinadas, más o menos transformadas en la forma, pero las mismas en la esencia. ¿Qué dice todo esto? ¿Indica que es la voz eterna del Creador, eterno e inmutable? Si es la voz del Creador, en cuyas leyes vemos la armonía y el amor. ¿No admitirá la razón humana a este . . . Dios, por su Dios? Yo, ya lo admito y es mi Dios; pero ... ¿quién o qué pueblo, raza o religión lo tiene? ¿Cómo se le adora, en dónde,?.. ¿ Misterio? No admito. Yo conozco a ese Dios: lo buscaré con mi razón libre y lo mostraré a los hombres. Sigamos.