CAPITULO PRIMERO

La naturaleza terrestre, obra, sin duda alguna, obedeciendo leyes que la rigen, derivadas de la naturaleza universal; muchas de estas leyes son de nuestro dominio y llegamos hasta sujetarlas a una regla numérica, lo que equivale darles forma; pero esto no deja de ser una forma caprichosa, porque vemos que, cosas que ayer estaban en la categoría de verdades, por un progreso mayor, hoy no son tales verdades; pero aún así es gran cosa, desde que nos permite estudiar, a nuestro modo, (el secreto en otro tiempo), del movimiento universal. En esto, no hacemos más que un deber, pues somos libres para pensar, desde que nuestros ojos son libres para ver; y, por más que se haya amordazado al pensamiento, éste se burla y se marcha de nosotros mismos. ¿A dónde va? ... Procuraré seguirlo.

Pero hay que advertir, que nadie ve con los ojos, más que aquellos objetos para los cuales tiene fuerza en su vista y en conciencia es capaz de juzgar; no importa que los ojos lo miren todo; sólo verá lo que sea capaz. En un cuadro expuesto al público; unos ven en él la luz, vida, historia, arte; otros lo miran y no ven más que borrones de pintura; los primeros ven, los segundos no ven, por mucho que abran los ojos.

La naturaleza terrestre, sigue su curso de producción y nos presenta en cada época y en cada grado del planeta, lo que hace falta en todos los seres que debe mantener y no tiene en cuenta Ia ignorancia ni la sabiduría de sus huéspedes, ni el agradecimiento o la ingratitud; ella ve impasible que unos destruyen su belleza natural y allí mismo, con aquellos despojos que le arranca, su huésped, levanta otra belleza, en armonía con sus necesidades; ve, asimismo, que le sacan de sus entrañas las más ricas venas y aún se complace en ello, pues nos ofreció antes otros tendones con los cuales fabricamos los instrumentos y herramientas con los que le hacemos la autopsia, igualándose en esto, a una buena madre, que aunque sabe que gasta su vida, no vacila en dar el pecho al tierno infante. ¿Qué busca la naturaleza con tanto desinterés? ¿Qué hay en estos secretos de la naturaleza terrestre, que le obliguen a cumplir tan exactamente su deber? Hay una ley dada y tan sabia, que los pobladores de este globo no la podemos torcer, ni sustraernos a su dominio. ¿ Y si hay una ley que rige la no interrumpida creación de la naturaleza a la que nosotros estamos ligados, el legislador, debe velar por su cumplimiento?. Su fuerza, debe ser mayor que la que la naturaleza pudiera oponer a resistirse, puesto que la obliga a crear constantemente y con regularidad. Y esta ley es de progreso, porque cada vez nos ofrece esta misma naturaleza, tipos más perfectos en todos los seres y en todas las cosas y, esto es un axioma y lo palpamos en cada momento.

Pero en este trabajo incesante en el que la naturaleza parece no tener conciencia. ¿Qué persigue? ¿Qué busca? Y si algo persigue y busca ¿qué es? busca (sin discusión posible) el cumplimiento de la ley de la creación eterna que le ha sido impuesta, de progreso y de amor; y, si busca el cumplimiento de la ley, busca al legislador. Por tanto, busca a Dios, y ya tengo el camino abierto para buscarlo yo. Sigamos.

Pero la naturaleza terrestre parece dejarse gobernar por los huéspedes que sostiene y más se deja gobernar, en aquellos puntos donde sus huéspedes le han arrancado más secretos para crearse más comodidades y embellecerse más en sus tipos y en sus moradas, y esto nos afirma que, el progreso es su ley impuesta.

La naturaleza terrestre, debemos considerarla como un tomo de una gran biblioteca en la que hay tantas obras, que desde el más sabio hasta el más ignorante encuentra un libro, o un cuadro, en el que cada uno sabrá estudiar, pues aún el ignorante que ni letra sepa, encontrará el cuadro adecuado, o la figura que le revele un algo que le hará aprender y le hablará a su roma inteligencia; ante este hijo ignorante, (no menos amado que el sabio), la naturaleza parece entristecerse, porque no la comprende aquel retrasado. No, la naturaleza no se entristece; el triste es él, que mira y no ve. Se apena la naturaleza, pero no se entristece, porque sabe que la ley es progresar y el ignorante se hará sabio; pero es más gustosa y departe más con el hijo adelantado y se complace en que todos sepan leer algunas páginas de su tomo y en cuantas más mejor, porque, esos son los "genios" que le ayudan en su eterna tarea de creación y les abre su pecho entregándoles ciertos secretos, que cada vez son mayores, según el grado de fuerza que su inteligencia puede desarrollar; y ante tales criaturas adelantadas, la naturaleza se echa en sus brazos con voluptuosidad y le premia con los tesoros de que es depositaria: éste, ya ha recibido, por su progreso, el poder de ser creador y sus creaciones, se suman a las de la naturaleza, agrandándose cada vez más el progreso impuesto por la ley fatal e inexorable.

Ante estos hijos adelantados, la naturaleza se echa en sus brazos como la desposada en los del esposo y les premia con los tesoros más preciados de conocimientos, dignidades y riquezas de que es depositaria. En esto, no hay parcialidad; obedece a la ley del progreso, pues vemos hombres de humilde cuna elevarse a las más altas dignidades y descubrir a la ciencia, una incógnita, que luego es base de una gran ley, o trae riquezas, que a veces, parece sueño o cuento de hadas. Yo, en vez de ver en esto parcialidad, veo justicia y amor, porque la naturaleza no tiene encubierto ningún secreto. Todo lo que produce lo pone en su inmenso escaparate, sin guardas y libre entrada, para que todos tengan opción y cada cual tome lo que pueda y, todos toman lo que son capaces de tomar conforme a sus fuerzas y desarrollo, y como el que por su poco desarrollo no puede tomar más que diez y ve que otros toman diez mil, a éste, empieza a picarle el amor propio y hace esfuerzos para tomar más. He aquí la emulación y la incitación al progreso, porque en esto no vale ambición desproporcionada; por más que vea las cosas, si no tiene facultad (dada por su progreso moral e intelectual) nada podrá tomar, más que lo que sea capaz.

La naturaleza crea, desde el insecto hasta el monstruo; y desde lo horriblemente feo, a la más delicada belleza: soporta el vicio y la virtud de sus huéspedes y para todos tiene ejemplos de enseñanza; todo lo reprende; todo lo tolera; todo lo domina en su mudo lenguaje, que pocos sabemos entender. ¿Qué fuerza es esa? ¿Cuál su secreto? ¿Lo posee en sí, o lo recibe para repartirlo? En cualquiera de los casos es sublime, y el alma que se engolfa en su estudio, se agranda tanto como ella; y entonces, no puede ser que sea todo esa grandeza suya, sino que es depositaria de ese algo mayor, más sublime, más tolerante y más dominador; ese algo, ¿será el Dios que busco? ¿dónde reside? Sigamos.

La naturaleza terrestre, nos muestra en su masa pétrea o sólida, la finura de su construcción; y en las diferentes capas que llamamos geológicas, nos invita a ahondar en sus entrañas para estudiar su principio, que no sólo no lo dudo, sino que aseguro llegaremos a comprender, pues se ve, en cada nuevo descubrimiento, que la naturaleza, no quiere guardar secretos; y cada capa que los geólogos descubren y estudian, se remontan algunos centenares de años atrás y descubren tal cúmulo de maravillas rústicas, que al compararlas con los ejemplares de su familia que hoy conviven con nosotros, no podemos menos que adivinar el progreso realizado en ellos; y por ellas también, llegamos a establecer la diferencia en más, que hay de la generación presente, sobre las primitivas que hemos podido estudiar.

Donde más secretos parece guardar la naturaleza, es en el elemento líquido. Pero aún así ¡Qué de maravillas nos muestra! ¡Qué rarezas más sorprendentes vemos en sus moradores! Ellos viven en organizadas repúblicas y mantienen las razas, pero con progreso y obedecen a sabias leyes de conservación; y si en el reino acuático, tanto tenemos que admirar que lo llamamos maravilloso, (quizás para sacudir nuestra desidia en su profundo estudio) el reino vegetal, nos ofrece mayores maravillas, que aún estamos muy lejos de apreciar. ¡Qué filigranas inimitables y qué frondosidades tan grandes! ¡Qué admiración causa lo poco que hemos podido escudriñar en este reino! Este escaso estudio del reino vegetal, es causa segura del malestar de los habitantes del planeta tierra; pero, es que el momento no había llegado, porque todas las cosas tienen su momento histórico que según el progreso alcanzado en la ciencia y el conocimiento del reino vegetal, trae consigo el máximum del bienestar de los hombres; y cuando el grado del progreso de las ciencias humanas sea capaz de este estudio, habrá llegado ese momento histórico; pero no alcanzaremos el grado del conocimiento de las criaturas, hasta que tengamos el verdadero conocimiento de la idea Dios, causa primera de todas las cosas; pero es necesario conocer los movimientos de las cosas, para llegar a formarse el concepto de la idea de la gran causa. Mas lo poco que aún conocemos nos admira; y cuando lo meditamos, nos sublima y nos lleva más allá del terrón que pisamos; y es que, esta página del libro de la naturaleza (sin que nos demos cuenta), nos comunica una percepción que aún no conocemos, pero que llegamos a presentir. ¿ Qué nos dice la naturaleza con todo esto? ¿Nos pone en el verdadero camino de buscar a Dios? ¿Será ese concepto que nos infunde la naturaleza, el Dios racional, el Dios que puede admitir nuestra conciencia y que nuestra alma presiente?...Sigamos.