CAPÍTULO XI
DEFINICIONES MAXIMAS

136 D.- Deseo conocer lo que hay sobre la trinidad del Creador y demás trinidades; pues en la doctrinas derogadas y relegadas existe, sobre todo, una trinidad, compuesta de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, pero no puedo explicármela racionalmente. ¿Qué hay de verdad?

M.- El amado discípulo no se va por las hojas, ni aprovecha el ripio menor. Oye y entiende bien, pues éste es el artículo capital.

Ese principio no esta falto de fundamento, está errado en la comprensión, pero es un absurdo en el dogma. Los hombres dijeron “Dios”, y dioses se levantaron tantos como hombres; se les trajo a Jehová pero se convirtió en Dios de los ejércitos, y se consintió en ello porque era más racional que los dioses que pedían lascivia y concupiscencia de la carne; más llegó un momento en que también debía cesar Jehová y las guerras y Dios y Jehová fueron substituidos por el “Padre”, que ya está dentro de la razón, del sentimiento y del amor y no debían ya existir ni Dios ni Jehová, sino Padre.

Este nombre fué traído por Juan y Jesús, dos de los 29 misioneros que vinimos con Adán y Eva inclusive; pero como éstos venían a sembrar las últimas semillas de libertad y amor, debieron atacar al poder civil, que mantenían los ejércitos, y a las religiones, que hacían dioses hasta de los libertinos y rameras; y aunque los dos fueron sacrificados, cumplieron su deber cumplimentando la verdadera ley de Moisés (no la que tenían los sacerdotes, que no era la que Moisés dió). En aquélla se anunciaba al Hijo de Dios y al espíritu creador, y Jesús se llamó Hijo de Dios, significado en el Padre, y sostuvo la venida del Espíritu Santo. Esta es la etimología de esa trinidad que no entiendes, porque el dogma la desfiguró, como lo desfiguró todo, hasta al Anticristo, a quien tanto temen, y éste no sería más que el que traería la definitiva redención con el juicio final, el credo espiritismo y la ley de amor, en el nombre universal ELOI, que substituye y anula todo lo de todos los nombres de dioses e ídolos.

Eloí es único y no trino, como entidades, pues aunque lo acompañemos de sus dos criaturas, espíritu y vida, éstas no son santas ni omnímodas, porque sólo Eloí es santo y omnímodo. Todo lo demás aunque sea el espíritu, es criatura.

Como Jesús dijo ser hijo de Dios y anunció la venida del espíritu creador, unos siglos más tarde nació la religión católica, de triste memoria, e hizo un credo irracional, poniendo su base en esa trinidad de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo; y añadió que eran tres personas distintas y un solo Dios verdadero. Es decir que hizo la Trinidad, y en su explicación, que tendría que ser ilógica, se salió, como se dice, por la tangente, o como rata por tirante; y aunque dijera que sólo es “un Dios verdadero”, era ya fuera de lugar, porque Dios y los dioses habían sido abolidos por Jehová, como éste lo fué por el Padre. Por lo que no queda nada de esa gran majestad trinitaria, y hoy sólo es Eloí, que ya Abraham lo pronunció en su “Hellí” hebreo, y Jesús también, colgado de la infamante cruz.

Si no hubiera sido una religión la que hiciera esa trinidad, habría visto que sólo el Creador es santo, y no hubiera hecho santo ni al espíritu su hijo ni a otros ídolos; pero le habría faltado un tercero para hacer la trinidad racional y así dividió una entidad en dos, porque dijo: hijo y espíritu santo. El único hijo que ella quiso sostener le costó el cisma griego y armenio y otros, que no encontraron razón física ni metafísica para aceptar la unigenitura, porque la razón dice que el espíritu procede del Creador y cada hombre tiene su espíritu, y es lógico que todos sean sus hijos y lo son. Por lo tanto, no es uno solo el unigénito, porque somos todos y es plurigenitura. Tenemos ya ahora creador, o Eloí y espiritismo, porque son todos los espíritus sus hijos y serán dos entidades. ¿Podemos, lógicamente, hacer el trino? Podemos hacerlo, honrando en ello al único Eloí con un segundo efecto, por el que se muestra creador secundario el espíritu su hijo; y este gran efecto es la vida demostrada, por la que únicamente se puede concebir el espíritu; por éste a su progenitor Eloí, del que son el espíritu y la vida dos brazos dignos del cuerpo Padre. Lo que no ha podido ver ni hacer religión alguna. Solo ha podido verlo el espiritismo, y a demostrarlo vino el temido Anticristo, que hace y expone la gran trinidad compuesta de Eloí, espíritu y vida, que significa creador, universo y creación. ¿Está satisfecho el discípulo?

137 D.- Satisfecho, y bendigo al Padre por tanta luz.

M.- Pues yo bendigo al discípulo, adoro a Eloí y le digo: ¡Eloí... senté tu trinidad y mi espíritu está satisfecho de cumplir tu mandato!... ¡Discípulo amado! Demos gracias al maestro de los maestros, espíritu de verdad, que inspira a tu maestro; sigamos.

138 D.- Ya todos los caminos están abiertos, maestro. Pero hay que andarlos con el jalón luminoso plantado en esa trinidad del único santo, y no interrumpir el orden de marcha aun a trueque de repetir las cosas; así, hágame la trinidad del hombre.

M.- Ya la sabes. Espíritu, alma y cuerpo; pero debes saber también que estamos en el mismo orden de la trinidad anterior; es decir, que ascendiendo sería: cuerpo, alma y espíritu, y responde a la sabiduría, porque no se pude encontrar la causa sino estudiando los efectos. Por esto encontramos al hombre en la materialidad de su cuerpo (que obra maravillas físicas y hasta su propia belleza), pero si este cuerpo no tuviera el alma, que le hace sentir las sensaciones gratas o ingratas al cuerpo, no tendría alicientes ni goces, porque no experimentaría las luchas que le interesan, aunque la lucha es vida; pero el alma (aunque sea esencia) no deja de ser materia del mismo origen que su instrumento cuerpo, y, como lo demuestra el reino animal, nada embellecería de la naturaleza; mas el alma aun en su primera vida humana, rústica y embrionaria, ya presiente algo que no pueden presentir los animales, y es el espíritu, modelador y modulador de las formas y demostrador de la vida, de los movimientos, de los sentimientos, del carácter, de la nobleza y de todas las cualidades sobreanimales, porque para el espíritu (y así para el hombre) todo es natural, por que todo esta en su ley; y lo que hace (aunque sean maravillas) son cosas naturales y no milagros, que no existen; pero estas maravillas, que han llamado fenómenos, el espíritu las concibe, las engendra en su conciencia y las ejecuta el cuerpo, su digno instrumento, sintiendo el efecto el cuerpo y el espíritu, por la sensibilidad del alma su intermediaria, resistencia equilibradora. He aquí, pues, una digna y segunda trinidad, respondiendo a la gran primera trinidad de Eloí, que se complace en las obras de su hijo y lo reconoce en el hombre como espíritu, alma y cuerpo; pero no olvides que sólo juzga y sólo manda a su hijo directo y consubstancial: el espíritu.

139 D.- Digna trinidad la que forma el espíritu, primer efecto de Eloí, siendo la segunda entidad la máxima trinidad. ¿Cuál es la trinidad de la vida, tercera entidad de la trinidad de Eloí?

M.- Energía, movimiento y luz, que significa mecánica, metafísica y física; lo que da, necesariamente, principio a la vida y su demostración, que ya tienes explicado en la creación.

140 D.- ¿En las leyes hay trinidad?

M.- Sí, y es de necesidad que la haya, desde que el hombre es tres entidades con diferentes derechos, aunque se basen en la misma ley de amor; y así sabes que hay ley divina, ley natural y ley humana, y como en todo, empezando por la ley humana, ya sea de propio instinto o dictada para elevarnos a las naturales, que las encontramos en todas las cosas y de ellas ascendemos a las leyes divinas, cuando ya somos trinos conscientes y comprendemos las leyes divinas, naturales y humanas.

141 D.- La ley madre o de amor ¿con qué hace trinidad?

M.- Con las leyes fatales de afinidad y justicia.

142 D.- Y la civilización, ¿con qué forma trinidad?

M.- Ninguna cabeza puede tenerse sin pies; para llegar a la civilización es necesario pasar por la ilustración, y a ésta se sube por la educación.

143 D.- ¿Con qué forma su trinidad la sabiduría?

M.- Con sus dos efectos: arte y ciencia; pero como estos dos forman el progreso general, que llamamos civilización, tendremos para la gran causa sabiduría, civilización y progreso; trinidad de la que nacen todas las demás, mecánica, metafísica y física, que están reguladas por las matemáticas. Pero encontraréis siempre todas estas trinidades por esta gran trinidad que nos demuestra la vida progreso, civilización y sabiduría, porque (te repito por última vez) no se puede llegar a la causa más que por los efectos, y progreso y civilización son efecto de la sabiduría.

144 D.- Me acaba de decir el maestro que las matemáticas regulan todo el progreso, puesto que sujetan a la trinidad madre del progreso: mecánica, metafísica y física. ¿Es que las matemáticas son una verdad real?

M.- ¡Ay..., amado discípulo!... Has tocado el punto más delicado que existe del espíritu abajo!... Si del espíritu te contesté sin distingos, no debo hacerlo así de las matemáticas. Son ellas justamente la demostración palmaria de la verdad eterna, hasta del espíritu. Mas esto es del tiempo venidero, porque es de pertenencia de la matemática racional, llamada pura, hoy abstracta para la misma ciencia matemática, hija de la geometría, y ésta es sólo del espacio infinito. Mas no te dejaré vacío y aun dejaré abierto el camino para los geómetras que llegan y para algunos de los que hay hoy, y digo:

1º. Que las matemáticas que hoy conoces son la ciencia exacta físicamente por excelencia, en cuanto dicen que cuatro hombres son cuatro hombres, o cuatro columnas, o cuatro vigas, etc., y no se les puede desmentir; por lo que todas las ciencias se someten a su inflexibilidad.

2º. Que esa misma verdad física en número no es la verdad metafísica, porque cuatro hombres son infinitos cuatro en su constitución, lo mismo que sean columnas, vigas, etc., porque son tantos unos como corpúsculos los componen u otra unidad aun más infinitesimal que el corpúsculo.

3º. Que son las matemáticas producto de la razón que ideó, y que así son y serán eternamente idealismo inacabable como el universo, pero siempre jamás serán dominadas las matemáticas positivas por las matemáticas puras (o de la razón), como el espíritu domina al universo y Eloí al espíritu.

4º. Que se prueba esto con que las matemáticas, por la geometría, han tomado sus elementos del espacio, del tiempo y del éter, porque no hay otra masa, y estos tres elementos alimentan las matemáticas por la inacabable fórmula C.G.S. (centímetro, gramo, segundo), y están en relación con cada mundo: pero es sólo facultad del sabio espíritu comprenderlo, porque esa trinidad representa al Creador en su incomprensibilidad; por lo que las matemáticas, en toda su grandeza, son sólo condicionales en cuanto son positivas; pero las reales matemáticas son las racionales, que dan cada día campo a la experimentación, y lo darán eternamente y siempre por el ideal de la razón; pero en cada mundo, al final, el último número será el último átomo de la esencia que puede extraerle el espíritu para su archivo. Esta es la matemática pura y real, porque es racional y es un idealismo.

145 D.- Después del desenlace de la pregunta anterior, poco me queda para completar mi plan de examen; y aun las que voy a hacer son sólo para concretar. Dígame: ¿por qué es lo último el ejercicio de la justicia, siendo así que sin ella no puede existir el equilibrio?

M.- La raíz de ese mal es la raíz de todos los antagonismos; pero en este caso de la justicia hay una causa abstracta en el nombre, que son los dioses, la multitud de dioses creados por la concupiscencia, pues cada religión impuso uno; que aunque hayan dicho (sarcásticamente) que todos eran un mismo ideal, en las prácticas, en los dogmas, en los gatuperios, que cada una ha puesto en juego para hacer a su Dios mayor que al de la otra, dieron lugar a todas las injusticias congregadas, dogmas y artículos absurdos de fe ciega. Pero lo que no puede descubrir ninguna religión es que su Dios es Dios de ciegos y él es rey de los ciegos; por lo que jamás vió ninguna ni jamás verá las injusticias de la división de las razas, de las clases y de las riquezas comunes del suelo, porque en esas divisiones estaba su reinado. Por eso caen todos los dioses de su trono en cuanto se inicia la humanidad en la unidad de un credo, en el reconocimiento del Creador único, al que no pueden resistir las divisiones porque el universo es uno e indivisible, como Eloí.

Cuando éste es reconocido por la razón, por la luz del espíritu dominador de todo el universo; cuando el hombre trino ve que el espíritu es el Creador secundario, entra en su razón convictivamente, porque se conoce a si mismo, conoce que toda división es injusticia y que sólo la unidad de la comuna puede hacer justicia, y convencido la proclama, bajo el credo universal espiritismo, adorando sólo y universalmente a Eloí.

146 D.- ¿Y por qué es temida la comuna, siendo tan justa?

M.- Por lo dicho en la pregunta anterior. Porque acaba con las desigualdades de los dioses y sus creadores los sacerdotes y feudos de ellos; porque derroca la supremacía y la autocracia; porque acaban los nombres y colores de sangre; y sobre todo porque reconoce como ley el trabajo y éste es un coco muy terrible para los parásitos; y porque la comuna rompe todas las cadenas y en ella canta el hombre el himno de libertad, la libertad santa del pensamiento, con la que el hombre entra en las matemáticas puras y sondea la metafísica, descubriendo su origen grande en Eloí por lo que no puede ser esclavo. Ante este descubrimiento, los dioses y sus corifeos ven descubierta su falsedad y su crimen de lesa humanidad y se ven avergonzados, porque temen que les sea aplicada la pena del talión; porque, como no saben amar, tampoco saben lo que es amor, ni de hermanos ni de Eloí. No han querido reconocer la nobleza que da el trabajo al trabajador, ni que sólo en el trabajo no se profanan las leyes divinas y que sólo en el trabajo se unen los pensamientos y en esa unidad se llama al Padre y se le adora en el universo, y por esto tampoco han visto la regeneración del mundo, porque no entraron en el taller y sólo hicieron vida en los salones, engolfados en la impudicia, y esto acabó, porque el mundo ya es regenerado y sólo adora, por su razón, a Eloí, y por convicción y amor, nacido en el trabajo, ama el hombre en el hombre a su hermano, y hasta en su hermano y en sí mismo y en todas las cosas, y por lo tanto en el universo, ve y adora sólo a Eloí.

147 D.- ¡Ha triunfado el hombre!, maestro. Empecé mi diálogo viéndome vil gusano; no soy más que lo que era físicamente, pero no me conocía.

Mas me miro y no me admiro: quiero llorar y el llanto no acude a mí; para mí mismo sólo alegrías me rodean, y es que, metafísicamente y en verdad, me veo sobre el universo, vivo en formas y en medio del espíritu universal, siendo uno de tantos átomos...; pero es que en esa pequeñez está la alegría que me circunda, porque, átomo y todo, soy grande en la consubstanciabilidad de Eloí, y en vez de gusano vil soy el universo vivo que está en mi ser y desaparece la materialidad del arca de Noé, convirtiéndose en el más preciado cofre de la sabiduría de Eloí, siendo obra del espíritu. Mas aun hay un gran símbolo, el de Adán y Eva, que deseo ver sintetizado, pues comprendo que, después de aclarada la gran trinidad que deshizo la otra irracional, es de justicia saber por qué el símbolo de Adán y Eva.

M.- Todo está aclarado en la nueva obra, y primero que todo el símbolo de Adán y Eva; en tu pregunta veo más una justificación del porqué del símbolo que el símbolo mismo, pero no tiene explicación diferente del arca de Noé, y digo que el símbolo fué hecho por Moisés, encerrando en él toda la obra de la creación, cual podía decírseles a los hombres de entonces.

Mas no lo dió como artículo de fe, ni todo el génesis aquél es mas que el índice de la historia del mundo y de las humanidades de la tierra; y fué así porque entonces ya se anulaban todas las leyes dadas siglos atrás, porque se daba la ley del Sinaí, y dejaba en aquel génesis el índice de lo que había que hacer cuando los hombres se vieran en su realidad, como tu te ves siendo el cofre de la sabiduría representado en el arca de Noé, y viste como en tu cuerpo están todas las especies de los tres reinos de la naturaleza y, por el espíritu, todo el universo.

Decir que Adán y Eva fueron los primeros hombres de la tierra era decir: aquí empieza el hombre regenerado. Mas observa que anotan que Caín, desterrado del paraíso y andando errante, encontró mujer con quién tuvo hijos, y no podía ser si Adán y Eva fueran los primeros hombres, mayormente cuando sólo habían tenido (a estar al Génesis) a Caín y Abel, y éste fué muerto por Caín; y aunque vivieran Abel y Caín como hombres, no podían concebir y parir hijos.

Observa más y veras que, después que Moisés anota la muerte de Abel por Caín, asegura que “Adán conoció a Eva y tuvo un hijo, Seth”; y éste es el primer hijo que tuvieron Adán y Eva en la tierra y fué el legislador, como lo puedes observar, pues dice que “en él empezaron los hombres a llamarse de Jehová”.

Ya ves, discípulo amado, que desde el primer momento, desde la primera generación de los misioneros, fueron anulados los dioses, y por eso Moisés empieza su génesis riguroso en el capítulo quinto, y de ahí arranca la historia de la regeneración; pues los cuatro capítulos primeros solo son como el índice de una larguísima historia no escrita y que ya caducaba.

Adán y Eva son los primeros hombres del mundo en su raza regeneradora; y efectivamente, en ellos nacía la humanidad que podía llamarse formada por hombres. Esto es lo que significa ese hecho real, y no símbolo, y lo significó bien, en cuanto Caín, en hebraico, quiere decir maldad, y Abel virtud o bondad. La virtud es sacrificio, como maldad es venganza; y también está dicho allí, en el llamado que hace Lamech a sus mujeres, diciéndoles y jurándoles que “Caín sería vengado siete veces”; pero Lamech juró vengarlo setenta veces siete; es decir, que declaraba la raza primitiva la guerra sin cuartel a la raza naciente y redentora de Adán y Eva. Y tanto han cumplido los primitivos su juramento, que aun hoy, después del juicio final, en que la raza adámica cubre la tierra y es suya la inmensa mayoría en el suelo y la totalidad de los que están en espíritu, aun lucha el juez y su tribunal con los dioses que condenó cuando Seth evocó a Jehová, pero ahora es el último segundo de la lucha, porque Eloí marcó el punto en su cuadrante y la luz ilumina las tinieblas de Caín.

148 D.- Satisfecho, maestro, y por último le suplico que toda esta grandeza y sabiduría me la dé encerrada en un canto que recuerde al hombre en todo su ser y evoque al padre Eloí.

M.- Por el amor, discípulo amado, evocare a la sabiduría. Oye:

 

Es el hombre el universo,

Y su espíritu la luz;

Conociéndote a ti mismo,

Verás el espiritismo,

Que es sapiencia, amor y luz

Y credo del universo.

Si elevas tu pensamiento

Al centro del creador,

Traspasando esa substancia,

Veras que eres consubstancia,

Y que eres el creador

De los mundos y los cuerpos.

Mas al llegar a Eloí...

¡Qué pequeño te verás!...

Nonada... casi... serás...

Pero eres su hijo al fin...

Y... ¡Padre MIO!... dirás…

Llegué a mi casa... te oí...

¡Oh, Padre! bendíceme...

Y este cántico oirás:

Entra en el goce de tu Padre, hijo amado,

Que a ruda batalla yo te mandé.

Por mi fuerza todo lo has dominado,

Ya a mi banquete ven, siéntate,

Y sea mi luz tu luz y tu alimento.

Mas ve otra vez y cruza el firmamento,

Recogiendo los corderos extraviados,

Pues yo te confirmo experto maestro.

149 D.- ¿Y otra vez iré a la lucha?

M.- Irás otra vez y escucha

Que te dijo: “eres maestro”

Y al maestro se le exige...

150 D.- ¿Sacrificio? No me aflige.

M.- Pues Eloí te bendice

Y te bendice.

El Maestro.

Joaquín Trincado.