CAPÍTULO VII
EL HOMBRE

83 D.- ¿Qué es el hombre?

M.- El hombre es el ser racional de los mundos y sobre él no hay más que el Creador; pero invito al discípulo a subdividir la pregunta en muchas, para hacer una anatomía descriptiva del ser más grande de la creación.

84 D.- ¿Qué es el cuerpo del hombre?

M.- Es la verdadera arca de Noé, por cuanto está formado de las esencias de cuarto grado de las materias de los tres reinos con vida natural animal; es el instrumento de que se sirve el espíritu para su obra de la demostración de la vida; y es el filtro de la materia, para su purificación, que pasa al alma; más sin esta no existiría, porque se disgregarían sus moléculas y serían insensibles.

85 D.- ¿Qué es, pues, el alma?

M.- Hemos llegado al punto que te prometí antes. El alma humana no es más que el alma animal sino en ser un grado más pura en su esencia material y esto la hace más sensible; pero, como aquélla, no razona, aunque tenga sentimientos, porque la razón es del espíritu.

Aquí consideramos el alma sola, sin el espíritu; y como te digo que es esencia de la esencia animal, debo explicarte como se hace la primera alma animal, base del alma humana; es así: Sabes que el alma universal es el éter, que todo lo baña y vivifica con vida natural; pues bien: también el éter tiene sus grados de pureza, y del grado más puro que envuelve la tierra el espíritu lo metamorfosea con las esencias de las primeras plantas, después de haber pasado por los minerales, de esta unión de fuerzas, ambas negativas en verdad, por su contacto con la materia tosca y resistente; pero al fin es alma universal o éter rarificado; tiene su parte positiva, porque de continuo la toma y supera en vitalidad y sensibilidad al alma de las plantas, que viste formar unas masas pegajosas, lombriz o babosa; aquello ya es producto filtrado desde el mineral a la planta, y allí está el alma universal sirviendo de impulsión; la masa aquélla se contrae y es con la repulsión que se establece la primera vida animal ya hoy alma animada, que ya no morirá eternamente.

Ahora ya aparecerán nuevas especies y tomaran de aquella alma, que aquéllos mismos animalejos seguirán elaborando y otros tomando, hasta que vivan todas las especies y todas la agrandan y la purifican incesantemente, hasta que la medida del espíritu dice: ya puede formarse el alma del hombre, que es cuando todas las especies han desarrollado sus instintos.

En aquel momento sucede el terrible cataclismo que te describí, y queda otra vez en silencio la tierra, apareciendo las especies que fueran antes las más finas. El espíritu maestro separó del alma animal, que estaba fundida en una sola, la quinta esencia, y así también la quinta esencia de las moléculas de los cuerpos, que comparada con el alma, es cuarta esencia. Allí están todos los gérmenes de los instintos de sensibilidad y memoria animal, llegando al precioso momento del nacimiento del hombre.

Desciende entonces la familia espiritual, para encargarse y tomar la tierra; toma cada uno la parte de alma que le corresponde y la parte de materia también correspondiente, y el espíritu se envuelve en aquella alma y por ella se adhiere a la materia, quedando engendrados los primeros hombres en el tronco del quino que le sirve de matriz en su larga gestación.

Así se forma el alma humana, que llegará, en el tiempo, hasta la casa de Eloí, sirviendo de vestido al espíritu que la dignifica y por ella toda materia vuelve al centro en donde se inició a la vida natural, y entonces, por la unión del espíritu, está espiritualizada. ¿Quién podrá ver en aquella alma que alumbra como un sol y como muchos soles aquella lombriz o babosa que vimos bajo la raíz de la grama? ¡Qué de evoluciones y metamorfosis infinitas y continuadas! ¡Qué tremendo trabajo el de la naturaleza y que sabiduría la del espíritu, en esa elaboración de alta alquimia!...

Sólo siendo el espíritu omnipotente y consubstancial de Eloí puede hacer esto, que ningún otro ser que no sea el hombre puede ejecutarlo. Bendigamos a Eloí en su sabiduría y amor paterno.

86 D.- Así, no me extraña que no haya podido la humanidad, hasta hoy, desentrañar estas grandezas; confieso forzoso que la razón no alcanza cuando el hombre es sólo dúo; y aunque me ha dicho ya la procedencia del espíritu para hacerse hombre completo, vuelvo a preguntar aquí: ¿El espíritu ha adquirido otra naturaleza?

M.- Sí, realmente. Cuando fué lanzado a la vida individual sólo tenía la naturaleza divina de su progenitor Eloí; pero en estas luchas ha adquirido la naturaleza humana; la naturaleza de creador de formas y cuerpos para la demostración de la vida, y dobló su sabiduría; pues tenía la sabiduría innata por su naturaleza y consubstancial de su padre, y por la experiencia ha adquirido la sabiduría de la razón, que, si es material por su origen, cuando logra el espíritu, por su esfuerzo, colocarse en su lugar como primera entidad de su trinidad, esta razón que nació de la experiencia, en la sabiduría, forma el mejor blasón del espíritu, que lo coloca por corona de la conciencia, formando el entendimiento y todos los sentidos, y si bien llamamos a éstos corporales, en realidad la materia, sin el alma, no tiene sentidos, sino instintos que aun no son sentidos: sentido significa sentimiento y esto es del alma, por su sensibilidad; pero son sentidos materiales irracionales, como en todas las especies observáis, del hombre abajo, y en el hombre también son así hasta que razona.

Y como la razón es del espíritu porque pertenece al discernimiento, que sólo puede iniciarlo la sabiduría, propiedad del espíritu, cuanto mas crece el discernimiento más crece la razón. Así sigue su proceso, hasta que, dominados los instintos, se descubre el espíritu y se convierte la razón en naturaleza espiritual, que es la segunda naturaleza del espíritu y a la que llamamos razón humana; por lo que hasta el cuerpo del hombre llega a las sensaciones espirituales, por el descubrimiento de su trinidad, porque entonces el espíritu, a conciencia de su razón, se eleva por las regiones etéreas o siderales (como las han llamado los hombres), pero adonde el espíritu se eleva es a la comunidad de los espíritus libres en el espacio, o a mundos a los que su progreso alcanza, y así sirvió dos vidas, dos reinos y dos mundos, teniendo por esto el espíritu ahora, realmente, dos naturalezas.

87 D.- ¿Así es, maestro, que sólo por el espíritu el hombre es hombre?

M.- Y sin él sólo sería un animal distinguido, pero que llevaría todas las desventajas sobre los animales por su menor fuerza bruta y delicadeza, y sería más desgraciado que todos; y aun lo es por muchos siglos, hasta que muchos descubren la razón y auxilian a los otros, hasta que todos llegan a razonar; entonces los primeros se hacen trinos y empieza el progreso y el tiempo de la resurrección, tan mal entendida.

88 D.- Por lo tanto, el descubrimiento de la trinidad, ¿es la resurrección tan mistificada y desnaturalizada?

M.- Sólo el descubrimiento de la trinidad significa el descubrimiento de la verdadera resurrección; porque hasta ese momento el espíritu estaba dirigiendo toda su obra, pero no era conocido, ni se le concedía vida ni acción, siendo sólo potestad suya la vida continuada.

89 D.- ¿Esto nos confirma que el hombre no lo es hasta que descubre su trinidad?

M.- Así es realmente; antes era sólo el aspirante a hombre, el niño que se desarrolla bajo la dirección de su padre y del preceptor; y aun no lo es hasta que la experiencia y los años lo hacen apto para dirigir él a otros hombres, en lo moral y material.

90 D.- El mal y el bien: ¿dónde principia y por qué causas?

M.- Como ya conoces las tres entidades del hombre, seré breve. Sabes que el cuerpo y alma del hombre es la verdadera arca de Noé, que se dió como símbolo; el espíritu tiene que organizar los instintos, para que cada uno sea satisfecho, en justicia, en sus derechos naturales; y como tenemos dentro de nosotros mismos todas las especies naturales y éstas, por su ley, piden la satisfacción, lo mismo que cuando son sólo animales, tienen que ser satisfechas. Pero hasta que el espíritu logra dominar algunos para hacer conciencia, que es una fuerza convictiva, y sumada la de varios instintos que han de imponerse a otros instintos como ejemplo de que aquellos están sometidos y toman en ley de sabiduría lo que es de su ley, hasta el momento, digo, en que esa fuerza sumada de instintos dominados puede imponerse, es el alma y el cuerpo humano un enjambre de abejas sin reina, donde sólo existen la confusión y el desorden y nacen bandos antagónicos. Aquí empieza el mal y por esto es el antagonismo la causa y el principio de las pasiones, que se eleva a concupiscencia si el espíritu esta dominado por la materia; miles de veces sucede así por un equívoco en elegir padres, sexo, posición y ambiente, y ahí el espíritu se enceguece y busca su satisfacción en la materia, que no puede dársela porque no está en su ley; hasta que el sufrimiento, la inflexibilidad de las leyes de afinidad y justicia y los avisos amorosos de sus guías logran abrirle los ojos, y entonces se convierte en héroe y reconoce su equívoco, enderezando su camino con mayor razón y con la experiencia que le dan los sufrimientos, convirtiendo el mal en bien; por lo que, realmente, el mal no existe, porque no está en la ley divina, sino en la ignorancia que del mal tiene el espíritu y en las leyes que el hombre hace para vivir en sociedad, que es el primer grado de progreso a que llegan las humanidades.

91 D.- ¿Por lo que antecede se diría que el progreso es lo que hace sufrir?

M.- Justamente es así; pero también el niño tiene que sufrir si ha de llegar a ser hombre y tiene que encerrarse en las entrañas de su madre, llorar al nacer, sufrir las consecuencias de su impotencia en la infancia, su inexperiencia en la adultez y el aprendizaje de su oficio o carrera, porque solo así puede llegar a ser hombre. Lo mismo es el progreso. El nos hace sufrir primero, para llegar por él a la civilización, cuando todos están en camino de progreso.

92 D.- ¿Cuándo el hombre puede llamarse civilizado?

M.- Cuando se conoce a sí mismo. Porque conociéndose a sí mismo conoce a sus hermanos; conoce la creación, las leyes divinas, su procedencia, su progenitor; sabe de donde viene, por qué está en un mundo y a donde va. Aquí comprende que el universo es común todo a todos y sólo la sabiduría es propiedad del individuo, por lo que sabrá amar a su hermano.

93 D.- Acabamos de comprender que sólo en la vida comunal se puede ser civilizado. ¿Puedo afirmarlo en mi conciencia?

M.- Esa es la verdad eterna; afírmalo. Pero sabe que, aunque no se haya llegado a la comuna, hay hombres civilizados en sí mismos, que son misioneros que van preparando el ambiente para llegar al régimen comunal, que es el fin perseguido en la ley de amor para todo el universo; mas esos hombres civilizados son mártires de su deber, en sus sentimientos y muchas veces hasta en sus cuerpos, en la propagación de la idea redentora, y no son reconocidos porque la mayoría es incivilizada, no ama.

Y tal es la opresión de los incivilizados en la materia, que la naturaleza, por ley y justicia, tiene que hacer manifestaciones para borrar de una sola vez toda la injusticia del error caduco, hijo de la concupiscencia que nació del antagonismo; por lo demás, el mundo no es civilizado realmente hasta que por su progreso material, moral y espiritual entra en el régimen comunal, que es cuando hay mayoría de civilizados, porque la ley eterna es inflexible y sólo obra en virtud de la mayoría, que, felizmente para la tierra, pudo justificarse en el juicio final por lo que se te pueden descubrir estos secretos y estas verdades, porque Eloí lo garantiza renovando la tierra y dándonos la luz por credencial y pago del trabajo de seis tremendos días, que el hombre pasó en la tierra.

94 D.- Se ha dicho que las potencias del alma son memoria, entendimiento y voluntad. ¿Es así?

M.- Punto arduo es éste, aun en estos días; pero está la verdad en su reinado y hay que juzgar y sentenciar. ¿Recuerdas, discípulo amado, el triste desenlace de las tres grandes virtudes teologales? Fué funesto para sus sostenedores; en las tres potencias no sucederá lo mismo en su esencia y ser, pero sí en su propiedad. Distribuyamos, y digo primero que deberíamos decir y diré: memoria, voluntad y entendimiento, porque éste es su orden genealógico científico, moral y jurídico.

La memoria es propiedad del alma desde que es individualizada; pero significa vacío y tiene un corto período de vida para cada cosa, pues en cuanto una cosa se comprende en lo material pasa a la conciencia como reminiscencia o índice, habiendo luego que acudir por la razón, al registro en el archivo de la conciencia; y sólo la inteligencia puede recomponerlo en esencia, simplificando todo un poema, una historia, una ciencia, en una ley, en un número o en una moraleja. Por lo que la memoria es una facultad realmente de la materia y es a causa del vacío o de la ignorancia del alma, que, si puede retener una cosa, es porque hay un lugar vacío del alma. Por esto se borra de la memoria una cosa, en su materialidad y se comprende bajo una sola palabra, ley o número; y es sin embargo entonces cuando se sabe la cosa; cuando por ese número, ley o palabra el entendimiento la desarrolla; pero entonces ya, aunque está en el alma, ésta se convirtió en archivo del espíritu y lo llamamos conciencia; pero es nuestra misma alma, sometida a su creador espíritu. El hombre no debe preciarse de tener una gran memoria, sino un gran talento, un entendimiento perspicaz porque esto emana de la inteligencia y esto no es facultad del alma, sino del espíritu.

La memoria tampoco radica en el cerebro; éste no es más que un centro de vibración para el alma, única que tiene memoria, y tendrá tanta más memoria cuanta menos sabiduría hay en su archivo, que es la conciencia de las cosas; y conciencia quiere decir posesión, fruición.

Por lo que acabaré diciendo que la memoria es facultad del alma y que el alma es materia, lo que indica ignorancia; que posee la facultad de la memoria, porque el alma es formada (como ya sabes) del alma universal, y ésta es la placa infinita preparada por el Creador, por lo cual está dotada de la necesaria sensibilidad para retener y transmitir eternamente los hechos y sonidos de todo el universo.

Esto lo ha comprobado la ciencia, que sabe ya hasta cuánto corren la luz y el sonido. Pero hasta las figuras, te digo yo, quedan impresas y eternamente se ven en el éter. Por esto tiene esa facultad el alma animal y humana, como lo comprobaréis siempre, por las leyes del magnetismo y remanencia.

La voluntad ya no es facultad, ni propiedad del alma ni del cuerpo; éstos no tienen más que instintos, por los que obran los seres irracionales y los hombres inconscientes, que son llevados a las cosas por el mandato de otros; esto es imposición del consciente al inconsciente, y así no es voluntad. Pero, fijándonos estrictamente en los seres de cuerpo y alma, vemos que todo lo hacen por un instinto y sin raciocinio, sin entender lo que hacen, y esto no es voluntad. Por lo que voluntad no es potencia del alma, sino un derivado del entendimiento, que nos muestra la necesidad de obrar. Eso es voluntad, que tendrá mayor o menor valor según la razón de voluntad, según que obremos por convicción o forzados por imposición de las circunstancias, o según que nos neguemos a la imposición o al deber por discernimiento o por indolencia. Todo esto no es, no puede ser del alma (que aunque sea buena es materia), sino del entendimiento, de la inteligencia y de la razón, y éstos atributos sólo son del espíritu.

Del alma son los instintos, que pasan a ser voluntad cuando entran dominados a formar la conciencia y el sentimiento; esto sólo pertenece al espíritu; y así no es del alma, aunque radica en el alma humana, la que lo es por el espíritu, el cual, para mayor razón concluyente, sabéis que es la voluntad del Creador, en tanto que el alma es el pensamiento del Creador. El pensamiento es el deseo del ser, en tanto que la voluntad es el ser, y éste es el espíritu por su inteligencia.

El entendimiento es la comprensión de las cosas, la concepción de las cosas, el discernimiento de las cosas. Esto es sólo de la inteligencia, de la razón, y esto es sólo del espíritu. Entonces el entendimiento no es del alma animal ni del alma humana.

Lo que hubo es que el hombre, cuando encontró esas potencias, no conocía el espíritu, porque no se conocía a sí mismo; sólo había visto el alma y a ella adjudicó lo que es del espíritu. Pero no hay impiedad, aunque haya impropiedad en la adjudicación, porque el espíritu quería que fuese reconocida el alma su esposa, en la que se encierra. Cuando sería conocida, el hombre se haría trino, descubriéndose el esposo, y sería el día de la verdad. El cuerpo vería que no puede prescindir del alma y que, siendo ésta sólo el vestido en que se envuelve su director, el espíritu, propietario de la razón, tampoco el alma podría conservar su primacía ni prescindir ni rechazar al espíritu, su primero, ni al cuerpo, su inferior. Así, el alma vence a su cuerpo y se rinde al espíritu, y los dos se elevan en potencias y facultades hasta él.

95 D.- Cada vez aumenta mi sed y es justo que sea así ante las maravillas descubiertas. ¿Qué me dirá de los cinco sentidos?

M.- No me interesa poco esto. Pero ¿quién ha dicho que el hombre sólo tiene cinco sentidos? Tiene cinco, cinco mil y cinco millones y todos cuantos instintos venció y se rinden por su sensibilidad y pureza. Hay quien siente el roce de un pensamiento y quien apenas siente un latigazo; eso va con el desarrollo de las facultades y cada uno siente tanto más cuanto más se eleva.

96.- ¿Y cuántas facultades tiene el hombre?

M.- También esto es incontestable categóricamente; pero es de interés seccionar esto en dos grupos grandes: facultades materiales y facultades espirituales, y aun llegar al tercer grupo de facultades medianímicas, en que llegan a convertirse las facultades todas.

97 D.- ¿Cuáles son, pues, las facultades materiales?

M.- Por facultades materiales han de entenderse todas las que al cuerpo se refieren, y son representadas en los sentidos así de placer como de dolor, pero no pueden nunca ser separadas del alma, porque por ésta se sienten. Mas tiene facultad el cuerpo y el alma de aprovecharlo todo, de usufructuar todo lo que en el mundo hay, creado por la naturaleza y por el espíritu, porque todo es para el cuerpo humano y en su ley natural nada le es prohibido; pero tiene por regularizador su alma, resistencia intermedia que es entre el cuerpo y el espíritu; y cuando ésta puede regularizar las facultades del cuerpo, ya camina hacia la armonía y domina fácilmente todas las fuerzas y facultades naturales, porque entre el cuerpo y el alma están todas las facultades del reino animal; pero no pueden llegar al dominio o posesión de esas facultades sino por la emanación inteligente que el cuerpo recibe, por el alma, del espíritu que en ella está envuelto; por lo que, si el cuerpo obrara sólo con su alma, sólo serían facultades animales, y ya en el hombre no cabe esto, ni aun en el estado embrionario.

98 D.- ¿Cuál es la facultad mayor del cuerpo?

M.- La reproducción, que le es ineludible, por la unión de sexos; pero ni ésta puede ser sin el espíritu, ni aun en los animales, porque en estos obra el espíritu universal hasta que hay hombres en la tierra; luego el espíritu humano, para el progreso de las especies, en unión siempre del espíritu universal y los espíritus naturales, que imprimen al alma animal instintos sentimentales, que no pueden llegar al amor porque no hay razón; pero desarrollar el cariño es propio y facultad de la materia, por la afinidad.

99 D.- Puesto que la reproducción es la mayor facultad de los cuerpos animales y no se opera sino por la dirección del espíritu, ¿hay alguna diferencia de ley en la procreación del hombre?

M.- Sólo el progreso que hay del animal al hombre, si prescindimos del espíritu; porque la ley es sólo una y se produce por los mismos medios.

100 D.- Pero he visto las grandes manifestaciones de la naturaleza para la aparición del hombre; y por lo mismo que allí la ley fué la misma, con sólo (como dice) la diferencia de progreso, preveo que algo grande debe acaecer en la concepción del hombre. ¿Puede descubrírmelo ya el maestro?

M.- Ya lo inicié antes, amado discípulo; pero concretaré y te voy a satisfacer. Te dije que para la reencarnación cada espíritu sufre un juicio de los maestros del consejo en su plano (que para la tierra están en Sión), y es autorizado o negado, según esté en la justicia. ¿Te parece ya poco trascendental esto? Porque ya representa que la ley se cuida delicadamente de cada hombre, de su destino y funciones intermedias; pero no es por el cuerpo ni el alma, sino por el espíritu; porque en este, por su naturaleza divina, es justo que las leyes divinas intervengan y lo hacen con la mayor solemnidad, cual corresponde a la dignidad del hombre. Pues bien; tan pronto obtiene la autorización para reencarnar, elige sus padres en afinidad y justicia, y en su potencia de espíritu deposita la esencia del ser en uno de los microhombres que su futuro padre lleva en el cerebelo.

Imprime el deseo en él y hace vibrar los sentimientos de amor en su madre, posándose en ella y aun dejándose percibir. Llegado el momento supremo, une a sus padres y tiene en su ayuda a sus protectores y los de sus padres, que presencian el acto de la concepción y él mismo hace descender el microhombre y lo conduce hasta la matriz de su madre, donde lo incuba y lo cría hasta su alumbramiento, momento en que se encarna por su alma al alma que tomó el feto de parte de cada uno de sus padres. El espíritu que reencarna ha tomado otra parte de alma del alma universal, cargada de las partes esenciales de la materia que ha de asimilar a su alma, del carácter, cualidades y aptitudes que ha de tener en aquella existencia y queda entonces como aletargado, porque se anubla y se reduce a la impotencia de la debilidad del infante, en la que se ha de amoldar, conforme a la lucha que viene a sostener, y de esto son los padres los encargados.

101 D.- Cierto que estas funciones tan grandes y matemáticas requieren potencia, sabiduría y sacrificio, que sólo el espíritu en libertad puede concebir y obrar. Pero, ¿cómo pueden cumplir los padres, cuando ignoran todas esas funciones y misión?

M.- Por el amor que el infante despierta en ellos, con sus gracias e inocencias, y porque la ley de afinidad y justicia esta latente, más que nunca, entre las familias, durante la infancia, y los guías y protectores inspiran de continuo en los padres y se demuestran en el infante por sus miradas, gracias y lloros, incitando al espíritu del infante a sus demostraciones, con las que pide compañía, alimento y ayuda en sus enfermedades. Las madres por su percepción, lo sienten pronto, porque su ternura les anuncia la necesidad del infante, y generalmente aciertan ellas más que el médico lo que sufre el niño.

Tal es la sensibilidad de algunas madres que, estando lejos de su cría, sienten en sus pechos, por una vibración, que su hijo llora, como lo podéis comprobar muchas veces. Pero esto ya pertenece a facultades medianímicas bien marcadas, aunque todas las cosas que el hombre ejecuta son facultades medianímicas, por más que no se hayan estudiado como tales. Por lo tanto, decir facultades del cuerpo es impropio, y aún del alma también; pero es necesario, para la comprensión, hasta que se es trino; entonces ya todo se puede comprender y probar por el estudio psíquico, que quiere decir unidad consciente de fuerzas materiales y espirituales, lo que llamamos mediumnidades y, por esto, facultades medianímicas.

102 D.- Estoy comprendiendo que no hay ninguna manifestación en la vida que no sea medianímica. ¿No es esto salirnos del hombre?

M.- ¿No has visto, amado discípulo, que el hombre es tres? ¿No has visto también que jamás puede obrar un espíritu solo? Pues si el hombre es materia y espíritu a la vez, y está, quiera o no, vibrando en el éter, alma universal que enlaza todos los seres del universo infinito, por más que todo sea medianímico hasta la concepción de los seres, no es salirse del hombre, porque el espíritu necesita los cuerpos para obrar y mostrarse, y nunca el hombre es más hombre que cuando tiene conciencia de que es médium, porque médium significa intermediario, y el hombre es materia y es intermediario de la naturaleza y del espíritu, como el espíritu es intermediario entre la naturaleza y el Creador; ya ves cómo no debes temblar al asegurar que todas las facultades del hombre son medianímicas, porque efectivamente lo son, ya sea de un mismo espíritu solo (cosa no imposible, pero si difícil), ya sea por inspiración y posesión de otro espíritu.

103 D.- ¿Y cuántas clases de facultades medianímicas hay?

M.- Son innumerables. Sólo pueden contarse por los actos diferentes que el hombre ejecuta. Pero no enumeraré ninguna, porque en la ley de mediumnidades, en el código, se dicen las más principales, que han sido objeto de estudios en tiempo de tinieblas. Mas sabe que siempre obramos medianímicamente y que por los resultados de tus obras conocerás la procedencia; porque, conociéndote a ti mismo, por fuerza sabrás quién te sopla y de qué lado viene el viento.