CAPÍTULO III
EL ESPÍRITU

29 D.- ¿Qué es el espíritu?

M.- El espíritu es la vida demostrativa y demostrada de toda la creación, porque él es la acción única ejecutora, del creador único Eloí; es su voluntad, porque es su mandatario único para demostrar la vida orgánica y la inorgánica; es la esencia del éter, generador de todas las formas en su alma eterna e infinita; el espíritu es por mandato, el creador de todo lo palpable y sin él no existiría, como él no existiría sin Eloí; y es en fin, el regidor del universo, por la unidad solidaria; y después del gran Eloí su padre, es el mayor en la creación.

30 D.- ¿De dónde procede el espíritu?

M.- El espíritu, como todo el universo, procede del padre universal; pero él vive, ab y coeterno; es decir, que antes de ser individual el espíritu humano (llamémoslo así) vivía en el gran Eloí, como el hombre vive en su padre según la materia, antes de ser engendrado; así, el espíritu, no tiene metamórfosis en su creación, aunque sufre la ley metafísica en su vida individual, para su mayor progreso; pero en cuanto a su procedencia, nace directamente de Eloí; esa es su procedencia y a ella ha de volver, no ha fundirse otra vez en el padre, sino como individualidad numérica y hecho un maestro de la creación para poder llamarse, en los mundos y ante los hombres, hijo de Eloí, honrando a su padre, por la potencia, sabiduría y amor.

31 D.- ¿Cuál es entonces su naturaleza y puede tener dos naturalezas ?

M.- En verdad de verdad, sólo hay una naturaleza; la divina; de donde todo procede. Pero hay grados de progreso y cargos en la creación y, metafísicamente, para mejor comprensión, podemos admitir para el espíritu, dos naturalezas; la divina, por su procedencia; y la humana, conquistada por su esfuerzo y retenida en su alma, para toda la eternidad; mas hablando del espíritu, su naturaleza es la de Eloí, porque de él sólo procede y es consubstancial, ab-eterno y coeterno con él y en él.

32 D.- ¿Y cómo siendo de tal naturaleza es tan tarde conocido por el hombre en quien se encierra y a quien dignifica?

M.- Por eso mismo: sabe el espíritu su naturaleza y procedencia y lleva impresa la ley de su progenitor, que sólo es amor, y con esa arma ha de dominar toda la naturaleza. Si el espíritu se mostrara desde el principio en que toma materia, haría tan gran desarmonía, que sería un desequilibrio; y él no puede, por la ley que lleva impresa, desarmonizar, puesto que viene a poner armonía; para eso (en su potencia y sabiduría) se envuelve en un alma rudimentaria, que lo opaquiza armónicamente con el progreso de la materia y desde aquella cáscara va venciendo todos los instintos de su envoltura, acrisolándolos a su ser que es luz y consiente que el hombre conozca a su alma olvidando el espíritu que todo lo rige, hasta que al fin de trabajo y luchas, su alma se ha purificado y tiene dominados los innumerables instintos de que se compone y forman una conciencia y sentimiento, capaces de soportar la presencia del espíritu, su director.

Este ejemplo, lo trae de Eloí, porque el espíritu sabe, porque ha visto, que Eloí en su amor, se manifiesta a los hombres con diversos nombres de Dios, Jehová y Padre, antes de que el hombre haya descubierto su trinidad, en cuyo momento puede descubrir al universal Eloí y esto es sabiduría y amor; por esto es el espíritu tan tarde conocido y admitido por el mismo hombre en quien está el espíritu encerrado y es el mismo Eloí, puesto que el espíritu es su hijo consubstancial y es su voluntad única creadora.

33 D.- Esto si que es maravilloso, maestro. Pero dígame. ¿También se sujeta el espíritu a las leyes humanas?

M.- Al espíritu, no le sujetan más leyes que las divinas y no elude ninguna, sino que todas las cumple fatalmente, porque tampoco puede esquivarlas; y cuando el espíritu ha de cumplir una ley de justicia, que la ley de afinidad le presenta, no tiene en cuenta para nada, ni las leyes naturales, ni las humanas; pero trabaja constantemente sobre las leyes naturales, que rigen a su alma y cuerpo, porque éstas aunque secundarias, no son nunca opuestas a las leyes divinas, sino que son un resultado o efecto de las leyes de afinidad y justicia, que administran y rigen toda la naturaleza.

Aún más: el espíritu inspira las leyes humanas que han de regir el progreso humano. Pero como los instintos del cuerpo y del alma, son el goce de la materia y estas dos entidades no tienen raciocinio, hasta que el espíritu ha dominado los instintos animales y sujetado a la ley de justicia, difícilmente es oída la inspiración del espíritu y prevalece la ley de la materia, la que es burlada y desconocida por él, cuando esas leyes se oponen enteramente a las leyes divinas, sobre todo en la procreación; y si transige muchas veces, es a causa de la sabiduría, porque sabe el espíritu, que los instintos, en el hombre, no se dominan por la prohibición, sino por hartura del goce de sus derechos naturales. Esto es el amor extremo, por el que es natural que el espíritu sufra, por el sufrimiento de su alma, por lo demás, al espíritu, sólo lo domina la ley divina y sólo a ella se somete.

34 D.- Puesto que el padre dió la entera libertad al espíritu y así y todo la ley le somete ¿dónde la ley toma el poder dominador?

M.- En la mayoría del universo en la que está solidarizado en virtud de la armonía; y como está unida toda esa omnipotencia de los espíritus del universo infinito; y solamente se apoya en la ley única y máxima de amor, que Eloí imprime en todos los espíritus a sus hijos, esa mayoría, ejerce su potencia dominadora, por la ley de afinidad, la que le pone a cada individuo todas las cosas en el punto de su cumplimiento y la ley de justicia se encarga de ejecutar el acto, porque, cada individuo, recibe sobre sí toda esa omnipotencia humano-espiritual de todo el universo. Así, obrará en el tiempo, quiera y no, la justicia, porque nadie hará lo que a cada uno le fué encomendado sino él mismo y la falta se ve siempre, acusando al moroso o negligente.

Esta acusación constante al moroso, tan pronto hace conciencia, cumple para no verse fuera de la solidaridad, en la que, todos individualmente, son omnipotentes, porque cuentan siempre con la potencia sumada de la universalidad que existe como contrato social infinito, reconocido por Eloí, que es la ley.

35 D.-¿Y cuáles son las obras que al espíritu le son encomendadas?

M.- Toda la creación de formas y cuerpos, por las que ha de llegar en cada mundo a la suma perfección de que es capaz allí; pero concretando, el espíritu forma los mundos y les rige y hace en ellos toda la creación y hasta los mismos cuerpos animales y humanos con los que extrae la esencia pura de toda la materia, hasta que en él no hay nada asimilable a su alma.

Entonces los disgrega, para que la ley de afinidad lleve cada partícula de aquellas escorias, a mundos en formación (que siempre los hay eternamente) y para habitar esa familia que acaba en un mundo, se crea otro que empieza en progreso donde termina el que disgregaron; por lo que decimos, vida eterna y continuada y que, el espíritu es creador y es dicho en verdadera propiedad.

36 D.- Me encuentro extasiado; y aun más maravillado que de la naturaleza del espíritu, de la potencia de la solidaridad que tal fuerza da a la ley para el cumplimiento de las cosas de la creación; pero pregunto: ¿Esa omnipotencia del espíritu, no es sólo de Eloí y no se amengua al creador universal? ¿O que diferencia real hay, entre la omnipotencia del espíritu y la de Eloí?

M.- “Conócete a tí mismo” y verás muy claro, que no sólo no hay mengua, aunque tampoco se acrece la omnipotencia de Eloí; pero entre todas las potencias del espíritu unidas por la solidaridad, no llegan a la omnipotencia de Eloí, porque él creó la única substancia de la que todo procede, cosa que la unidad espiritual no puede crear porque ese es el secreto, para siempre, entre los hombres y los espíritus. Y aunque fuéramos capaces de la creación de materia o substancia prima, ¿dónde podríamos depositarla si el universo está lleno? La omnipotencia del creador por esa substancia única que llena el universo, es porque él crea al espíritu su hijo para la continuidad de la creación eterna, en mundos, cosas y hombres; y el espíritu es omnipotente en la creación de los mundos y no es omnímodo porque está sujeto a leyes; en tanto que Eloí creó el universo y lo sostiene omnímodamente, no habiendo nada sobre él y todo le rinde homenaje; de ahí la diferencia de la omnipotencia del espíritu por la ley y la del creador Eloí, que es la ley, resumiendo esta verdad en estas sencillas palabras. El espíritu es omnipotente, pero no omnímodo; y el creador Eloí es la omnipotencia omnímoda.

37 D.- ¿De modo que el fin que tiene el espíritu en su obra, es la continuidad de la creación?

M.- Sí, ese es el mandato que tiene y lo hace bajo la ley de amor, persiguiendo siempre el progreso, la mayor belleza y su enriquecimiento en potencia y conciencia; y tanto más progresa, cuanto más conoce de la creación, por su práctica en la metamorfosis de las cosas y se agranda a sí mismo, por el volumen de su alma y pureza; pero sobre todo, por el mayor grado de amor.

38 D.- El amor parece un egoísmo entre los hombres; y sin embargo toda la nueva que se nos da hoy, es una ley de amor y se nos manda tener amor común y vida común y vemos que es bueno. ¿Cómo no ha sido antes acatado este mandamiento tan justo?

M.- Volveré a repetir: ¿puede la cambronera dar higos, o el olivo dar uvas? ¿Cómo quieres, discípulo amado, que los hombres dieran amor si para sí mismos no lo tenían? Es preciso primero saturarse a sí mismo, llenarse de los sentimientos de amor, para que trascienda fuera de sí y lo comunique a los demás: y en tanto tú no estás lleno de amor, en vano te esforzarás en amar a todos, puramente; a lo sumo, amarás a tus afines, o a los que te ayuden: así, tienes razón de decir que el amor es egoísta y es justicia que así sea porque antes es necesario saturarnos, hartarnos de aquello que debemos dar, en lo que se refiere al espíritu: porque, en lo que se refiere a la materia, mientras los hombres en su mayoría no están saturados de amor puro que engendra la idea de la vida comunal impuesta por la ley de amor para todo el universo, todas las cosas naturales, se encuentran legisladas por leyes humanas, que son de imposición y por lo tanto injustas; pero todo está parangonado con el progreso general de la mayoría y será en vano pedir uvas al olivo.

39 D.- ¿Entonces quiere decir que la comuna sólo puede ser en los mundos cuando la mayoría del cómputo numérico, hombres y espíritus están saturados de amor y esto indica que la comuna es la perfección de las humanidades?

M.- Justamente, sólo cuando el amor reina (y reina todo sólo por la mayoría) cabe la comuna en las humanidades y por esto no llega en ningún mundo, antes del juicio final. Es sí, la perfección relativa no sólo en las familias humanas de los mundos, sino en todo el universo porque es la imposición de la ley por verdadera justicia y justicia quiere decir que todos tienen equitativamente los mismos derechos y obligaciones en el trabajo y el usufructo, y se llega, real y verdaderamente, hasta el amor común; pero esto es de los últimos siglos, en los mundos regenerados como la tierra, y entonces se indica el límite de la perfección de su humanidad; y en ese punto de perfección, empezarán en otra morada más arriba. Mas mientras la madre tenga a su hijo más amor que a otro hombre que no nació de ella, es decir, mientras fuera capaz la madre de privar a otro ser, de algo, para dárselo a su hijo; y el hijo y el padre y el hermano y en todos los demás de una ciudad y en todo el mundo no vean a sus hermanos en verdad de verdad, no puede estar la comuna verdadera, aunque esté implantada y en todo su apogeo de justicia y bienestar material, porque para eso necesita leyes y códigos para regirse: la comuna, no necesita códigos de letras, sino un gran archivo de sabiduría y amor en las conciencias. Esa es la perfección comunal de cada mundo, a la que llegaremos, empezando en la comuna forzada por la ley de justicia; y es natural que empecemos por las cosas materiales, hasta saturarnos de ellas, porque sin empezar por ahí no llegaríamos al común amor puro porque, sin nacer, no se puede ser hombre.

40 D.- ¿De dónde le viene la potencia al espíritu individual?

M.- De su progreso, medido por su sabiduría y pesado por su amor.

41 D.- ¿Pero puede obrar el espíritu individualmente y qué cosas?

M.- Con mi laconismo de la respuesta anterior quise provocar esta nueva pregunta del más grande interés y nadie se espante. Jamás puede el espíritu individualmente obrar nada, ni aun las más insignificantes cosas; porque además de no haber cosa pequeña en la creación, en toda substancia, se encuentra el espíritu universal, como alma, hasta en el electrón y por esto, ha de topar el espíritu individual, en todas las cosas, con el espíritu universal, en el que están latentes todas las leyes de la creación divinas y naturales. Por lo tanto, en toda acción, mayor o menor, buena o mala, vibra el éter en su luz y el espíritu maestro es advertido del acto, e instantáneamente aparecen en el lugar de la acción, testigos de vista espirituales, ya afines ya de justicia, y estorban la acción o le ayudan al actor, según sea el caso de justicia, sin coartar la libertad; pero de todos modos, dentro y fuera de la justicia, ningún espíritu puede obrar nada solo, porque no está en la ley; esto, en lo concerniente con la primera substancia, éter; que tratándose de cuerpos ya hechos, que se renuevan o se opera en ellos y entonces, ya es necesario que haya más de dos; el ejecutante y el ejecutado, más los guías de ambos por lo menos; pero en general, los mismos guías llaman a los afines suyos y de sus guiados y así, se reúnen para todos los actos (hasta para el pensamiento), sea la acción mala o buena, lo menos una asamblea de nueve o diez espíritus.

42 D.-¿Pero no se dice que la obra de uno, no la puede hacer otro?

M.- Efectivamente. ¿Y acaso ser testigos de la acción y aún ayudar a la acción, es ser actor? Lo que hay es que, por ley, se encuentran siempre presentes para ayudar o ser testigos, los afines, que aun sin querer, estamos siempre presentes y los guías, rara vez nos abandonan estando de espíritus libres y aun encarnados (los espíritus elevados) por su potencia por que les estorba poco su cuerpo para estar cerca y vigilar a sus guiados.

43 D.- ¿Y de dónde le proviene esa potencia al espíritu?

M.- Ya está contestado antes. Primero, de su sabiduría que es fuerza invencible; y segundo de la solidaridad y unidad de todos los espíritus que viven en la ley de amor, lo que llamamos y es espiritismo.

44 D.- ¿Cuál es la patria del espíritu?

M.- La patria del espíritu, es todo el universo; pero sólo puede vivir (hablando nuestro lenguaje) en los planos a que su progreso alcanza y no porque tenga barreras que les impidan penetrar en todo el universo; sino porque su potencia no le permite llegar más que lo que el progreso habido en su potencia marca; de ahí adelante, necesita la mano de un mayor que le supla su impotencia. Muchas veces, se conceden viajes de estudio por otras regiones, para el adelanto de una humanidad y así es que, aunque la patria del espíritu es todo el universo, en realidad, se circunscribe al radio de su progreso; pero se agranda en cada instante, según se progresa. Esta es su vida eternamente.

45 D.- Por fin, ¿cuál es el día más grande y más feliz del espíritu?

M.- El espíritu tiene tres grandes días felices: el de su nacimiento diremos, como individualidad, para empezar su trabajo; el de su justificación o juicio final en los mundos de expiación y el de la vuelta y presentación a su progenitor, para salir autorizado maestro de un mundo, desde donde ascenderá gradualmente como maestro, de mundo en mundo y de sistema en sistema y de nebulosa en nebulosa, a ser maestro de un plano y espíritu de verdad, ya que, desde que es misionero que es cuando puede llegar hasta los consejos del maestro, se llama y puede firmarse espíritu en verdad; pero en realidad, el día más feliz es el de su iniciación cuando empieza su carrera, o vida individual por su nacimiento.

El día más terrible (aunque sea en su bien) es el de su justificación en el juicio final; y el día más grande es el de su graduación en la presencia de su progenitor y lo es, porque se ve atomizado como el impalpable éter; por lo que, sobre ser el día más grande, es a la vez el más terrible por esa anatomía, en la que se ve casi al no ser en aquel momento solemne, que lo comprende el espíritu, pero no lo pueden describir los conceptos de todos los hombres.

46 D.- Permítame el maestro aún una nueva pregunta; pues después de ver tanta grandeza en el espíritu y hasta su omnipotencia, me dice que en la presencia del padre, al ser auscultado, se ve casi al no ser. ¿Cómo puede ser esto, siendo así que el espíritu es el creador de todo lo tangible del universo infinito, y entonces en qué consiste su grandeza y qué la origina?

M.- ¡Muy bien, discípulo amado! ¿Has querido resumir en una sola contestación todas las grandes y eternas verdades de este capítulo? Pues oye. ¿Has notado que dije “se ve casi al no ser”? ¿Y te parece poco el casi? Pues ese “casi” encierra este gran axioma: “El espíritu después de su individualización (es decir, después del feliz día de su nacimiento como individualidad numérica), en toda la eternidad, NO PUEDE SER QUE NO SEA”. Será casi nonada, pero ES. Y como Eloí es la incomprensible grandeza, la infinita grandeza, la indescifrable grandeza, esa nonada que el espíritu representa ante él es tener comparación con la infinita grandeza; y esa comparación, infinitesimal, nonada, casi no ser, pero que es, ¡es tan grande en sí!... Como queda dicho del espíritu: es indescriptible para el hombre y sólo comprensible al espíritu. Y para darte una idea del valor de ese casi, de esa nonada, te diré que ese casi no ser, puede ser el sol que alumbra a todo un plano. ¿Es bastante? ¿Es grande? ¿Y que es un plano comparado con todo el universo? Lo que es todo el universo comparado con el Creador. Pero entre el valor del universo y el del Creador está ese casi no ser, esa nonada, QUE NO PUEDE SER QUE NO SEA: el espíritu. ¿Qué le da su potencia? La sabiduría solidarizada ¿qué le da la sabiduría y la omnipotencia? El amor; y mayor será su sabiduría y su omnipotencia cuanto mayor sea su amor.

Resume, pues, amado discípulo, toda la grandeza del espíritu, sabiendo que entre la grandeza del universo y la del Creador está el espíritu.