Joaquín Trincado

Jueves 13 de Septiembre de 1951

Médium Virginia - Escritura

La dominación por medio de la fuerza ha producido frutos de odio, rencores ancestrales, que minan el afecto fraternal que debe existir entre los hombres, entre los pueblos, entre las razas y las naciones de la Tierra.

La crueldad ha sido el sello que acompañó siempre a los dominadores de látigo y demás instrumentos de tortura, que produjeron tantos odios que si investigáramos en torno a los monstruosos y célebres crímenes encontraríamos que todos son fruto de las persecuciones y venganzas que ejercieron, las víctimas de antaño, en sus verdugos.

Esto fue así y aun quedan algunos en grave estado de aberración, mas sólo tiene la presente existencia para ejecutar en este mundo esos actos que horrorizan y conmueven a la sociedad.

Frutos son del pasado ignominioso que tuvo que vivir el hombre para conocerse y soltar el lastre que obstruía su progreso; sin embargo, aun persiste el afán de dominar a los débiles, a los pusilánimes, a los indecisos, son presa fácil porque ahora los medios son otros más terribles quizá, porque la falacia, que es fraude, engaño y mentira, es el medio de que se valen los dominadores supremáticos y el hombre, ignorante de sus falacias, cae fácilmente en sus redes.

Mas esto conviene a la justicia, porque viene el escarmiento por el sufrimiento que sigue cuando el hombre se da cuenta de la explotación de que ha sido objeto, y aunque a veces la cólera produce violentas reacciones, también sucede que el desprecio a esas nefastas maniobras conduce a la búsqueda de un algo que oriente, que llene ese hueco que sólo la verdad puede ocupar.

La justicia pone a los hombres en el lugar preciso para su progreso, y así, esos hombres que van tras las oropelescas ceremonias que los ciega con su falso brillo, están en estudio, están en una fase del progreso, pues el hombre necesita de todas las experiencias para enriquecer su archivo, y la libertad se disfruta después de saber arrojar, por el propio esfuerzo, las trabas que aniquilan la razón.

El hombre lucha para llegar al grado necesario que distingue a los emancipados, a los íntegros, capacitados para disfrutar de lo que aun hay quien trata de arrebatar a los hombres, mas no pasará tal cosa, ya no es el tiempo de que se repitan esos actos bochornosos.

Los que sueñan en dominar por la falacia, despertarán del sueño víctimas de su misma tendencia y serán conducidos a su sitio, que ya la justicia marcó, a su hora.

El mundo Tierra será dominado, sí, por el amor fraterno, pues ese dominador no usará ni la fuerza bruta ni la falacia, sino la luz, la verdad, la razón como argumentos incontrovertibles que llevarán adelante los trabajadores del progreso.

Ved, pues, en esto que os parece inaudito y absurdo, la acción de la justicia que aun aprovecha esos últimos esfuerzos de los hombres, aberrados a sus pasiones, para que sirvan de ejemplo, de experiencia a los que todavía viven en el crepúsculo de su trabajo como espíritus.

Observad y acumulad las enseñanzas que recibís constantemente, y que os sirvan de acicate para impulsar, con grandes entusiasmos, esta obra que el Padre Eloí bendice.

Joaquín Trincado.

Joaquín Trincado

Jueves 20 de Septiembre de 1951

Médium Virginia - Escritura

Con cuánto gusto, con cuánto alborozo nos hemos reunido en esta ocasión. Qué dicha invadía a los espíritus que os visitan, de lejanos mundos. Qué felicidad encontrarnos unidos en un mismo ideal. Espero que así, cada vez más grande, más fuerte, sea este núcleo de luz, que ha de ser la brújula que guiará a los náufragos del próximo cataclismo que ya se anuncia.

Esta luz grandiosa se hará más y más potente a medida que los hombres se acerquen a esta Escuela, que para ello se fundó, para que aquí encontrara la humanidad respuesta a sus interrogantes.

Espero, pues, de todos vosotros, la más ardiente y firme resolución para seguir adelante, contra viento y marea, que soplará, y fuerte; pero fuertes sois vosotros y sabréis resistir.

Ponen vuestro entusiasmo, vuestro tesón al servicio de esta causa, que bien miráis que sus frutos nutren a los hombres de progreso.

Lleváis sobre los hombros responsabilidad enorme, por cuanto sois la vanguardia de los trabajadores del Padre.

Muchos habéis palpado y comprobado que de aquí, de este grupo, insignificante al parecer, parte la energía que hace vibrar los espíritus para ayudarles a cumplir la misión que han traído a la Tierra. Mas no todos los misioneros han podido acercarse al amparo de esta Escuela: muchos son los que luchan, perdidos entre la multitud y ahí desempeñan su tarea ayudados por las fuerzas de sus guías y afines y también por la que de aquí va hacia todos ellos, con el deseo de hacer su labor menos ardua, y así como de tarde en tarde vosotros tenéis noticias de ellos, así ellos participan del conocimiento de estas doctrinas, aunque por medios indirectos, pues no sería posible que hicieran su trabajo conociendo esta Escuela, pues todo se asimila por grados y paulatinamente.

Así, hacen falta esas luces allá, a lo lejos, entre la multitud densa y torpe, para que, sin deslumbrarse, puedan llegar a esta viva hoguera en que se consume vuestro anhelo de estrechar en un fraternal abrazo a todos los hombres nuestros hermanos.

Seguid, pues, con mayor ahínco, con el amor grande y resuelto que habéis demostrado; seguid y haced planes para este nuevo año que empieza magnífico, pujante. Esperamos estar siempre unidos en este ferviente empeño que se realiza silenciosamente, sin que se den cuenta muchos, de la transformación que está sufriendo el mundo Tierra.

Se está gestando la epopeya brillante y feliz que hará reinar el amor entre la humanidad. Ya todos hablan de fraternidad, mas sus palabras no son veraces; pero la ley recoge lo que el hombre ejecuta y lo que tiene que ser, será, y pronto, para dicha y gloria del hombre que luchó y lucha y luchará por el bien de sus hermanos.

Recibid mis parabienes. Yo os estrecho. En medio de esta fiesta recibid mi saludo y pidamos al Padre que nos de nuevos bríos en esta etapa que ahora iniciamos y hagamos propósito de mejorar y afinar nuestra actuación para así hacer honor al depósito sagrado que fue confiado a nuestras manos y que afirmamos una vez más, sabremos cumplir a satisfacción nuestro deber.

Os saluda.

Joaquín Trincado.