Joaquín Trincado

Lunes 3 de Septiembre de 1951

Médium Margarita - Posesión

Buenos días:

Con cuánto placer vengo a vosotros, que habéis vencido obstáculos para estar aquí reunidos y celebrar esta sesión de consejo.

Obstáculos encontraréis, hermanos míos, en todas las obras que emprendáis, porque es de justicia quitar el estorbo por vosotros mismos; pero nada temáis.

Vuestra vida está llena de problemas, llena de sinsabores y amarguras; pero que no os falte el valor.

Qué hermoso es encontrar una dificultad y vencerla y triunfar, después, de ella. ¿Qué mérito tiene el que encuentra la mesa puesta, la cama hecha, el techo propicio, los brazos abiertos, si gana? Todo eso la Ley lo da en el momento oportuno; pero a vosotros, espíritus concientes, se os acumulan las dificultades, se ponen a vuestro paso tantos obstáculos, tantos problemas, para probar vuestra fe, para probar vuestra confianza, para probar vuestro valor.

No os extrañéis que para vosotros abunden las dificultades; son pruebas a que se os sujeta porque estáis en momentos en que verdaderamente debéis demostrar lo que sois y cómo sois, lo que valéis, lo que habéis ganado.

Mientras más luchéis en la vida, más felices debéis sentiros; son pruebas de amor que os da el Padre.

La lucha es lo único que vale, hermanos míos; no la molicie ni la comodidad que dan las riquezas que todo lo facilitan.

Para vosotros todo es duro; para vosotros vienen los imposibles y, sin embargo, todos los podéis vencer; por eso en medio de vuestras tribulaciones sentís una felicidad interna que no tienen los demás.

Los demás buscan placeres para acallar algo que hay dentro de ellos insatisfecho; algo que los hace estar siempre buscando, porque no encuentran esa chispa de felicidad, de paz, que lleváis vosotros en vuestro interno.

Cómo os sentís felices después de un día de lucha pero, también, de triunfo, y esperáis con ilusión el día siguiente y dormís tranquilos porque habéis triunfado.

Cuántos de vosotros no tenéis qué llevaros a la boca en la noche y, sin embargo, dentro de vosotros hay una luz y una paz que no tienen los demás, que han cenado opíparamente y que duermen bajo los efectos de una digestión pesada y de las bebidas embriagantes que no han hecho más que embrutecer su cerebro y, por lo tanto, esconder la luz espiritual que debía brillar más mientras más grande es la vigilia, mientras más grande es la privación, mientras más grande es la lucha, mientras más profundo es el dolor.

Sois felices porque demostráis vuestra fe.

Sois felices hijos de la Escuela, Escuela sublime, Escuela valerosa, Escuela arrogante para afrontarlo todo. Así la salvaréis y así haréis que se derrame por toda la Tierra la bondad de loas doctrinas que constituyen esta Escuela magnífica y grandiosa. Así lograréis que llegue la luz del espacio a esos hombres, vuestros hermanos, que se debaten todavía en las tinieblas, en la obscuridad y en la maldad.

Grande es vuestra obra, grande es vuestra fe y la demostráis con hechos; pero no flaquéeis, hermanos míos; valor es lo que se necesita, seguridad de que vais por el buen camino y de que mientras más se os hostigue, mientras más se os flagele, mayor será la fuerza que tengáis para levantaros de donde os tratan de hundir.

Sí, tal parece que todo se dificulta, pero hay siempre una mano salvadora si vosotros emitís pensamientos de esperanza y de fe, así vienen vuestros afines; pero si os coge el pesimismo, entonces el enemigo os hará sus víctimas; por eso hay tantos hermanos que, aun perteneciendo a la Escuela son víctimas de pesimismo, de la amargura y la desesperanza, ¿pero vosotros? vosotros estáis alimentados por las fuerzas del espacio, vosotros abreváis en ese maná que os viene de arriba, en esa luz que la mayoría de los hombres no puede ver todavía.

Qué hermoso es el estudio, hermanos míos y cómo me satisface ver que, contra todas las dificultades, contra todas las vicisitudes contra todos los estorbos que os acumulan, triunfáis y venís y trabajáis y de ese dolor, y de ese esfuerzo y de ese trabajo y de ese sacrificio, brotan frutos ya sazonados, como el que estáis a punto de lograr.

Gracias, hermanos, por vuestra adhesión, gracias por vuestra constancia, gracias por vuestro amor a esta causa sublime, que es para bien de todo el Universo. Así os quiero ver, valientes, concientes, serenos y fuertes.

Cuántas pruebas habéis recibido de la asistencia de nosotros, vuestros hermanos mayores, no desmayéis, pues; que la tristeza, la desesperación, no aniden nunca en vuestro corazón; que se llene de luz, que se llene de alegría y, aun sangrando, levantad vuestros ojos, levantad vuestras manos y, con nosotros, cantan hosannas al Padre que os ha permitido ya gozar de la paz espiritual.

Esto os dice vuestro Maestro, que os espera siempre, siempre, para que, todos unidos, vayamos más allá.

Joaquín Trincado.