Cuauhtémoc
Viernes 1 de Septiembre de 1950
Médium Margarita - Posesión

Toma posesión una entidad grande y poderosa que hace un solemne saludo y pronuncia breves palabras en un antiquísimo idioma indígena, suave y melodioso, destacándose varias veces la palabra Meshico.

La Ley se cumple a través de los siglos y el Rey airoso y valiente, pero de corazón humilde, ha sido ahora traído otra vez ante vosotros los mexicanos más que nada, como un símbolo en estos momentos de corrupción, de degeneración en que la palabra "patriotismo" no es más que el encubrimiento de las ambiciones bastardas del oro, del poder, del dominio, del libertinaje. Ese símbolo lo encarna mi recuerdo: soy Cuauhtémoc.

No vengo aquí como Rey; no vengo aquí a presumir de lo que no fui.

Mi pueblo estaba postergado; mi pueblo era humillado y cualquiera que hubiera tenido el valor de la juventud, la sangre ardiente y, todavía, el prejuicio muy fuerte del amor a la patria, hubiera hecho lo que hice yo. No soy grande ni soy héroe; fui uno de tantos, escogido en el momento preciso para ser, después, un símbolo en una patria en la que he encarnado muchas veces y a la que sigo amando.

¿Y qué habéis hecho de esa patria? La habéis sangrado, la habéis destrozado; habéis abierto sus entrañas para sacar de ella sus tesoros.

Si bien es cierto que en el transcurso de los siglos el progreso se va imponiendo, a los dirigentes de esta patria mía les pregunto: ¿habéis obrado bien? ¿Habéis aprovechado todas las riquezas que os ha brindado esa madre sublime que es la patria mexicana? ¿Habéis cuidado, primero, de vuestros asuntos, después de saciar a las fieras que os rodeaban y, al último habéis dado algo a ese pueblo, que es más miserable ahora que lo fue en mis dominios?

En mi tiempo había justicia y había verdad; no había miseria, no había hambre porque los poderosos estábamos cerca de los humildes. Había protección para la mujer y había sentido del honor, como lo conocen los hombres de la Tierra, ese honor que no existe en el espacio.

Las leyes eran sencillas, llenas de misticismo; vivíamos con ellas mismas, entregados a lo único que conocíamos; pero dentro de eso, observábamos y cumplíamos lo ordenado; quizá algunas eran sangrientas, crueles, salvajes... pero no conocíamos más.. creíamos adorar a los dioses y a ellos nos sometíamos tratando de interpretar, a nuestro entender, sus designios.

Cuántos siglos han pasado para que recibamos la luz todos nosotros porque muchos de vosotros habéis vivido también en esa época precortesiana, en esa época gloriosa porque en ella hubo verdad, hubo sencillez, porque era, es cierto, una vida llena de zozobras en que nos disputábamos los pedazos de tierra y a sangre se conquistaban, pero con valor, con el pecho descubierto, y ahora ¿cómo son vuestras guerras? ¿cuáles son vuestras conquistas?

Os pregunto: ¿qué habéis hecho de la patria mía? unas ciudades de artificio, unos hombres de artificio, porque aquellos cuerpos fuertes y sanos, alimentados sencillamente con lo que nos brindaba la tierra en estado primitivo, ahora los hombres son momias que se mueven, todo en ellos es ficticio, todo en ellos es casual y ni siquiera el agua de México el agua purificada en las entrañas de la tierra, puede beberse porque está contaminada. ¿Ya veis la diferencia de raza? ¿Ya veis la diferencia entre aquellos salvajes que mataban a sus hermanos para ofrendarlos a sus dioses? pero lo hacían en un rito sagrado, no conocían más, y se sacrificaban gustosos y cumplían las leyes que se dictaban y sin embargo, ahora ¿qué sentido tenéis del deber, qué sentido tenéis del derecho, del respeto a la propiedad ajena? ¿Qué sentido tenéis de la obediencia que debe regir en toda comunidad humana?

Todo eso existía entre nosotros, y vosotros lo sentís, vosotros lo lleváis, porque muchos de vosotros habéis vivido también entonces.

Y ese es el México de hoy, ese es el México donde no existe la verdad, donde la vida toda es una comedia porque todo es un engaño, todo es falacia y donde se ha permitido que la más falaz de las religiones se enseñoreé del pueblo.

¿Podéis decirme qué era más grande, en dónde había más verdad, si en aquellos sacrificios humanos que las víctimas aceptaban heroicamente, sintiéndose elegidos para ser ofrecidos a los Dioses o lo que hace ahora esta funesta religión, con los crímenes que en su nombre se cometen y la explotación que a cada momento hace de los que llama "sus hijos", sus hermanos"? ¿No había más pureza entonces, en medio de esa sangrienta religión de vuestros antepasados?

Aquí estoy; no quiero honores, no quiero gloria, La Ley permite que se me tome como símbolo, porque la Ley aprovecha todos los medios, pues me han puesto en un pedestal que no merezco.

Yo era un inconsciente, por el atraso en que vivía, entre mi pueblo, que tuve valor, que sentí en mí el amor patrio; sí, pero ahora, qué diferentes amores llevo en mi corazón; qué diferentes ideas siente ya mi espíritu. Cuántas veces he tenido que encarnar humildemente para quitarme el orgullo falso que me pudo haber quedado, para librarme de la lisonja, porque el espíritu también siente la lisonja de los que le queman incienso injustamente; pero no vengo como Rey ni como Emperador ni como ídolo, vengo como un hermano vuestro a deciros qué poco se ha adelantado y, también, que había más pureza dentro de aquella ignorancia. Ahora, que los hombres presumen de sabiduría y de adelanto y de cultura, viven más en el cieno que aquellos pobres indios en su miseria.

¡Cuánto fango hay ahora en mi patria!

¡Cuánta mentira, cuánta maledicencia!...

Losa hombres, entre sí, se tratan como chacales, engañándose siempre, profanando los amores más sagrados y más puros, porque no hay pureza en el amor que dicen sentir, siempre hay falacia, siempre hay engaño, siempre hay ambición, siempre hay el deseo de ser el primero... qué les importan sus hermanos... pero aquí estáis vosotros hermanos míos de muchos siglos atrás, aquí estáis vosotros haciendo patria, porque patria es el espacio, y vosotros, que ya no adolecéis del falso amor patrio, cumplid vuestra obra, desenmascarad a los cobardes, a los hipócritas, a los que hacen burla del nombre de la patria y no hacen más que lucrar para sí mismos. Aquí estáis vosotros gritando la verdad; aquí estáis vosotros demostrando que el amor puro existe todavía en la Tierra, que el amor entre hermanos puede ser una realidad; que la humildad es corona, no de los débiles, sino de los valientes, y así sois vosotros. Lanzaos, pues, a la lucha, pero con más ímpetu, con más ardor.

Veo que estáis haciendo obra, pues seguid adelante y ahora, vosotros sabed que el poderoso Rey Cuauhtémoc fue un humilde hermano que no hizo nada: todo se debió a las circunstancias... un hombre joven, con ideas apasionadas, con pocos horizontes, con pocas leyes y un pueblo pequeño... no hizo nada para sentir ahora vanagloria... sintió la responsabilidad, pero no fue un héroe ni un mártir... le tocó ser escogido para desempeñar ese papel y lo desempeñó sin jactancia, sin orgullo. Os lo digo a vosotros, hermanos mexicanos, para que no sintáis por mí esa admiración que ahora quieren encarnar en mí, que yo comprendo que es sólo obra de la Ley para purificar un poco a las juventudes actuales.

Haced obra de amor, pero no de amor patrio, de amor pequeño; haced obra de amor universal y decid a los hombres que deben amarse como hermanos, como os amáis, vosotros.

-¿Me permites una pregunta, hermano?

-Sí, hermano; su está en Ley con gusto te contestaré.

-Quería preguntarte si los restos descubiertos en Ixcateopan son realmente los tuyos.

-Sí, hermano; así puedes decirlo.

-Yo me lo había imaginado desde un principio y cada día se está comprobando científicamente.

-Sí, hermano. Adiós a todos.

Cuauhtémoc.

Joaquín Trincado
Jueves 6 de Julio de 1950
Médium Hortensia- Escritura

Cuando el corazón se recoge en sí mismo; es decir, cuando el espíritu se abstrae, se reconcentra, reflexiona y recapacita sobre los aparentes misterios que nos rodean, que realmente lo son para el ser encarnado, pero que, cuando se pone en contacto con el éter y en comunicación con los seres que lo rodean, es cuando su luz se extiende y se afina al contacto de los seres que son sus guías, sus protectores, es decir, sus preceptores y su luz amplía su radio de acción tomando fuerza de los que lo rodean, aparecen con toda claridad y dejan de ser misterios para él.

Esto es un momento de verdadera satisfacción, tanto para el que, en su abstracción agranda su irradiación como para los que lo asisten en su esfuerzo.

La reflexión lo hace ver la misión que trae en la actual encarnación y, en cumplimiento de su deber, toma fuerzas para seguir desarrollando sus energías, para poder cumplir esa misión aunque la materia se sienta débil y parezca que es inútil para llevar a cabo esas obras que, si materialmente lo supiera, se asustaría al saber lo que está señalado a ejecutar; pero es necesaria la materia para poner en práctica acciones que sólo la materia puede ejecutar, puesto que es la materia la que vamos encauzando para la liberación mundial de nuestro movimiento que, en espíritu, hemos trazado para el mejoramiento del sistema mundial económico, que se empieza en pequeño y con seres que parecen obscuros de origen, pero que es en ellos y de ellos de los que depende un movimiento de tanta trascendencia como lo es el que actualmente se está verificando, pues su política está cambiando la faz del mundo.

Ya se ha regado bastante la semilla y la cosecha está próxima; no habrá poder que la obstruya porque está protegida por toda la Cosmogonía, que, en justicia, se pone de nuestra parte.

No importa que los hombres se maten y sigan defendiendo una supremacía próxima a desaparecer para quedar sólo la fraternidad y el amor, y tendréis que poner en práctica la verdadera comuna aunque encontraréis dificultades; pero los tropiezos serán vencidos y el pueblo será vuestra gran palanca para seguir siempre adelante, implantando las leyes que les dictaremos para mayor acierto.

Recoged vuestra fuerza, que lleváis la antorcha encendida dentro de vosotros mismos y, en el momento oportuno lucirá para iluminar la obscuridad que este movimiento fratricida trae consigo.

Mientras tanto, estudiad para que no os encontréis débiles sino que, con vuestros razonamientos, podáis vencer a los pusilánimes, a los timoratos que, sin embargo, llevan en sí el deseo de la fraternidad y el amor.

Así que adelante, siempre adelante y no os separéis de este centro que es donde recibís la fuerza para la actuación del futuro.

Vuestro Maestro.

Joaquín Trincado