Joaquín Trincado
Lunes 5 de Junio de 1950
Médium Margarita - Posesión

Hermano: se me acerca una mano negra empuñando un enorme mazo que trata de descargar sobre mi cabeza.. ya llega... ya está aquí... (la hermana médium lanza una exclamación de terror al ver caer el terrible mazo y levanta las manos para detener el golpe)... en el momento de ir a tocarme la cabeza, una vigorosa mano blanca la detiene en el aire, tuerce la mano negra que lo sujeta y el mazo se transforma en un yunque... no veo quien es, pero oigo una voz que le dice al que lleva el mazo, que ha ido a trabajar en ese yunque y que el mazo que llevaba para cometer un crimen se ha convertido en u n instrumento de trabajo para dar forma a cosas útiles y benéficas para la humanidad.

Ved que hermosa es la fragua. Del mismo hierro son el yunque, el mazo y la varilla que se calienta al rojo vivo para que, sobre el yunque, con el mazo, sea transformada en la forma que el amo, que es el herrero, ha mandado.

Ved que hermoso trabajo... esos golpes... ese rintintín, cómo alegra el oído, como alegra la vista el fuego en que se calienta la varilla de hierro para ser convertida en un objeto útil y bello con ese mazo implacable; con qué fuerza se descarga sobre ella y cómo, golpe tras golpe, la va contorneando, la va formando.

Y ved el yunque resistente, sufrido, que no se estremece al sentir el contacto de la varilla, roja por el fuego, que se golpea sobre él por aquel mazo vigoroso.

Esa es la fragua de la vida; esa es la vida misma del hombre -materia, espíritu, alma- que al rojo vivo del dolor tiene que depurarse, tiene que tomar la forma que el Padre le señale para que sirva en la vida misma.

Así, ese mazo, que es la vida, y así ese yunque, que es su propio "yo", que resiste también, son todos los elementos necesarios para dar forma, para dar belleza, para transformar en objeto útil aquella varilla que se ha calentado al rojo vivo y que sólo así puede dominarse, sólo así puede labrarse a capricho de su amo, que es el espíritu, hermanos míos, el espíritu que necesita el fuego sagrado del dolor, el espíritu que necesita de su propia lucha, sus propios elementos para ser también convertido en instrumento -hijo del Padre- capaz de servir, capaz de trabajar, capaz de elevarse por sí mismo, a golpes del mazo de la experiencia y con el fuego del dolor.

Esa es la labor del Padre, esa es la labor de la Naturaleza, esa es la labor del hombre, que asciende por sí mismo, porque de otra manera no se puede fundir, de otra manera no se puede labrar, de otra manera no se puede contornear, y aquel espíritu rudo, como aquella varilla informe, aquel espíritu grueso, porque así vino, tiene que, con su propio dolor, con el propio esfuerzo, someterse a los golpes del mazo para tomar la forma que debe tener, según la misión que va a desarrollar en su existencia.

¡Qué hermosa es la fragua de la vida! ¡Qué grande es el Padre, que en su sabiduría, ha permitido esto y que en objetos materiales os permite estudiar y comprender toda su obra!

Los elementos son los mismos; pero el hombre los emplea en cosas diferentes, en cosas nuevas.

Ya veis cómo ese mazo, que venía dirigido a la cabeza de la hermana, se ha transformado en un yunque y, después, ese mismo mazo ha servido para conformar esa varilla.

¿No veis en ello una lección muy hermosa, muy profunda y muy sencilla para ser comprendida?

Eso es la vida, hermanos míos, eso es la vida y, sin embargo, os retorcéis de dolor y vociferáis y blasfemáis contra los golpes de ese mazo, que es la experiencia, que es el dolor, que es la sabiduría.

¿Cómo adquirir un nuevo contorno? ¿Cómo adquirir una nueva forma, una nueva curva en la punta? ¿Cómo adquirirlos si no es a golpes de mazo cuando la varilla está ardiendo al rojo blanco? ¿Cómo adquirirlos si no es forjando el hierro?

Los presuntuosos creen que con sus libros se elevan, que con sus libros aprenden, que con sus libros se perfeccionan y desconocen que no hay más medio para purificarse que el dolor, el trabajo, los golpes del mazo de la vida. Esa es la presunción de los sabios, esa es la presunción de los ricos, que creen que con dinero lo consiguen todo; esa es la presunción de todos los ignorantes; pero a vosotros no os puede sorprender nada porque sabéis que sólo el dolor purifica todo; que sólo el dolor lo embellece todo.

Las obras más grandes y bellas de la Naturaleza ¿cómo son conformadas? con el dolor de la tierra, con el extracto de tantos elementos que se filtran a través de sus entrañas y lentamente, dolorosamente, se van abriendo paso, purificándose en las rocas y en el fuego del centro de la tierra para salir a la superficie transformándose en árboles, en flores, en frutos... y así os asusta el dolor que os acosa a vosotros. ¿Por qué si vosotros comprendéis esta belleza, si vosotros comprendéis esta prueba de amor de nuestro Padre?

No os asuste nada, al contrario, sed valientes para el dolor, sed valientes para la lucha, grandes en la decepción, porque ya sabéis que es una nueva experiencia que os ayudará a triunfar mañana, si os sentís derrotados hoy. ¡Valor, hermanos!

Esta es la escuela, también, que en la obscuridad, en las entrañas de vosotros mismos, se abre paso a descubrir la belleza de vuestro espíritu y ponerlo en condiciones de escuchar la llamada que se os ha hecho.

Esta es la escuela que trabaja, como en las entrañas de la tierra, en las tinieblas del espíritu, hasta lograr romperlas y hacer que brille para él la luz, la luz de arriba, la luz del Padre, y así, a golpes de mazo y al fuego en que se puede fundir el mismo hierro, se tienen que fundir también los espíritus para que sean miembros de ella y para que, dentro de ella, trabajen y sirvan, no de adorno ni de belleza, sino como soldados valientes que deben triunfar porque ha pasado ya la hora del rojo vivo, han pasado ya por los golpes del mazo y de la fragua divina, de la fragua del dolor, de la fragua del trabajo, de la fragua de la lucha; han creado los destellos con que ahora deben brillar esos espíritus que se han formado dentro de la Escuela Magnético-Espiritual de la Comuna Universal de que he sido fundador.

Así, después de esta lucha, después de este dolor, iremos, todos unidos, "Siempre más allá".

Joaquín Trincado.