Joaquín Trincado
Jueves 15 de Junio de 1950
Médium Virginia - Escritura

Os saludo, hermanos amados.

Cuántas pruebas pasáis, y así hemos pasado todos, no lo dudéis, y es necesario, pues si así no fuera, ¿qué mérito tendría lo que no ha costado ningún sacrificio?

No, hermanos míos, lo que más cuesta se aprecia mejor; siempre es necesario el sacrificio porque sólo el dolor da el temple requerido, sólo el dolor acrisola los sentimientos.

¿Cómo podríamos amar si antes el dolor no hubiera sensibilizado el alma?

Cada prueba es un grado en la ascensión hacia el progreso y no extrañéis que cada vez esas pruebas sean más fuertes; así debe ser pues cuanto más resistís, cuanto mayor es la fortaleza del espíritu, está en disposición de afrontar mayores y más terribles pruebas que le dan temple y potencia, que es progreso y luz.

Así que si ambicionáis llegar a ser sabio, preparaos al sufrimiento y sin miedo, sin cobardía, a sabiendas de que sólo en el dolor podréis recoger la flor preciada y bella.

Nada se da de regalo, no sería justicia; todo hay que ganarlo.

Cuando habéis llegado a esta Escuela ya habéis pasado pruebas duras; pero os esperan otras aun.

Y no es para haceros un ambiente pesimista que os lo digo, es para que sepáis claramente lo que llega a vosotros, que lo sabéis porque la conciencia os lo grita, pero pensáis, meditáis y dudáis, mas no dudéis, quiero veros grandes, potentes, llenos de luz, y por eso os aconsejo amorosamente.

Vosotros mismos os proporcionáis esas pruebas penosas; vuestro espíritu, sediento, ansioso de sabiduría, busca, llama a sus afines y pide luz, pide trabajo, actividad, y la justicia obra.

Vosotros veis los efectos, pero no remontáis las causas.

Estad seguros de vosotros mismos. Sed valientes, sed fuertes, no os dejéis abatir tan fácilmente.

Pedís mucho y, cuando os llega, no sabéis qué hacer.

Sed verdaderos espiritistas a los que nada puede arredrar.

Los mayores y más temibles espantajos para el vulgo son la muerte, las supersticiones, el infierno, la gloria, etc.; todo eso, para vosotros, ya no existe; entonces ¿qué podéis temer?

En realidad sois fuertes y casi invulnerables, pues solo por un lado podéis caer, esto es cuando permitís al odio florecer en vuestro corazón.

Así quiero que seáis completamente concientes y que sepáis arrostrar todos los peligros con serenidad. ¿Por qué temer? alegraos como el marino que lucha entre bravas tempestades, sabiendo que ha de llegar a puerto.

Vosotros ya podéis reír y cantar en medio de las más grandes calamidades; sois estudiantes de filosofía y estáis armados para todas las contingencias.

Vosotros sois ricos aun en la mayor pobreza; poseéis tesoros que nadie os puede arrebatar.

Vosotros podéis gozar aun en el más cruel dolor, porque sabéis que os purifica, que saldréis del tormento más puros, más luminosos, más sabios.

Sabed comprender la vida, vivid racionalmente, estudiándola, y no solo en vosotros, en todos los que os rodean.

¿Qué os dice el Universo en sus mil y mil voces? Ama y aprende, estudia la sabiduría del infinito.

Oíd, pues, esas voces; oíd a vuestros guías, a vuestros protectores, y a enderezar el rumbo y proa hacia adelante sin temores, a sabiendas de que vais a la lucha porque así la habéis pedido. No estáis aquí para disfrutar de calma, estáis para luchar activamente, y más en estos momentos en que todo se agita y se conmueve.

Os exhorto, pues, a la lucha, con tesón, con bizarría. Sois fuertes, sois grandes, tenéis lo que requiere la lucha. ¡Adelante, hermanos; seguidme, adelante, con ímpetu firme, sin desmayar: Es grande la obra, pongamos, pues, todas nuestras fuerzas en ella y pronto veremos con mayor precisión y claridad todo el fruto de nuestros trabajos!

Eloí os bendiga.

Joaquín Trincado