Joaquín Trincado
Viernes 5 de Mayo de 1950
Médium Virginia - Escritura

Oigo los hermanos lamentarse de una situación que ellos mismos se han creado, mas no lo saben, engañados por siglos, viven sin razonar, embaucados por una ilusión, por un falso y aparatoso concepto de vida.

En mis obras, dictadas por los Maestros del Universo, se expone un concepto racional y no se negará que en su forma amena, interesante y concisa, encuentra el estudiante amplitud para discernir y comprender todas las verdades que debe el hombre conocer.

Entonces, si está ya en las manos de la humanidad la doctrina que fue dada a la Tierra para el goce de su séptimo día, culpa es de los hombres no buscar acomodo entre sus afines.

Mas aquí la ley se manifiesta clara y austera. Ni antes ni después recibe el hombre la luz.

Ni un millonésimo de segundo escapa al control de la Justicia, todo se cumple con exactitud matemática, y tened por seguro que todos los que llegan a trasponer los umbrales de esta Escuela, lo hacen dentro de la justicia. Algunos llegan a tomar aliento, fuerza, luz para desarrollar su progreso; otros vienen a prestar su colaboración, firme y decidida, entre los asiduos colaboradores del espacio, los Maestros, pero todos, cada uno en su lugar, en su grado, llegan a cumplir el llamado del espíritu.

Pues bien, hermanos; no por esto que os digo vais a cruzaros de brazos, ni yo tampoco, ante el clamor de estos miles de hombres desahuciados del régimen absurdo de esta sociedad del Dios Oro.

Sus voces tienen una respuesta, y es hacerles recordar el juicio de mayoría y su promesa.

Es preciso cumplir. Es el espíritu el que debe dictar las leyes que llevarán a los hombres al régimen de amor, al régimen de la Comuna Universal.

El hombre llora y pide y el Padre nos marca un derrotero a seguir por medio de sus leyes justas y sabias.

Es pues necesario llamar a los hombres a la fraternidad haciéndoles saber que, toda de la que cada uno es capaz de desarrollar, y el santo propósito de trabajar por el mejoramiento conjunto y total de todos los hombres; abandonar egoísmos, desterrar los odios y dedicar las actitudes diarias a cumplir íntegramente con todos los deberes que el hombre consciente lleva impresos en su consciencia.

Os saludo y os pido abnegación y prudencia para seguir la línea de conducta que os habéis trazado.

Eloí os bendiga.

Joaquín Trincado.