Joaquín Trincado
Martes 6 de Diciembre de 1949
Médium Margarita - Posesión

Buenos días:

Amados hermanos, discípulos queridos, valientes soldados que me tributáis pensamientos de amor en este aniversario: yo os saludo con júbilo, con satisfacción, con amor muy grande.

Cuando el espíritu desencarna, los pensamientos amorosos constituyen para él una cadena; no saben los seres queridos lo que perjudican el momento de la liberación del espíritu con los pensamientos dolorosos, porque el dolor los embarga y es natural, es humano que se piense en el ser que se acaba de separar y eso, que en apariencia significa una prueba de amor, para el espíritu constituye una cadena de dolor; por eso se pide siempre que a la desencarnación de un ser querido no se le tributen pensamientos dolorosos sino recordarlo siempre con alegría, en los momentos felices de su existencia, y procurar embotar el dolor natural de esa reciente desencarnación, de la separación de aquel familiar o aquel amigo que fue tan amado.

Pasa el tiempo y cuando el espíritu se acostumbra ya a la nueva vida, cuando es ya el habitante del espacio consciente y feliz en su nuevo estado, esos pensamientos de amor son entonces verdaderos lazos de luz que lo atraen pero ya sin el lastre de los reflejos de la materia que tan poderosos son recién desencarnados y entonces esos pensamientos que la mayoría de los hombres no tributan ya a sus seres queridos porque su dolor fue material y solamente piensan en el que se va en el momento de su desencarnación, son para él motivos de satisfacción y alegría.

Cuando hay verdadero amor, cuando hay verdadera comprensión, cuando hay adelanto y progreso mayor, los escogidos, los que han ganado ya esta paz espiritual, siguen conviviendo con sus seres amados, siguen unidos a ellos, y esos pensamientos de amor son los lazos que los unen; pero no como cadenas pesadas sino como guirnaldas de flores, como rayos de luz, y el espíritu entonces se multiplica y sus vibraciones llegan a todos; por eso hay el fenómeno de que un mismo espíritu se comunique a la vez en varias partes, porque no es él, sino sus vibraciones las que vienen a tomar posesión de una materia sutil afín a él, que vibra también con su sentir. Desconocer este fenómeno, dudar de él es como si dejarais que el sol sólo alumbra a unos cuantos; es como si, poseídos del fanatismo de las religiones se creyera que sólo aquellos que participan de ella tienen la salvación eterna asegurada. ¿Qué no veis cuan grande es el sol, cómo vivifica a sus hijos de la Tierra, a todos por igual, pequeños y grandes, sanos y enfermos, negros y blancos, malos y buenos? Es el Padre, sol que vivifica; es el Padre, sol que caliente; es el Padre, sol que alumbra; es el Padre, sol que a todos da su amor por igual.

Así es el espíritu desencarnado; también, cuando ese espíritu alcanza un grado de progreso suficiente para engrandecerlo, cuando tiene la potencia para aumentar sus vibraciones, los rayos luminosos de su halo, entonces se multiplica y se manifiesta a todos aquellos que lo han amado y, también, a aquellos que no lo conocieron en  una existencia pero que fueron afines en miles de ellas; Así es que ya comprenderéis cuán grande es la ubicuidad del espíritu, cuál es su multiplicación y cuál la sorpresa que recibe al elevarse al espacio y reconocer a los afines de todas sus encarnaciones pasadas y aquel, que se sentía tan solo en la vida, comprende que tiene una familia numerosa y mientras más va viviendo más aumentan sus afinidades hasta que llegue el momento en que ha tenido intimidad, amor y cariño con todos los hombres de la Tierra que son, verdaderamente, sus hermanos.

Ya podéis comprender cual es la satisfacción del espíritu que se eleva al espacio y encuentra una familia numerosa, tanto, que ni siquiera la recordaba en materia.

Hermanos: no podréis comprender la satisfacción que se siente hasta que deis el paso a la nueva vida que os aguarda después de esta existencia dolorosa y por eso vengo a vosotros, atraído por vuestros pensamientos que constituyen para mí cadenas de flores, rayos de luz para mi espíritu, libre en el espacio, pero unido a vosotros en la gran obra, unido a vosotros en el amor, dándoos mi fuerza, dándoos mi ayuda y dándoos el valor que necesitáis para seguir adelante en esta lucha gigantesca, en esta lucha desigual, en apariencia, pero en espíritu tan fuerte, tan gallarda, tan poderosa.

Que Eloí os bendiga y así iremos todos siempre más allá hasta lograr el triunfo completo de la Escuela.

Joaquín Trincado.