Joaquín Trincado
Miércoles 12 de Octubre de 1949
Médium Margarita - Posesión

Buenos días:

Hermanos míos: muchos de vosotros, al oír la lectura (del referéndum de la U. H. A. O.), habréis pensado que ha sido un fracaso la Unión Hispano-Américo-Oceánica porque ¿dónde está esa Unión? ¿Qué ha hecho en tantos años, desde que fue establecida? diréis pero ya sabéis que lo que es ya no puede dejar de ser, y si los hombres, en materia, no la reconocen, la sienten sus espíritus y tendrán que obedecerla.

Fue un ensayo que hizo el hombre encarnado, que fui yo, que tuve que someterme, también, a las leyes de la materia y mi campo visual no pudo ser tan amplio como el del espíritu desencarnado; pero hasta donde abarcó mi vista, aun con la pasión nacionalista de mi pueblo español, pensé en que era más fácil la unión, entre pueblos del mismo idioma, de la misma raza y, sin embargo, ahora veo que fue pequeño el proyecto y que los hombres no lo comprendieron; pero la Ley, que no se equivoca, permitió que estallara la segunda guerra mundial y después de ella, cuando los hombres sintieron el hambre, cuando los hombres sintieron el horror de la tragedia, cuando los hombres sintieron en sus carnes el dolor de la metralla, cuando vieron destrozadas sus ciudades, sus aldeas, sus hogares, cuando vieron estuprar a sus mujeres a sus hijas, sacrificados a sus pequeñuelos, cuando vieron que todo se había perdido, buscaron el porqué y sus espíritus lo han encontrado.

Buscaron el porqué y encontraron la causa y comprendieron que todos los hombres son hermanos y que habían faltado al mandato divino y sus espíritus buscan afanosos la solución de ese gran problema que no supieron comprender ni resolver... y aquí está la grandeza de la Ley, que saca bien del mal; pero diréis: ¡Cuántos horrores! ¿Cómo es posible -como dicen los católicos- que un Dios justo y misericordioso haya permitido esta barbarie? ¿Cómo es posible que haya permitido el sacrificio de tantas vidas inocentes? ¿Por qué? Porque los hombres no se castigaron solos sino que recibieron las consecuencias de su ignorancia, se les llamó y, sin embargo, no escucharon, no comprendieron, en materia y entonces la Ley tuvo que proceder con dureza porque los tiempos son llegados y ya veis ahora la Unión de razas que se está verificando por medios tan duros tan dolorosos y sin embargo, los americanos, que se creen tan superiores en su raza, han ido a unirse a mujeres del Japón y hay millares de niños ya, fruto de esas dos razas tan contrarias y ya veis, los que fueron enemigos en la guerra, franceses y alemanes, ingleses y alemanes, polacos, rusos, todos unidos por la fuerza de la atracción sexual y no nada más por eso, porque entre ellos ha habido grandes afinidades que los han unido en materia y han dado frutos hermosos, esos niños de razas enemigas que cristalizan un ideal: la unión de todos los hombres de la Tierra y esa nueva raza está ya sobre la Tierra, es el fruto de la guerra terrible y hacia todos los países llegan ya oleadas de extranjeros, que vienen también a vuestro suelo y también se unen con vuestras mujeres y porque el cruzamiento de las razas da productos muy hermosos, ya estáis palpándolo, estáis viéndolo; así es que este ensayo que quisimos hacer con el establecimiento de la Unión Hispano-Américo-Oceánica ha cristalizado enormemente más grande y así se formarán los ciudadanos, no de una ciudad ni de un país, las nacionalidades se acabarán; no serán los ciudadanos de una confederación sino que serán los ciudadanos del Mundo para prepararse a fin de ser, después, ciudadanos del Universo.

Estas, pues, satisfechos y ved que este ensayo tuvo éxito, que fue el llamado a los hombres y no lo entendieron, y por eso la Ley tuvo que obrar con rigor, con dureza, porque así lo necesitaban.

Y ahora surgirá la nueva raza, surgirán nuevo Gobiernos hasta que formen uno solo, de Amor y Justicia para que se prepare ya en la Tierra la vida dentro de la Comuna de Amor y Ley.

Tened valor y esperanza; no hemos fracasado; la idea está ya en todos los cerebros, el fuego del amor Universal está en todos los corazones y los espíritus trabajan porque se realice esta unión de todos los hombres de la Tierra, porque vendrá ya la raza producto de la fusión de todas las existentes actualmente y cooperará también la misma Tierra que cambiará en sus latitudes para que, con nuevos climas, cambien los colores de los hombres actuales y aparezcan los nuevos hombres, surja la nueva vida y la luz se derrame a raudales sobre nuestra amada Tierra.

Tened esperanza y seguid luchando y, todos unidos, iremos "Siempre más allá".

Joaquín Trincado.

Joaquín Trincado
Lunes 3 de Octubre de 1949
Médium Margarita - Posesión

Buenos días:

Quiero hablaros un poco sobre este tema tan hermoso.

El error de la mayoría de las madres es querer que la hija, al unirse a un afín, sea completamente feliz.

Es cierto, desean que forme un hogar, la madre la ha preparado cuidadosamente y quisiera quitarle todos los escollos que pudieran amenazar su felicidad, pero la madre que ha estudiado, la madre que ha concurrido a la Escuela, a la Escuela donde se le dan tan sabias doctrinas, sabe que los hijos traen una misión y que ella no debe obstruirla cuando el hijo, o la hija, se siente atraído por un amor grande hacia un hermano afín, aun sabiendo que tiene inconvenientes, aun sabiendo que tiene vicios, aun sabiendo que va al fracaso en el matrimonio. La ley es más fuerte que ellos y los obliga a cumplir misiones pesadas, y los obliga a cumplir trabajos que los prepararán para encarnaciones futuras. ¿Qué sabéis vosotros de lo que la ley determina?

Qué satisfechos se sienten los padres cuando casan a sus hijas con un hombre que parece perfecto porque lo tiene todo: juventud, salud, posición, educación, pero pasa el momento, termina la misión y entonces viene el desencanto y viene la ruptura de aquel matrimonio que se cimentó sobre bases tan buenas y, al parecer, tan sólidas.

Así es que no queráis perfecciones; si ella se siente atraída por él, no obstaculicéis su camino, dejadlos cumplir la misión que la Ley les impuso.

La unión de dos afines en la tierra obedece, en primer lugar, a la ley de procreación, que entra en acción; pero ya veis el por qué de los grandes fracasos en el matrimonio.

Cuando no son del mismo progreso, cuando pertenecen a distintas creencias religiosas, se unen y, muchas veces, son felices porque la ley los obliga a cumplir algo que traían atrasado, y los une de los extremos más lejanos de la Tierra, de las filosofías y de los credos más encontrados y, sin embargo, puede haber felicidad y cuántos hay que se casan siendo del mismo pueblo, amigos desde la infancia, y unidos por el mismo sacerdote que los bautizó, cumpliendo con todas las doctrinas de su iglesia, que llevan ya el camino sembrado de flores, que no temen nada porque todo está arreglado de antemano, y ya veis, hermanos, qué tragedias y hasta crímenes se cometen dentro de aquellos matrimonios que bajo tan buenos auspicios se concertaron y, sin embargo, cuántos afines que se unen en amor, sin más Ley que la de su propia atracción, la de su propia afinidad, forman un hogar feliz, pasan una existencia buena y dan a la vida nuevos seres y dan materia a espíritus grandes que se distinguen.

Así es que ¿qué puede decirse respecto al matrimonio? Únicamente la afinidad espiritual. Si la afinidad espiritual es buena, si la ley lo permite, vendrá también la afinidad carnal, la afinidad material.

Es gran error, también, unirse nada más por la afinidad de la carne; entonces cumplen con la ley de procreación, pero después vendrá la separación, porque no había afinidad espiritual.

Vosotras, madres que me escucháis, tened en cuenta este estudio y si vuestros hijos, o vuestras hijas, van a cometer, en apariencia, un gran error, acordaos que, si está en ley, no será error sino el pago de una deuda o el cumplimiento de una misión o la preparación para otra vida más allá y no os ofusquéis, no les coartéis su libertad; por eso debéis educarlos dentro de un criterio amplio, grande, racionalista, como el que se tiene con las doctrinas de esta Escuela, y así se formarán hermosas familias, libres de prejuicios; nuevos paladines para luchar por la causa noble en que todos estamos empeñados.

Joaquín Trincado.