Joaquín Trincado
Viernes 25 de Abril de 1947
Médium Margarita - Posesión

Buenos días:

El hombre primitivo, como las bestias, necesitaba del látigo para obedecer. El dolor en sus carnes lo hacía entender, lo hacía comprender. Poco a poco aquel hombre, fustigado por todos los dolores físicos, fue concibiendo la idea de otra vida y fue forjándose un ideal, aunque con fines egoístas; quería descansar, y así como dormido soñaba en cosas mejores, así, despierto, también soñaba en otra vida menos duras.

Poco a poco fue teniendo una vida mental, después una vida espiritual; pero cuántos siglos se necesitaron para cuajar aquel ideal; de allí surgieron las religiones, prometedoras de una vida mejor.

Sí; el hombre lo necesitaba; estaba muy atrasado; luego vinieron los temores y esas religiones, astutas y falaces, idearon el infierno, discurrieron el purgatorio y el hombre, amedrentado, cansado de los sufrimientos de su vida terrenal, no quería ni pensar en otra vida en que tuviera que sufrir, quizá más, y por ese temor, por ese egoísmo que más bien era material, procuraba obrar dentro de las leyes que los hombres habían dictado; pero aun así, con estos sufrimientos, con estos engaños, con estos temores, cuyo origen era nada más su propio egoísmo, el hombre fue progresando y así fue como, al llegar el tiempo marcado por la Ley, cuando la humanidad tuvo el progreso suficiente, se creó la Escuela Magnético-Espiritual de la Comuna Universal.

Se fundó en la Tierra, aunque no por primera vez.

La Escuela ha existido siempre, porque está basada en las leyes y doctrinas que rigen a todo el Universo y así como existe la electricidad, desde un principio, hasta hace muy poco que el hombre, cuando tuvo el progreso necesario, la captó para su uso material, así se le dio al hombre, también la llave que le abría el tesoro de los tesoros: la Escuela, fuente donde abrevaría su sed de tantos siglos, la clave de todos los misterios, la solución de todos los problemas, la claridad en todo lo que era obscuridad.

Cuánto se ha avanzado, cuánto ha progresado el hombre encarnado.

Y ahora os pregunto a los que habéis estudiado en esta Escuela ¿hacéis buen uso de las doctrinas que se os han enseñado?

El Espiritismo es grande, es noble; el Espiritismo es todo, ya lo sabéis; pero los que ya sabéis que se vive millones de veces, ¿no habéis dicho: qué importa que no lo haga en esta vida, si voy a volver a la Tierra, y esto que me ocurre es una prueba? No; todos lo decís, que es una deuda; pero pocos pensáis que es una preparación para el futuro, y esto os trae una indiferencia, una apatía, porque no pensáis: "sí, tengo que progresar lo más que pueda; en esta vida tengo que pagar mis deudas para que la próxima sea más hermosa todavía" no; os llega cierta conformidad, se apaga en vosotros la ambición, la ambición noble, el dinamismo ya no es igual porque decís: "voy a volver, entonces lo terminaré; es una obra que voy a dejar a medias porque no puedo concluirla; los deberes de la vida me imponen tareas que me quitan todo el tiempo; no puedo estudiar, no puedo cumplir..." y cuántos, aun de vosotros, triste es decirlo, cometéis faltas con toda conciencia, y decís: "todo cabe en la magnanimidad del Padre; hay tiempo para deshacer lo hecho; ahora no tengo otra salida"; sí, fue la más cómoda, la que se os ocurrió primero; pero sabéis que habéis faltado, y habéis faltado a vosotros mismos, porque habéis detenido vuestro progreso.

Muchos de los hermanos de la Escuela y otros muchos que saben que existe el Espiritismo, que tienen facultades, se aprovechan de ellas y cometen numerosas faltas solapadas por la palabra Espiritismo. Saben, en el fondo, a conciencia, que existe la comunicación con los hermanos desencarnados y, sin embargo, lo cogen como bandera para estafar a estos hermanos que van, de buena fe, en busca de alivio material, de alivio espiritual, diciendo: "ya lo pagaré; todo cabe, porque voy a volver a la Tierra... hay mil existencias por delante, ¿qué importa que retroceda un poco, que no de ahora ese paso adelante que tengo que dar?" No, hermanos míos: la Escuela no solapa vuestras faltas, vuestra indolencia ni vuestra apatía. La Escuela os estimula siempre a seguir adelante, porque ya habéis asumido toda la responsabilidad, como todo aquel que ha respondido al llamado de presencia que se os ha hecho.

Y vosotros, estudiantes de esta Escuela, vosotros espíritus ya progresados, puesto que estáis aquí, dentro de esta casa, que es la casa paterna, no penséis que se os disculpa todo, ni penséis que el libre albedrío no tiene, también, un límite. No penséis que los plazos no llegan; todos se cumplen y ya sabéis que se obra al gramo, al centímetro y al segundo.

No olvidéis vuestras responsabilidades con la Escuela; no olvidéis que, cada existencia, se os lleva cuenta de la más pequeña de vuestras acciones y del más humilde de vuestros pensamientos.

Trabajad por ella y sed siempre dignos hijos de la Escuela Magnético-Espiritual de la Comuna Universal de la que me tocó, en Ley, ser el fundador.

Que Eloí os bendiga y que seáis dignos de la promesa que habéis hecho.

Joaquín Trincado.