Mercedes Riglos Cosís de Trincado
Viernes 16 de Noviembre de 1945.
Médium Margarita - Posesión

Paz y amor, amados hermanos:

La mediumnidad es un don que concede el Padre a los espíritus que saben ganarlo.

La humanidad de la Tierra ha llegado a un grado de progreso en que millones de espíritus encarnados manifiestan sus facultades medianímicas; pero la ignorancia, la ambición, han hecho que esas facultades se usen mal y se malgasten... mas si vierais qué duro se paga esto.

La mediumnidad es para bien o para mal y aquellos que tuvimos la dicha inefable de ser desarrollados, de ser manejados, de ser fortalecidos por un espíritu grande, poderoso, inmenso, lleno de luz de sabiduría, olvidando que nada en la vida del encarnado puede durar eternamente, sentimos un descontrol, un desequilibrio cuando aquel fuerte, poderoso, luminoso, inmenso ser que nos sostenía nos falta cerca... y este es mi caso.

Yo trabajé tanto pero que dulce era mi trabajo; luchaba al lado de un compañero que constituía todo para mí, porque su luz lo iluminaba todo y para mí no había tinieblas; pero estaba en Ley que se había de ir él primero que yo y yo, como débil mujer, en una pequeña crítica de mi vida material, sentí tanto su ausencia que, como una crisálida, me encerré en un capullo, y entonces vino el dolor, la inconformidad... vino la duda y las tinieblas me encerraron.

¿Cómo podría negar mis facultades medianímicas cuando leo las comunicaciones tan importantes transmitidas por mi conducto?... y sin embargo, tengo momentos de creer que no era yo sino que era la luz que recibía, la luz del sol, que era la fuerza de él que me animaba, que era la potencia de él que me sugestionaba, que era la luz de él que se reflejaba por mi pobre materia.

Hoy siento necesidad de decirlo porque ahora nada recibo, no hay intuición, no hay luz y me veo acosado por la duda, ¡la terrible duda! y me siento flaquear. Tal parece que me han quitado un lado de mi cuerpo y el otro se balancea falto de equilibrio. Mi lucha es dura; no se de quién confiar; después de haber vivido cerca de aquella luz todo lo demás es obscuridad, todo es falso para mí; por eso pido que no seáis duros para mí porque soy la primera en extrañar la vida mía que era tan distinta antes, porque era calentada, porque era fortalecida por aquel gran espíritu que fue mi compañero, el Maestro de todos: Joaquín Trincado... no había alcanzado el progreso espiritual necesario para sobre llevar la terrible prueba de su separación... ni yo misma sabía lo que significaba para mí hasta que hube de perderlo, y aun ahora, después de años aciagos de lucha terrible, no he podido recobrarme y no he podido ocupar el puesto a que mi espíritu estaba llamado; pero los médiums, sobre todo las mujeres que me escuchan, podrán comprender la sensación de vacío y de tristeza que aun me embarga, la debilidad espiritual que hace que mi cerebro se llene de dudas y no confíe en nada ni en nadie.

Tal es mi situación, tal es mi caso.

Habéis escuchado una lectura interesante sobre la responsabilidad de los médiums; yo la asumo y ahora, sintiéndome débil, sintiéndome confusa, sin poder distinguir si son intuiciones o es mi propio pensamiento, no me atrevo a dejar salir esa facultad que tanto bien hizo para la causa.

¡Dadme vuestra fuerza y vuestra confianza para que yo no vuelva a sentir que estoy sola!

Él también parece que se ha retirado; yo esperaba recibirlo, pero mis dudas tal vez me alejan de él.

¿Qué soy?

¿Por qué estoy ocupando un lugar, una posición que no puedo desempeñar?

¿Obro bien u obro mal?

¿Recibo intuiciones o soy yo misma, mi pensamiento propio el que actúa?

Es un caos mi vida y es un caos mi cerebro. ¿Negar la vida del más allá, negar la existencia del espíritu, la vida eterna y continuada?

No; pero hay momentos en que mi ofuscación es tan grande que me parece que no he vivido mi vida anterior, me parece que voy a ciegas por un océano de incertidumbre.

Decepciones, amarguras, privaciones hacen mi vida triste y desolada. Tengo el cariño de mis hijos, pero ¿cuántos de aquellos amados alumnos de la Escuela piensan en mí con amor?

¿Cuáles son los verdaderos? ¿De quién puedo confiar?

¿La justicia será estrecha para mí?

¿Cuál es mi responsabilidad?

Hermanos míos: os hablo en amor y pido vuestros pensamientos, y pido vuestro juicio también sereno y justo y pido que penséis en las razones que os he dicho humildemente, pero con sinceridad, para que me disculpéis mi apatía, mi indolencia, hija de la incertidumbre en que vivo.

Que el Padre os ilumine y me ilumine a mí también.

Mercedes Riglos Cosis de Trincado.