Joaquín Trincado
Viernes 2 de Febrero de 1945
Médium Margarita - Posesión

Buenos días:

Se vanaglorian los hombres de la Tierra de sus triunfos y conquisas. Se vanaglorian de sus descubrimientos y se pasan muchas vidas en los laboratorios descubriendo pequeñeces del espacio, pequeñeces que en la Tierra la naturaleza les brinda, pero sus ojos miopes nop habían sabido descubrirlas y, después de grandes esfuerzos, logran coger algo de lo mucho, de lo infinito que les da el espacio.

Han construido pájaros de acero y han creído que conquistan el espacio y esos pájaros de acero -que creen perfectos- al arrancarles una pluma se desploman, lo que no le pasa al pájaro más pequeño, obra del Creador.

¿Estos son los triunfos del hombre?

¿Dónde está su gloria?

¿Qué han hecho de las drogas descubiertas?

Después de años y años de estar con los microscopios, de estar con los reactivos y las substancias, busca y busca, logran encontrar algo, que se les brinda, sí, porque está en Ley, pero que no emplean para beneficio de sus hermanos, por que si acaso encuentran algo que cure, si logran descubrir un paliativo para los dolores de la materia, lo venden por dinero y no lo dan a todos por igual y un pequeño descuido, -que está en justicia que suceda- puede ocasionar, no la salud y la salvación de muchos cuerpos, sino la perdición de ellos. Por eso véis las grandes hecatombes, las grandes desgracias.

El hombre crée que todo lo puede con su cerebro mágico y, sin embargo, ya veis a lo que se expone y lo que sucede, ¿por qué? porque los hombres ignoran la gran verdad y porque no han querido aprender la máxima salvadora "Ama a tu hermano".

Parece que en la Tierra ahora seguís la máxima de "Odia a tu hermano, mátalo, destrúyelo, perjudícalo"... y ya véis lo que sucede, ya veis que lejos están de la verdad.

¿Por qué niegan?

¿Por qué se obcecan en sus errores?

Porque no conocen que el Espiritismo todo lo puede y que, si ellos quisieran, abriendo los ojos y levantándolos, encontrarían la verdad, encontrarían la clave de todo lo que para ellos es todavía misterio.

¡Bendito el Espiritismo que todo lo puede!

¡Bendito el Espiritismo que todo lo sabe!

¡Bendito el Espiritismo que os da la clave de la felicidad verdadera, porque la felicidad verdadera no es más que la conciencia del deber cumplido y su corazón lleno de amor que se abre para todos por igual!... pero esta verdad la desconocen los hombres de la Tierra y por eso viven ahora en un cáos de turbación, en un cáos de tormentos que no conduce más que a la locura que os envuelve a todos.

¿Por qué negar?

¿Por qué no querer ver?

¿Por qué no querer oír la verdad que en todos los ámbitos del Universo se os expone en tan variadas formas?

¿Por qué no querer comprender la misión verdadera de aquellos hermanos adelantados que hemos venido a enseñaros el único camino que os conducirá al verdadero triunfo?

¿Por qué negar todavía si estáis palpando, si estáis viendo que en este siglo de las luces no podéis conquistar lo que habéis creído?

¡Qué ciegos y qué ignorantes son todavía los hombres! Se os ha dado un manantial de aguas purísimas y no bebéis de él; se os ha enseñado un faro que alumbre vuestro camino y os tapáis los ojos para que su luz no os deslumbre; se os ha establecido una Escuela, la Escuela Magnético-Espiritual de la Comuna Universal y no queréis venir a ella, la negáis, la perjudicáis y los mismos que han sido llamados a filas y que han respondido en el momento que se han alistado como soldados, como alumnos en esta Escuela grandiosa que es la que conduce a la luz, que es la que enseña la verdad, esos mismos la destruyen, la denigran y se alejan de ella.

Ya podréis comprender la tristeza de los hermanos Misioneros, el dolor que embarga nuestros espíritus al ver que nuestra lucha titánica, hay veces que nos parece vana, hay ocasiones que parece que no hemos hecho nada y seguimos, como acaba de decir el hermano Juan (el solitario), atados a la Tierra, uncidos al yugo porque vosotros, hermanos míos, los que no habéis acatado la Ley, todos aquellos que se ponen la mano en los ojos para no ver la luz, nos detenéis y formáis nuestro lastre que no nos permite elevarnos.

¿Por qué no romper esa cadena?

¿Por qué no quitarse la mano de los ojos y ver de lleno la luz que os alumbra, la luz que está en justicia que brille ya sobre vuestro mundo?

¿Por qué no recurrir a esta Escuela, a sus máximas, a sus doctrinas, a esos libros, mal escritos pero que enseñan tanta verdad?

¿Por qué no estudiar y aprender más que esos sabios que se encierran años y años en los laboratorios para descubrir una pequeñez, que ya existía en vuestro mundo?

Porque cuánto sufrís; pero es vuestra culpa.

Es tiempo ya de que tengáis voluntad para estudiar, para trabajar; no sólo aprendáis las palabras, ejercitad las obras porque ya sabéis que la fe es de obras, que no queremos fe ciega, que queremos fe razonada, que queremos vuestras obras porque esas obras se acumularán en el platillo de la balanza y sobrepasarán al peso de los otros que no saben todavía cómo deben obrar.

No sintáis cobardía ni vanagloria; de nada podéis jactaros porque todavía estáis muy atrasados.

Seguid el camino que os traza, el camino que se os ha enseñado a seguir; duro, muy duro y espinoso os parecerá, pero es el único, hermanos míos.

TRabajad por la Escuela, atraed nuevas afinidades, nuevos elementos; son muchos los que en espíritu están dentro de ella; pero no quieren venir en materia y hace falta también las materias porque vosotros vivís dentro de ella todavía y materia necesita materia.

Ya sabéis que la obra no es de nosotros -los desencarnados- solamente, sino que es de vosotros también.

Sufro cuando os veo tristes; cuando os veo cavilosos, cuando os veo dudosos, cuando el menor pretexto basta para que no concurráis a vuestra Cátedra.

Sufro cuando veo que las cátedras se desbaratan.

Sufro cuando veo que la Cátedra Central se desvanece; pero en el espacio no sae pierde nada y la Escuela no sucumbirá porque aunque sois pocos, vosotros seguiréis la obra que está en todo el espacio y cuando los hombres sepan la verdad, cuando conozcan y practiquen esa máxima "Ama a tu hermano", entonces sí deben sentir vanagloria, entonces sí deben sentir orgullo noble y deben sentir satisfacción, porque han cumplido con la Ley de Amor.

PAra todos pido las bendiciones del Padre para que permita que mis hermanos se quiten la mano de los ojos y vean de lleno la luz que ya los ilumina.

Joaquín Trincado