Joaquín Trincado.
Viernes 20 de Marzo de 1942
Médium Margarita - Posesión

Buenos días:

Estos días de los consejos son trascendentales y de gran importancia para la marcha de la Escuela y de sus Cátedras.

El hermano Lorenzo Antonio, espíritu negro y poderoso, fue juzgado por mí, como Juez, en estos días. Es un espíritu reacio que a pesar del juicio se obstina en su rebeldía y persiste en su obra de odio y de tinieblas. En espíritu comprende que no volverá a la tierra y que a su desencarnación irá al mundo que le corresponde y sabiéndolo conoce y practica el espiritismo, no quiere irse solo y ha desplegado una actividad inusitada. A su poder se debe la reacción que se ha notado en los últimos años entre los católicos.

El hermano Pacelli, menos negro que él, llegó a escuchar, llegó a sentir el aviso, los llamados que del espacio se le han hecho y hubo momentos en que con más fuerza, si la hubiera de su parte, hubiera cambiado la misión que se ha impuesto y no la que se le había encomendado. Si se permitió que asumiera el puesto que tiene fue porque en espíritu había reconocido lo torcido de sus leyes y estaba dispuesto a cambiar y a aprovechar su situación elevada en bien de la causa del amor; pero, más débil que el hermano Lorenzo Antonio, se ha dejado dominar por él y ya veis en qué triste estado de obcecación se encuentra. Amor para él.

Pero la Ley tiene marcado un límite, y no temáis que ese límite sea traspasado por ese hermano Lorenzo Antonio que se ha propuesto la destrucción de la Escuela; por eso os veis asediados y, aún entre vosotros, hay momentos en que se cuela, se posesiona de alguno y entonces sentís su ambiente malévolo; pero no temáis, la protección la tenéis vosotros y no podrá llegar, como él quisiera, a destruiros.

EL tiene ansia, está astutamente haciendo labor, porque quiere llevarse a muchos y se los llevará. Pero él tendrá que ser pastor en el mundo a que se le envíe y tendrá que instruir y elevar a aquellos a los que ahora arrastra a las tinieblas.

Mi amada compañera y mis hijos, acostumbrados a ser guiados por mi materia y en espíritu, moral e intelectualmente, han sentido mi falta y como el niño que comienza a andar por sí solo y se da tropezones y caídas, van ahora siguiendo su camino, desacertando en muchas cosas. Se les deja jugar, como a los niños; se les deja hacer experimentos. Van haciendo ahora su propia obra; pero pronto se hará la luz, reflexionarán y entonces desharán lo hecho, con fruición, con energía, con entusiasmo.

No temáis; ya sabéis, como os dije antes, que la Ley pone un límite que nadie puede pasar y aunque veáis que la tempestad se desata en contra vuestra, que la Escuela se disgrega por la mala organización y administración y la mala interpretación de sus doctrinas, no temáis: la Escuela no se acaba ni vosotros seréis postergados; ocuparéis el lugar que os corresponde porque ese lugar se os ha dado por los Consejos Superiores.

Pero ahora debéis estar más unidos formando un sólo frente, único, compacto. Que la familia no se desuna, que la familia se ame más cada día; que haya más intimidad, que haya comprensión, que haya más cohesión.

Pronto recibiréis noticias desagradables, sorpresas; pero nada temáis. Estáis preparados y estáis advertidos: no pasarán el límite que se les ha impuesto. Dejad a los hermanos más atrasados que jueguen, que den sus primeros pasos cayendo y levantando, que día llegará en que os tiendan la mano y vosotros, en amor, los ayudaréis, porque yo se que así lo haréis cuando se os solicite.

Seguir, como hasta aquí, firmes y celosos en el cumplimiento de vuestro deber.

El General os llama y quiere ver que todos estáis dispuestos a luchar por la noble causa del amor universal.

Que la fe no os falte; la fe de obras que conocéis.

Que la esperanza aliente siempre en vuestro corazón, y seguiréis unidos.

Amándoos más cada día os esperamos en el espacio todos vuestros protectores, guías y afines.

Hasta más allá.

Joaquín Trincado.