Joaquín Trincado.
Miércoles 19 de Marzo de 1941
Médium Margarita - Posesión

Buenos días:

La mayoría de los hombres se rigen todavía por leyes dictadas por las religiones, llenas de amenazas, creando a su alrededor, una idea de temores que son, los que los privan de cometer actos y de emitir ciertos pensamientos. Creen que por la condenación eterna no deben faltar a las leyes dictadas en la "moral cristiana" como dicen ellos.

Todas las religiones han dado sus leyes; pero todas las religiones hacen del hombre un ser timorato, un ser tímido, un prisionero de estos prejuicios.

Vosotros, los espiritistas, que sois libres de pensamiento y que sabéis que es el hombre el que se dicta su propio porvenir, que es el hombre el que lo edifica, que es el hombre el que no sufre castigos porque en la Ley divina, en la Ley del Padre no se castiga a nadie, pacientemente se deja al hombre actuar y él, por su propia experiencia, va comprendiendo lo que tiene que hacer y cómo debe de obrar; pero muchos de vosotros incurrís en un error: todo lo explica el espiritismo y creéis que todo lo podéis comprender y en todo encontráis una disculpa y así muchos de vosotros faltáis a las leyes principales creyendo que la afinidad os llama, creyendo que son deudas atrasadas o creyendo que el detractor os obliga a hacer esto o aquello y estáis en un error, hermanos míos porque vosotros, más que nadie, estáis obligados a comprender con verdad y con justicia, a distinguir lo falso de lo verídico, a distinguir lo justo de lo injusto.

Vosotros sois los que debéis regir vuestras vidas por vuestra propia razón. Habéis estudiado suficientemente para comprender cómo debéis obrar.

Leéis, estudiáis las obras de la Escuela, creéis que las practicáis... pero tenéis la manga ancha para juzgaros a vosotros mismos porque decís: "si yo siento este sentimiento que no es noble contra un hermano, probablemente hemos sido enemigos".

Vuestro conocimiento de las vidas anteriores os da una disculpa para aquel sentimiento extraño para uno de los vuestros; pero no decís: "si así es, yo voy a procurar dominarme y voy a procurar amarlo si es que antes lo he odiado".

Faltáis muchas veces a vuestra vida conyugal y decís: "esta otra mujer probablemente por afinidad me llama, tal vez tengo con ella una deuda que cumplir y fácilemnte faltáis a la fidelidad que debéis a vuestra esposa, a esa compañera que habéis elegido y habéis adoptado ya en conciencia, en la edad en que tenéis y asumís todas las responsabilidades que os da vuestro progreso.

En los demás veis con mucha facilidad y juzgáis claramente, rápidamente, sus actos, pero ¿acaso los juzgáis en vosotros lo mismo?

Estudiad vuestra vida íntima, vuestros propios pensamientos, vuestras obras de cada hora del día y veréis de cuántos defectos adolecéis.

Os quedáis tranquilos porque no tenéis temor del fuego eterno de la condenación de que hablan las religiones; pero acordaos también, hermanos míos, de que la responsabilidad para vosotros es mayor; que vosotros no tenéis cadenas, que vosotros no estáis ya encerrados en celdas como están los prisioneros; que a vosotros se os ha dado la luz y que a vosotros se os ha abierto el libro de la vida, del conocimiento de las leyes universales; por eso vosotros tenéis que responder con mayor firmeza y a vosotros se os exige más, porque se os ha dado la llave de todo, porque se os ha dado la explicación de todo.

Sujetad vuestras vidas, sujetad vuestros actos, sujetad vuestros sentimientos y obrad como sabéis que debéis obrar.

Nadie os puede aconsejar porque ya sabéis lo que debéis hacer. Muchos de vosotros os confiáis a fulano o a zutano; andáis siempre buscando opiniones ajenas. Aún aquí, venís muchas veces con problemas que os ofuscan. Es cierto, tenéis el deber de preguntar, pero que esto no os pueda disculpar por que, si hacéis una concentración, vosotros mismos recibiréis la ayuda de los hermanos superiores, que siempre están a vuestro lado.

Obrad siempre en justicia. La justicia es dolorosa. Muchas veces no queréis hacer lo que os dicta vuestra conciencia, lo que os dicta vuestra razón. No podéis, es superior a vuestras fuerzas; el medio en que vivís no os permite obrar como debéis.

¡No, hermanos míos! Dad ejemplo de firmeza; dad ejemplo de razón. Obrad siempre por vuestra razón y estad alertas a las intuiciones que recibís, porque todos vosotros las recibís; sois suficientemente adelantados para distinguirlas. Obrad como os dicte vuestra razón porque ya sabéis que no tenéis disculpa y que sois responsables del menor de vuestros actos, del más insignificante de vuestros pensamientos.

En esta Escuela tenéis todas las libertades; pero esta Escuela tiene también sus reglas y tiene también sus leyes que la rigen. No faltéis a ellas; sed dignos estudiantes de ella, es vuestra, sois vosotros los que la formáis, defendedla, engrandecedla, dadle brillo, ¿cómo? con vuestras obras, con vuestra conducta. Que se os distinga como estudiantes de esta Escuela, no porque llevéis un distintivo en la solapa, no porque digáis a gritos que pertenecéis a ella, no: que todos los que os rodean distingan vuestra conducta de la de los demás y esa conducta sea vuestro título, esa conducta sea vuestra credencial, esa conducta sea la que os diferencie de los demás y os haga manifestaros siempre como dignos estudiantes de la Escuela Magnético-Espiritual de la Comuna Universal.

Así os lo deseo con todo mi amor.

Joaquín Trincado