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AUTOFONICAS

L. U. 1.

Navidad...Año nuevo...Reyes...

Todo ese jolgorio, todo un montón de engañosas promesas. ¡Oh, Jesús, si pudieras levantarte y arrojar ya los mercaderes del templo.

Es que quizá no lo hace materialmente pero espiritualmente están desalojados, no sólo en lo que simboliza el destierro espiritual a los mundos de expiación sino en lo que señalan los hechos del presente; todo es fruto de la desesperación espiritual; desesperación por haber llegada la hora señalada por la ley; desesperación de ver menguado su predominio, desesperación por haberse irremisiblemente perdidos; sabiendo perdida la causa del mal, quieren aún la satisfacción del mayor daño que puedan ocasionar, por eso enceguecidos, furiosos dan las últimas manotadas, las últimas sacudidas porque en su caída quieren arrastrarlo todo. ¡Y por eso os lamentáis de que caigan algunos de los que se pusieron dentro de la ley¡ ¿Sabéis cuántos justos han caído? En el correr de los tiempos, acaso tantos no fueron inmolados por los mismos que habían de santificarles luego? Juan y Jesús que traían la Ley misma no cayeron en nombre de las leyes de los hombres? No penséis que es impotencia, ineptitud o debilidad en aquellos hermanos que se encuentran en los Consejos Superiores. ¡Oh¡, cuántos darían por poner una barrera entre los que pretenden tener razón y derecho imponiéndose por la fuerza¡ Pero la Ley es una ineludible e incontrovertible que no se impone ni por sorpresa ni por la fuerza bruta.

Los hombres tienen derecho a hacer uso de su libre albedrío; se acumularon muchos odios, se tramaron muchas venganzas, se gestaron muchas tiranías y hoy es el momento de la acción desordenada, desesperada de los que saben perdida la partida de los que conocen que la Ley se cumple siempre, que la Justicia está en acción; y no ignoran que no hay más prórroga y que el Padre tiene muchas moradas.

Si como materias quieren alegar desconocimiento de causa o ignorar preceptos, tampoco podrán justificarse, porque tampoco como tales les fue negada la intuición que aplican bien apresurándose desesperadamente, angustiosamente a consumar sus propósitos de destrucción, odio y venganza.

Los que conocen que la Ley es de Amor, que la verdad es para todos, que el Padre lo es de todos los seres de todos los mundos; los que saben que la fe se muestra por las obras, que los mandatos de Padre se cumplen siempre, pese a los supremáticos que por perversidad y que soezmente tratan de engañarse a sí mismos en el espíritu, para darse satisfacción en la carne, en el alma y en los sentidos, para hacer esclavos a sus hermanos, más ignorantes o tan perversos como ellos; los que saben todo esto y mucho más, tienen tanta culpa como el que militando dentro de las filas del proletariado viven soñando con supremacía e imposiciones los que saben que todo se cumple según el dictamen de una Ley prefijada y se ejecuta tal cual las sentencias de la Justicia; éstos, tienen aún más pena porque prevaricaron ante lo sagrado e intentaron engañar al Creador y frustraron las esperanzas de sus hermanos a quienes habían prometido saldar en Amor, las deudas que se había ido prorrogando, de existencia en existencia y no olvidéis que se dijo: pagaréis hasta el último cornado.

Del libro inédito "Comunicaciones"

Tomo VIII – Conclusión

Mas ved, llega el momento en que el pueblo huya de los supremáticos y se solidariza y nosotros le hablaremos porque con él estamos. Los supremáticos en vano llaman pero huímos porque no queremos envolvernos en las nieblas de los ciegos y aunque mandamos inspiración a los engañados, no llega porque no puede pasar por el espeso humo de los negros de hollín.

En vano místicamente llaman a Juan. No responde, no puede llegar allí donde se ofende al Padre, pero Juan está con los que sufren, con los que luchan, con los que trabajan, con los que lloran. Está donde germina la semilla que él sembró en el pueblo, donde los corazones laten al unísono con el sentir de los espíritus del Padre y los supremáticos ni pueden comprender estos sentimientos porque se mantienen de una perversión que han hecho ley, cada vez de más odio, saña y opresión.

Y con satisfacción está Juan, aunque sufre pero el fruto nadie lo puede agusanar porque se aplastará la serpiente aunque haya que arrancar muchas plantas y arrojarlas al fuego.

Está en los espíritus que animan al pueblo, que saben que algo grande viene en su favor y confiado espera y sufre por Eloí.

Ese pueblo ya consciente de sus actos y que oye la voz en el interior de sí mismo y se asesoran y por este motivo hablan los espíritus de toda la cosmogonía y se escribe el Código de la Ley y artículos dados por los seres de esos grandes mundos, refulgentes y esplendorosos por lo que sobre sus enseñanzas irradia la Luz del Padre y llega ese documento al pueblo que en él encontrará la solución de la voz secreta que se les da por Jesús, por María, por José, por Joaquín, por Juan, por el Espíritu de Verdad que lo bendice.

Sé que vosotros sois supremáticos, que tenéis dioses, hechura de vuestras acciones y que esos dioses son materiales porque vosotros sois sólo materia y no queréis reconocer ni a vuestro mismo espíritu, pero oíd mi consejo: "La vida es una e interminable para el espíritu, la vida de la materia es transitoria y se viene al mundo tantas veces cuantas necesita el espíritu para unir las dos potencias; pero cuando se ha cumplido el plazo que da la Ley son desterrados los importunos y trasladados al vivero donde tendrán por fuerza que hacerse árboles de provecho para el eterno Jardín; y la vida del espíritu es la suma de las vidas corporales en los mundos de prueba y toda la dicha es el día que descubre su trinidad".

Sé que este principio ya os fue enseñado por el misionero, porque ya veo que escribe el Código de la Ley de Amor. ¿Por qué no buscáis en esas escrituras que son la suma de todas las de la cosmogonía? No veis que aún no creeis y os creeis en el poder oneroso de siglos atrás y os han dado ya el mentís en la Tierra y el espacio? ¿Qué esperáis? Sabed que solo tenéis de prueba la presente existencia, que nada hay que tuerce la sentencia más que el reconocimiento del Código y con él al Juez y al Tribunal. No veis que os creeis más que los demás hombres y al igual aparecisteis, al igual nacéis y desencarnáis, desnudo el supremático como el magnate y en el hijo del pueblo encontráis los mismos organismos, tenéis la misma constitución, lucháis con la misma naturaleza; sois vosotros los supremáticos y prevaricadores que os salís de la ley por propia voluntad cuando pensáis que os hacéis una raza mejor, una casta privilegiada, lo que equivale a negar la Justicia y la imparcialidad del Padre y del amor a sus hijos; tomad sangre de cualquier hombre, de cualquier raza, de cualquier casta, de cualquier clase social, de cualquier religión, de cualquier credo y veréis que igual es; solamente puede haber una diferencia; que quizá en una encontráis la sangre pura del hombre fuerte y en otras los microbios recogidos por la corrupción y el vicio y en otros más glóbulos blancos por la debilidad de las privaciones, he ahí la diferencia.

No os empeñéis tampoco que la fuente de agua sea diferente para vosotros; si clara la da para un hombre la da para todos, si turbia para unos no conseguiréis que se aclare por promesas de oro. Ni el Sol calentará ni más ni menos ni el agua de las lluvias respetará algunos ni el viento modificará su velocidad por uno más que por otro. ¿Es eso una locura o una utopía? ¿Qué encontraré en los hechos? No puedo registrarlos: pero veo que en el Código todo está contenido, en él se os señala vuestro equívoco, en él veréis que el Padre es Amor y lo mismo ha dado para sus hijos de la Tierra que a todos los de los infinitos mundos de esa infinidad de millones de humanidades que con la Tierra se han solidarizado y ni aún a esos millares de mundos de dicha dio más que a la Tierra, porque con su trabajo y esfuerzo se elevaron a la sabiduría que es la causa de su dicha actual. ¿Había de ser el Padre parcial para este mundo que llamáis grande y aún no tiene dos mil millones de habitantes? Y aún querríais que mostrase parcialidad en dar a unos pocos la supremacía en perjuicio de los demás.

Así es el Dios que os habéis hecho, peor no es así el Creador de Infinito, Eloí. Yo vengo de un mundo muy grande, pero de una de sus ciudades donde no hay a pesar del enorme progreso cosas que valgan lo que vosotros habéis tenido en este terrón y lo veis, vengo entre vosotros en el amor del espíritu dejando la materia entre las otras mujeres mis amadas hermanas, de la quinta nebulosa; de uno de esos mundos y no me siento extranjera, pero vengo entre los que han recibido el santo y seña, el nombre de Eloí, y estoy entre mis hermanos porque aún entre aquellos que se han salido de la Ley me siento fraternal, pero como espíritu me resisto ante vuestra intolerancia y siento el sofoco de vuestra bruma me atormenta, pero bien sé que ello obedece a la ley de afinidad porque tampoco vosotros podríais estar entre la Luz, hasta acatar la Ley, porque esa Luz os encandilaría.

La Tierra entró en su séptimo día, pero vosotros estáis en el ocaso del sexto que es la transición que se os concedió, ¿por qué alargáis más este día cuando con un pequeño esfuerzo podríais estar en los albores de la Luz de la fraternidad? Acatad el Código que sus hojas son hechas con rosas de los grandes mundos y esos momentos de vuestra concupiscencia que en tan largos siglos no pudisteis saciar, los podéis aprovechar procurando aproximaros a vuestros hermanos en verdadera fraternidad e igualdad. El Código es letra recogida del éter porque el hombre fue a sus archivos y busca las palabras de los maestros de los mundos que baña ese éter fundidor constante de los mundos y de las humanidades. Romped una vez por todas los ligamentos que os hacen mostrar, ver y aceptar un dios engañoso obra de algunos hombres que lo habéis forjado y ved que nuestro Padre en el espíritu rige al Sol que lo es en la materia, que hay otro dios al que vosotros no habéis forjado y ese es el Padre del Universo infinito, Eloí.

Acaso, tú, hombre supremático que no has sabido aprender ni aún de la materia del mundo en que te encuentras sabes que esos mundos que miráis con tus ojos materiales cuya luz tarda años y años en llegarte son la morada de otros hombres, otros hermanos, otros hijos del Padre? Y vosotros, tan pequeñitos, pensáis que sois los únicos y los mayores. ¡Cuánta supremacía¡ No véis que no podéis ser diferentes ni sustraeros a la igualdad de las leyes? ¿No veis que nada podéis aunque hacéis esfuerzos por coartarnos? ¿No os basta el ejemplo de Jesús y de María en Amor y de Juan como fortaleza, como hombre y espíritu? ¿No os basta la luz del Espíritu de Verdad que alumbra siete y media nebulosas y fue ¡oh Tierra feliz¡ tu hermano en la carne? Nada podéis contra la ley del Padre, oídme, hermanos míos y dejadme auscultaros que recuerde ahora entre amor y lágrimas mis existencias en el mundo de expiación. Dejadme, hermanos míos...¡Qué tristeza¡...Ya os veo, el hombre tiene libertad pero vosotras no la tenéis....Te esclavizan hasta tus mismos hijos, hermanas mías. Mas la cadena de la opresión se ha roto y la felicidad alborea; empezaréis el día séptimo en paz y amor y os dispondréis a pasar a mundo mejor donde podréis, hermanas mías aproximaros a la verdadera grandeza como madres y como espíritus. Pero, en vuestro consuelo vino la gran María y aún ella lloró los efectos de la Tierra, pero os dio ejemplo en su hijo Jesús y ella y él os ayudan, en María inspiraos.

Al llegar al séptimo día os ha justificado; las madres tienen en ella su ayuda y su consuelo, sus hechos y su amor y sus palabras os deben poner en el sendero de vuestra rehabilitación. Nosotros en nuestro mundo sabemos lo que os pasa hermanos de la Tierra; no os digo que os vemos por la materia, pero los hermanos espirituales que os visitan lo relatan luego porque allí el encarnado como el espíritu libre poseemos la mediumnidad por lo que sabemos de vosotros y del Universo; llamadnos que podemos venir en vuestra ayuda, el llamado hacedlo por Eloí, Padre Universal; por eso vengo, para hacer una doble solidaridad entre la Tierra y las madres de todos los mundos. Pobres hermanas mías, mas esperad un poco que ya llegan días mejores de paz, de armonía, de fraternidad y de Amor. Pero, bendito sea Eloí que hizo la Justicia y decretó la Comuna y ya no habrá más propiedad superflua de uno solo. Ha llegado la hora de la luz, alegráos hermanos míos, y bendecid a Eloí.

Hombre que os remontáis a los altos mundos que de sus frutos te regalaron y que escribes el Código para el séptimo día después de haber juzgado a la Tierra y a los cielos de la Tierra. Mirad...Vuestros ojos materiales aún verán caer más semillas, ved ahora las plantas de dónde proceden.

Ya os queda en la Tierra el germen de ese árbol como tantos otros raros o desconocidos veréis aparecer. ¿Qué más os diré? ¿Tanto os han dicho, tanto os han enseñado, tanto os han descripto todos los espíritus de la cosmogonía, sólo os digo que recordaré en espíritu y materia de esta visita a la Tierra donde recordé pronto a las madres afligidas porque reviví mi esclavitud y aflicción de mis existencias en otro mundo de expiación como la Tierra; lo comunicaré a mis hermanas; las madres del mundo en donde vivo en materia y verás que os traigo el amor; no penséis que ello es sólo por acaso, pronto sentiréis la acción de la renovación.

El pueblo espiritual y María que no pueden abandonar al hombre de acción os dan valor y os dicen que estéis tranquilos y sobre todo protegido, éstas por el Espíritu de Verdad; como éstos, muchos hechos se manifestarán en la vida material de la Tierra, porque de lo espiritual han de repercutir en lo moral, en lo científico, en la vida social, en lo positivo, en fin, en todos los lugares, en todas las formas por todos los medios para que no pueda haber alegación de ignorancia ni negación de conocimiento.

C.L. C.L.

MEDIANIMICAS

Andrea
Mayo 31 de 1936
Por la Médium L. D.

Buenas tardes, que la paz y el Amor sea con todos vosotros.

Sí hermanos, poco tengo que extenderme después del gran tópico que acaban de daros ya de los principios de la lectura, ya de las extensas comunicaciones que acabáis de oír y que en Amor os traen los espíritus del Padre pasando con dificultad esta atmósfera por cierto bastante pesada, que tampoco para ellos es fácil por variedad de pensamientos; a pesar de que se exige mucha unión, porque la unión hace la fuerza, y la desunión hace el desequilibrio, mucho se ha cantado y se sigue cantando Amor, mucho de él se ha sembrado en la conciencia del ser humano; mucho se habla de Amor porque diremos que lo comprende el Amor en toda su extensión y en toda su grandeza, ya también remoto, los misioneros del Padre,vienen sembrándolo, ello no sido en balde; el misionero Jesús de Nazareth ha sembrado el Amor a raudales en los corazones de los hombres y a pesar de que las conciencias estaban adormecidas por el gran prejuicio que la anestesiaba, no penséis que ello ha ido al Vacío, porque el misionero del Padre ha sabido sembrar la semilla tan hondo que nadie ha sido capaz de destruir su germen. En ese siglo ha sido la verdad, aunque la tomaron, los más, como baldón; y en el curso de los siglos y siglos llegaron hasta degenerar su instinto y pasión sosteniendo el prejucio, la concupiscencia que por muchos siglos había sido ley, y el hijo del Padre la hizo luz y al posar los ojos encuentra lo que él mismo había sembrado en él, y el hombre despierta su corazón al Amor, no al amor de la carne; ha comprendido y ¿cómo puede amar a la humanidad sin el amor al hermano? Será el Amor a las ciencias, a la paz y al progreso? Aún cuando tengan la materia endurecida – hay muchos que la saben y no la quieren interpretar y comprender, como el Amor al hermano. ¿Cómo no ha de sufrir el misionero que sacrificó toda una existencia a la paz y al progreso, y al bienestar de la humanidad del planeta Tierra? No importa que hoy intenten burlarse porque con el tiempo lo han de archivar aquellos que han sabido sembrar en el corazón del hombre de quien lo han recibido, mas comprenden también que aquellos que siembran el odio, odio recogerán. Muchos hay que tienen como un castigo, una expiación, un pecado.

Muchos seres se creen perseguidos y repudiados; eso es el reflejo de los hechos de otras existencias que en su conciencia los llevan grabado; por el dolor y el sufrimiento, dejarán de odiar y comprender los otros que en otro tiempo ha sido un supremático, justo es que hoy sufra el dominio de otra supremacía, y así en todo se cumple la justa ley de las compensaciones. Todo ha sido necesario para que el hombre despierte su corazón al Amor, y comprenda bien el "Ama a tu hermano", frase que encierra tanta grandeza como motivo de meditación y campo de acción en el bien; que no la habéis comprendido porque no os habéis detenido a meditarla y estudiarla como no meditáis sobre el inmenso caudal que tenéis en las doctrinas de la Escuela. Reconcentráos en vosotros mismos, meditar y cuando "despertéis", entonces podréis, en vuestro interior, oír una voz que es la que os dirá la causa de vuestros sufrimientos; lo mismo que la causa de vuestro bienestar es fruto de la cosecha de lo que en otras existencias hayáis sembrado; mas de esta arma se han aprovechado mucho los perversos, que con refinada maldad han perseguido al misionero, al luchador y ya os odian; ya las intrigas y las calumnias están tramadas, pero no importa porque el hombre consciente de su misión que hoy sigue adelante en su obra para llegar con la frente alta al Creador y decirle: "Padre mío, yo hice la obra que me has encomendado, porque quiero ser digno hijo tuyo".

Adelante hasta el más allá, deseamos siempre más allá, siempre adelante, nunca retroceder ni quedar estancado; aprovechar la existencia presente para progresar.

Buenas tardes.

Andrea

Versión taquigráfica se Samuel Campillo

 

Kardec
De la Cátedra Nº 16 de Henderson
Por la Médium Candida M. De C.

Paz y Amor hermanos:

Tengo que satisfacer la curiosidad de los visitantes. Yo os saludo en nombre de los Maestros de este Plano. Vengo a encargaros especial estudio de las obras de la Escuela. Para saber hay que estudiar.

Mucho estudio, moral y buenas costumbres que sean el ejemplo para todos los que os observan en los alrededores. Todos debéis de ser de gran trato e irreprochable comportamiento. Amor os una a todos.

Kardec