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Del libro inédito “Comunicaciones”

Tomo VIII - Junio de 1912

Amor de hermanos entre todos los hijos del Padre.

Por deber y unidad vengo entre vosotros, llena de satisfacción y con el deseo de traeros ideas nuevas para vosotros y principios que a vosotros os aprovechen, aunque el venir solo sirva para afligirme, para temblar un momento ante el recuerdo tanto tiempo dormido, no sé de cuanto, pues hubiese deseado perder la memoria en los siglos que hace que tuve que pasar, por lo pasáis vosotros, en otro mundo de expiación.

Tanto tiempo de dicha en un mundo de paz, en un mundo de felicidad, hacen olvidar en los hechos pero no en la percepción los sufrimientos pasados como espíritu cuando en el despertar de la conciencia se puede medir la magnitud de la culpa en la responsabilidad ante el Padre y ante la Justicia Divina; por eso quisiera deciros a todos los hombres que es hora ya de empezar a laborar de verdad en la obra de la fraternidad humana.

Sabéis por la experiencia que en el amor de familia se encuentra un consuelo y aún la satisfacción de la unión para un fin común, pero las leyes raquíticas se apoderaron de la conciencia empequeñecida por la ignorancia en que estaban mantenidas y anublado por la materia el sentimiento del verdadero amor espiritual, amor al hermano, a la humanidad, al progreso y este desconocimiento de ese amor se infiltró aún en el seno de las familias, de ahí al vacío.

Hasta vosotros llegó la voz del Juicio, ha sonado la hora señalada para la Justicia y veo al hombre de la Tierra aún lleno de espinas en su espíritu. Y veo la unidad y la solidaridad y la armonía de los mundos y de las humanidades de esos mundos. Venid conmigo en el pensamiento y en deseo reconcentraros, sustraeros un momento a la miseria de estos rincones de estos espectros de la fantasía, de estos hogares de pequeños dioses, de esta Tierra que debía ser lugar de purificación y sólo lo es de crímenes sin cuento. Ascender os digo a estos mundos de más progreso, aunque de trabajo y aprendizaje sin restricciones y sin atropellos, sin pasiones bajas y sin rencores y sí sólo amor fraternal, mucho amor al Padre se respira y cantos de alabanza al Creador y alegría y felicidad se oyen y se ven por todas partes y en todo momento.

Hasta mí llega como rumor extraño, imprecaciones que había olvidado en tanto tiempo de avanzar hacia el progreso. ¿Es que se pretende aún coartar la acción y la libertad ganada en el esfuerzo y dentro de la ley, porque os avergüenza vuestro proceder? Porque vengo a repetir la sentencia y a deciros que vosotros os habéis colocado paulatinamente fuera de la Ley? Pobres hombres que ayer fuisteis poderosos en vuestro despotismo, hoy sois impotentes hasta en el espíritu, no tardaréis en serlo totalmente en la materia y pronto nada podréis para detener a la Justicia ni para engañar a la Ley. Ved el contraste, vosotros rechazáis por odio y yo vengo obedeciendo el mandato del Amor, aún para los mismos que odian a mis hermanos, pensad si sois lógicos en lo diferente de la acción.

Vengo porque ha sonado la trompeta en toda la cosmogonía anunciando que un mundo de expiación se encadena por su esfuerzo a los mundos de Luz, a la solidaridad, a su progreso, a su amor, al único nombre divino en toda la cosmogonía: ELOÍ, PADRE UNIVERSAL.

Vengo porque el hombre de la Tierra ha penetrado en ese hormiguero de mundos de infinitas humanidades, donde no hay misericordia, porque su ley es virtud y se llama Amor.

Y he oído la voz de la Justicia y en mi amor y en cumplimiento de mi deber vengo hasta la Tierra, donde se levantan en contra de ese amor. Sólo los hombres del polvo, y que del polvo hicieron sus leyes y sus cadenas, pero que de entre ese polvo se elevaron por la Lucha y de grado en grado, otros hombres que presientan la acción y son recibidos y reconocidos por la cosmogonía y han visto y han aprendido y se les ha demostrado que todo está en el cosmos; que en su conocimiento está todo, la alegría, la dicha, la grandeza, la sabiduría, el amor, y porque lo entendieron se les dio el Santo único nombre de Eloí como santo y seña para reconocer al verdadero único Dios.

Pero oídlos los que protestáis, que apenas sois número a esa cadena que liga al hombre con su centro: sólo las almas purificadas pueden estar eternamente unidas y cuando son capaces de guardarlo en lo recóndito de su corazón para no mancillar tan Santo nombre y sólo inculcarla para cantarlo y para que lo reconozcan.

Yo fui como vosotros, que protestáis, hace muchos miles de siglos, pero al fin de tremendas luchas, sólo en ese cosmos, sólo en ese centro sin límites, en un día he visto la grandeza y la verdad y reconcentróse en mi pensamiento toda la magnitud de la cosmogonía. Al oír la voz de la Justicia de un mundo recordé mis luchas del mundo de expiación y descendí a traer mi amor para los hijos del Padre, mis hermanos de la Tierra, y he visto lo que en otros mundos un espíritu luminoso, con su ancla salvadora, en la cual las humanidades en su día de Justicia se elevan hasta el Padre, piloteados por el depositario de los secretos del Creador: El Espíritu de Verdad.

He visto a los mártires pidiendo amor para sus verdugos, que sois vosotros, hombres malos; he visto a los moralistas daros ejemplo, he visto toda la grandeza de la cosmogonía reunida y formando tribunal al hombre que escaló la cosmogonía, cuyo tribunal mostró su sentencia al Consejo de Eloí y este Consejo, con el ancla aún pendiente llamaba amor. He visto multitudes de espíritus de hombres y mujeres desdobladas, que presenciaban el tremendo acto y trasmitían a sus cuerpos y a sus mundos los incidentes con los supremáticos. He visto una mujer grandiosa, cuyo amor vasto no excluía ni a los más furibundos; aquella mujer es la gran María, la que un día dio su ser a Jesús y los he visto derramar lágrimas y suplicar y ponerse delante de esa minoría de obcecada grey. He visto los pasos de esa grey siempre equivocados. He visto la Tierra manchada en sangre, la atmósfera cubierta de humo de cuerpos quemados, guerras de odios, alevosía, bajo las capas doradas, que hacían temblar de pena a los más grandes espíritus. He visto el valor, el esfuerzo titánico de los libres que endulzaba aquella pena y hacía palpitar a los espíritus de Amor en alegría. ¿Qué he visto más? ¡Ay¡...El espíritu se estremece; he visto al Juez encarnado, con lágrimas en los ojos, leer la sentencia y firmar aquel documento y pronunciar el Consumatum est y ...he visto...al Espíritu luminoso poner su ancla sobre el Acta y la retiró...y aquella grey, parte mayor de vuestra grey, ¡oh¡ supremáticos, fue echada al mundo de sus afinidades con un solo soplo del Espíritu de Verdad.

Instante tremendo en que se rasgan las tinieblas que envolvían la Tierra para dar paso a la Luz del Padre, para que sus moradores no tengan más noche en su espíritu; pero aún tardaréis mucho en desencandilaros.

Como el Padre es rico, su amor no tiene límites, tiene muchas moradas y lleva a sus hijos enfermos a la morada de curación, donde el sufrimiento, el desengaño y la impotencia les hará ser cuerdos, pasarán muchos siglos, pero se curarán en aquellas moradas donde los he visto ya llorar y donde los habéis visto vosotros, porque os los han mostrado para que curéis vuestra ceguera en la transición que la Justicia os dio.

(Continuará)

***

Medianímicas

Gamaliel
Buenos Aires, junio 21 de 1936
Por la Médium L. D.

Que la paz y el amor sea con todos vosotros.

Hermanos, grandes y profundos son los puntos que se os dan en las doctrinas del Espiritismo Luz y Verdad, pero más grandes y más profundos, serán cuando los alcancéis a comprender en el primer grado del estudio, de la doctrina espírita, porque aún no habéis llegado al primer grado para comprenderlo. Voy a explicar en pocas palabras un punto de que veo que muchos hermanos novatos se admiran, ello es necesario explicarlo.

Acabáis de oír un hermano comunicante que está encarnado y como hombre ejecutando una misión; a ese hermano no le estorba la materia para desdoblarse y venir a comunicarse, volviendo en el acto a su materia, o como véis aún seguirá con otros espíritus, recorriendo el planeta Tierra, muchos de vosotros pensáis que solamente los espíritus que no tienen materia pueden comunicarse; no es un estorbo la materia; como tampoco les estorba la materia para como espíritu proseguir la gran causa, para llegar a donde no puede alcanzar su materia. Los puntos que habéis escuchado, hermanos míos, son de gran interés para vosotros, en lo que debéis de interpretar un deseo, un querer, un entusiasmo de compenetrar en la obra, en la obra magna, en la gran obra, que obra es cuando se comprende y se instruyen los estudiantes de ella. No obran tampoco ignorantemente porque saben quién es el Padre Creador; pero, estudiando ya sabréis muchas causas, habéis escuchado un capítulo de la lectura que tantos no habéis alcanzado a comprender porque aún hay muchos capítulos que hace mucho que están escritos, pero ello lo alcanzaréis aquellos hermanos que estéis bien despiertos, y sepan esparcirse, porque para cuando quieren hacer obra resuena la inspiración de otros hermanos. Mucho os admiráis que no han llegado milagros del nacimiento del misionero, qué es cómo y para qué ha venido tan misteriosamente; quieren al son de la corte del Faraón, el misterio, el milagro que sólo existen en la ley porque no conviene que ellos lo sepan. Los misioneros del Padre, esos veintinueve titanes que han venido sembrando los secretos que habían de ser reservados aunque muchos mixtificadores se han apoderado de algunos. Es que la ley sabía que debían encerrarse muchos secretos que han venido recogiendo, y que los misioneros vienen sembrando, como así se han apoderado tergiversándolos los que debían dirigir y mandar los pueblos misioneros y por cierto necesitaban la comunicación de los espíritus. Ya véis, hermanos míos, si llegáis a compenetraros de un pequeño capítulo, entonces mucho más se os puede sacar. Hermanos que han tenido toda la obra que hasta la fecha ha sido dado para los hermanos que amen el progreso; hasta para muchos hombres quizá es demasiada profundidad.

No podemos extendernos más porque hermanos nuevos hay que no pueden comprenderlo y los adherentes, los estudiantes de muchos años, aún rayan en el principio de la comprensión, ya véis hermanos míos si es grande el estudio del Espiritismo Luz y Verdad. Pero los espíritus tienen su ley y por eso pueden venir y buscar un momento de tranquilidad si les está permitido en justicia aunque como hombres, no lo conozcan, si los conocen como espíritu, y ello basta para pedir la fuerza, la unión que es con la fuerza y es con ella que se llega a la virtud, para que la paz y el amor sea con todos vosotros. Adelante hermanos míos, no desmayar nunca, a ser fuertes soldados; estudiar y compenetraros en las doctrinas, cuyas enseñanzas abarcan en el saber para llegar al primer grado de sabiduría, y tengáis la suerte de hacer luz; encender vuestra antorcha y entonces no necesitaréis ser incitados a estudiar, entonces no necesitaríais que un Mesías consciente se sacrifique a sacar las creaciones del desierto y que vosotros mismos desearíais conocer y asentar ese conocimiento verdadero de un más allá en el progreso y de un más allá en la vida eterna y continuada.

Gamaliel

Versión taquigráfica de Samuel Campillo.