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Autofónicas

A

M.- ¿Llamáis, amados hermanos?

A.- ¡Y tanto¡

M.- Disculpadme. ¿No véis que estoy agobiada de trabajo, desesperada de cartas y ...hasta el amor mutuo que se tienen algunos hermanos que se desfogan en chismes y líos? ¿Cómo los conformo, Padre? Y ¡por favor¡, ¿cómo haremos para reconciliarlos?

A.- Tendrán que conformarse con la ley y deberán reconciliarse si estudian, porque entonces comprenderán lo que quiere decir: “Si odias tendrás que amar”.

M.- Ya habéis visto en L. F.

A.- No negarás que aquel que describió al Adán de la H. S. Escondiéndose del Dios, no era un gran psicólogo y un espíritu sapientísimo. Ya ves cuántos adanes hay que se esconden y no responden por más que se les llame.

M.- Padre, ya ves que hice cuanto pude porque los adanes no temieran.

A.- Eso hace falta, hija mía, bastante temor y de tu parte poca cobardía porque todavía...todavía...

M.- ¿Todavía qué? ¿Aún hay más?

A.- Sí, todavía queda que arreglar por allá, por el otro lado.

M.- ¡Pero es posible¡ ¿ Y nosotros?...

A.- ¿Quieres algún milagro? Se te guía, se te inspira, se te dirige. Tú tienes la materia y la misión...

M.- Bien podían haberme concedido otra...

A.- Eso bien lo sabes, ha sido de tu elección y si el descanso del Maestro...

M.- No digáis más si todo este agobio había de ser trabajo de él, si todo es para que él descanse, bienvenido sea. A propósito, ¿sabéis, Abuelito, que he tenido noticia de alguien que se comunica por ahí con el Maestro?

A.- ¿Con el Maestro? Eso es lo que debes averiguar.

M.- Gracias, abuelito; he pasado un mal momento, ¡si supieras¡ Si yo supiera que él trabaja, si sospechara que le dejáis ver algo de esto que tanto le haría sufrir, créeme, me sentiría incapaz de toda acción. ¿Para qué valdría entonces el luchar, trabajar y cumplir la Ley? ¿Y de qué serviría nuestro amor y sacrificio? ¡Oh, no¡, abuelito, decidle que no sufrimos, decidle que todo está bien, decidle que todos son buenos, hay mentiras piadosas o que se justifican por lo menos. La sola idea de su reposo y su tranquilidad son para mí nuevos bríos. Ya véis, trabajo como entre los dos. No siento ni fatiga, ni intranquilidad, ni preocupaciones y sin embargo, véis que esto ni es Jauja, ni se parece a Sión.

A.- ¿Pones en balanza las promesas de los Consejeros?

M.- No, abuelito, pero comprende si en su materia tanto luché porque se tomara algún descanso (¡si lo hubiese conseguido¡...) ¿cómo no he de pensar tan ansiosamente que lo tenga el espíritu?

A.- Te repito, está tranquila. Ni se comunicará a nadie, ni trabajará en lo que no debe. Comprende que no se le debe obligar a un ostracismo, necesita ver a los suyos, enterarse de sus afinidades, inspirar algo, pero, de ahí al trabajo hay diferencia. Por otro lado ni sus padres, ni sus abuelos (yo el primero) no le dejamos agobiarse, ni con dolores ni con recuerdos.

M.- ¡Oh, abuelito, si es así¡, ¿qué me importa todo lo demás? De todo...

A.- Sí, de los sucesos universales ya ves, todo se cumplirá, aunque los detractores y cobardes traten de hacer más larga la agonía.

M.- Mucho me he acordado de cuántas veces me solía decir que el día que él se fuera, yo vería cómo todo se encaminaba, pero, ¿es que vosotros no nos escucháis cuando habla y pide también la materia?

A.- No alarguemos tanto. Dejemos para otro momento.

M.- Agradezco vuestras palabras y vuestras seguridades de que él ahora descanse.

Medianímicas

E. IV.

De la Cátedra Central

Por la Médium del Consejo

Buenas noches; quisiera en verdad, hermanos, dejaros la paz y amor, el sosiego que tanto necesitan hoy los hombres todos de este planeta Tierra.

Estos momentos tan terribles, tan trágicos, en que son pesadas todas las obras de todos los hombres buenos y malos. Ha llegado el momento en que la Justicia Suprema esté en acción, sin lástima, sin compasión y sin miramientos de nadie, más que, obrando con el más estricto rigor; la más severa ejecución.

Tiempo es ya, hermanos, de que termine la tregua; tiempo es ya de decirle a los perversos que ya no podrán seguir por más tiempo, ejecutando o inspirando las más grandes perversidades, que ya en tiempos remotos reinaban por culpa de ellos mismos.

La Justicia es todo amor y el amor es riguroso. Hoy todos aquellos que no rasgan el crepúsculo en que han vivido hasta el presente, serán lanzados y estarán en aquellos lugares en donde no saldrán hasta que se curen de todas sus maldades, hasta que dominen todas sus pasiones; hasta que sacien todos sus instintos y curarán de todos sus vicios, estudiarán, aprenderán y rasgarán el crepúsculo, pero tendrán que luchar con armas iguales.

Ha llegado el momento en que la humanidad podrá caminar con rumbos más fijos, con pasos más firmes, con derroteros más derechos que no como hasta ahora toma la obra del espiritismo que se recomendó no hace mucho tiempo, que si bien es verdad, que han venido los misioneros a la Tierra a traer la luz, a traer el progreso, a traer el adelanto a los seres que viven en la ignorancia, también han venido los hombres malos, los hombres perversos en procura de destruir la obra: perjudicando grandemente en lo que detienen el progreso.

¡Contaban esos perversos, que si antes se destrozaba una materia, siendo la vida eterna y continuada, que el espíritu que obra dentro de la justicia, no se le pueden poner trabas¡

Cuando el espíritu obra dentro de la justicia es amparado por la misma justicia y ninguno se puede quejar de ella, porque no puede ser jamás parcial ni contemplativa. Sólo las indulgencias que concede el amor pueden aún detener su brazo para que no caiga sobre esos pobres hermanos equivocados¡

No hay que extrañarse que la justicia con más razón ayude y proteja a los misioneros que han venido a este planeta Tierra a cumplir y ejecutar los mandatos que les han sido confiados.

Pero desgraciados de aquellos seres a quienes hay que tener misericordia y compasión, que siendo espíritus de algún progreso como muchos, hayan tenido la desgracia de caer otra vez en el engaño y en las tinieblas envueltos por una educación errónea; por una inspiración equivocada, por un derrotero torcido.

Por eso, hermanos, ayudarlos con más ahínco para que puedan recuperar lo perdido si es que ponen algo de su voluntad.

Dichosos aquellos, que puedan ser dirigidos en mejor ambiente, educados mejor en lo moral y puedan ser orientados libres de pasiones y prejuicios, preparándose libres a cumplir la misión con que han venido en la Tierra.

Ya, hermanos que me escucháis, no seréis desamparados por el amor del Padre que ampara a todos, buenos y malos, sin dejar de ejercer por eso la justicia en todo rigor.

Que la paz y el amor reine entre todos vosotros, y para vosotros la luz que nuestros afines os traen y he cumplido, aceptamos que tengan momentos buenos y malos, no deben dejarse dominar por el ambiente, se deben de cumplir las órdenes tal cual tú la señalas y la señalan los hermanos que tantas y tantas pruebas de amor han dado siempre que han venido entre vosotros los hermanos mayores.

- Maestro- Siendo vuestros hermanos, son justas; ¿no podrían serlo ahora también?

Comunicante – Por ser justo su fin, persecuciones de los grandes; de los perversos que hoy están pagando las deudas que han contraido.

Maestro – Bueno hermano, ¡a que recordar ya¡

Comunicante – No penséis y he dicho en mi primera comunicación, esos perversos pretenderían engañar a la justicia misma, diciendo que acatan la ley, espíritus tan malos que no gozan más que con el mal de sus semejantes.

Donde hay odio no puede haber amor, donde hay luz no puede haber tinieblas, donde no hay justicia no puede haber sentimiento y por consecuencia no puede haber deseo de ayudar, no puede haber deseo de cumplir, es decir, cumplir la deuda que tienen pendiente.

No; la Justicia Suprema no se puede burlar ni un solo momento; lo mismo sería si el hombre o mujer, sea quien sea así se presenten con cara de santo o cara de bueno ante la justicia del hombre diciendo que son los mejores. No, la Justicia Suprema no castiga, pero no perdona tampoco.

Hora es ya de decirles a todos aquellos que se creen jugar con la justicia: ¿acatan la Ley? Si la acatan, si la van a cumplir ¡ miren bien lo que se proponen porque estamos en tiempo de liquidación de cuentas¡ ¡ Todos lo pensáis si estorbáis la obra del hombre¡ y no usarán más misericordia.

Dejo paz y amor a todos vosotros, hermanos, me voy con ese hermano cuyo dolor es más pequeño que el mío, es que desde la cuna se envenena al niño y no serían malos si no fuera por la educación errónea recibida, por las pasiones y los vicios desenfrenados a que se dejó arrastrar.

No hubiera tantos criminales, porque en sus orientaciones no aparentan ser lo que son, porque el espíritu se envuelve en la materia y obra inconsciente, pero esto ya no sucederá más cuando reine la tan deseada “Comuna de Amor y Ley”, la comuna para que algún día al formarnos nuevo cuerpo y disfrutar de ella con todo derecho, con más justa razón, después de haber expiado tanto, después de haber sostenido grandes luchas, después de tantos sufrimientos pasados.

Yo era solo, luchaba en mis tiempos, haciendo como el barco que solo navega a la deriva y que cualquier viento lo hace zozobrar en la mar embravecida, yo he sido así en medio de semejante avalancha de odios y pasiones con un pueblo ignorante e inconsciente que hizo causa con aquellos energúmenos que saben engañar ante el mundo, ante los hijos de los hombres inconscientes.

Pero no podrán acallar más ya, lo que los misioneros, toda la justicia con toda su razón, con todo su derecho han cumplido, ya que también se les ayuda, pero que rechinan los dientes; ya que si podrán burlar la obra escrita no podrán tampoco continuar con su paciencia, más que en los lugares de sus afinidades, luchando con los de armas iguales.

Paz y amor para todos.

E. IV