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AUTOFONICAS

L. U. 1. -C. S. -El Secretario R.

LA BALANZA llama hoy en vez de llamar el Consejo Superior a LA BALANZA.

Y como una casa en días de entera ocupación y preocupación en que se juega o del momento depende la existencia, honor o dignidad de la casa y la familia; igual se encuentra en estos momentos el Consejo. Todos, y el Maestro como entre todos, están ocupados en diferentes tareas que en muchos casos preocupan y deben resolver en justicia; pues no sólo la tierra es la que obra perversidades, aunque las más grandes, las más vergonzosas para la dignidad de los hombres y... ¿cuál es la causa?... La Ley de Justicia que aprieta; que se va estrechando para obligar a que los supremáticos lleguen al punto final de sus concupiscencias y se retienen, porque ven y saben que ya no pueden triunfar de nuevo; que ya son descubiertos y que la tierra, el pueblo de la tierra, no quiere tolerarlos más. Digo la causa y por ocupación; porque a consejo llaman, cedo el autófono para que siga esta autofónica, al más indicado, hermano Isaías. “Calma y espera” es la palabra de orden y para ello se os fortalece.

R.

L. U. 1. -C. S. -Isaías.

Yo al autófono, hermano y Maestro, y como dije, digo: ¿Hasta cuándo, hasta cuándo permitirás, ¡oh, Jehová!, la maldad de los perversos?... Entonces, me contestaron: “Deja, deja que aún los hombres sigan en sus maldades; mas cuando llegará el día de mi justicia, verán que no hay otro Dios que el fuerte Dios de Jacob”. Y llamé a Jacob en mi deseo de amor y justicia para que tuviera la perversidad, y Jacob tomó mi puesto y la perversidad llega a su fín. Se prueba que el Padre es justo; que el Padre cumple sus promesas y la maldad de los perversos tiene su fin ya muy pronto.

“Calma y espera” es la palabra de orden, dice el Maestro Superior; es para los hombres que en ley luchan por la verdad y la justicia. Calma y espera, digo al Maestro, para que por LA BALANZA se expanda a todos los Consejos de las Cátedras de la Escuela, por las que la Justicia, descubriendo con su luz a los perversos, las va arrinconando hacia la boca del brete en el que entran de grado o por fuerza, para no dejarles escape, ni más puedan desbandarse hasta ser conducidos a las moradas que se han ganado, donde habrán de luchar para mantener su supremacía, con otros de similares armas e instintos, en compensación de cuanto han hecho luchar y sufrir a los misioneros y los discípulos que oyeron y siguieron a los misioneros.

Sí, empujados irresistiblemente por la justicia; por el pueblo, que empieza a ser el brazo visible de la justicia; el pueblo, que se va haciendo consciente y se baña en las claras aguas de las puras doctrinas de nuestra Escuela; el pueblo, que no quiere tener estorbos en su progreso ni desorden en la fraternidad, los aprieta y rodea para embretarlos y, furiosos, como esos toros de sangre, como las fieras forzadas a entrar en la jaula, se enfurecen, braman, muerden, cocean y se revuelven acometiéndose ellos mismos, pero que algo les llega también a los embretadores y algunos caen por la traición. lo que hace gritar con dolor a los que ayudan a la justicia en su cumplimiento, por lo que, hoy, la confusión es lo que llena y envuelve la atmósfera de la tierra.

“Calma y espera”, hermanos que lucháis por la verdad, os pide el maestro Superior; calma y espera os pide Isaías, que vé y os asegura que se está cumpliendo lo más grande, grave y terrible de su profecía para hoy.

Calma y espera os pide el que inspiró y describió en el Apocalipsis lo que hoy presenciáis, y calma y espera os pide el que os ha descubierto la verdad, que os ilustra en la fraternidad, para llegar en día cercano a la “Comuna de Amor y Ley”, régimen del universo.

Que sufrís injustamente, alegáis... Así es cierto. Mas no es porque la justicia así lo quiera, sino que es inevitable que los reflejos de la acción decisiva todos los sintáis. Mas se os previno y se os previene en cada momento. Se os ha dicho; que habrá un momento terrible de confusión en el que parecerá que sucumbís, porque las furias de los perversos serán como nunca fueron. En ese momento estáis en la tierra. ¿Más no tenéis la promesa de que, en el día de la justicia, los perversos sabrán que fuera del Dios de Jacob no hay otro Dios?... “Calma y espera”, pues, por unos momentos más se os pide, porque en esa espera con calma veréis, no sin dolor, pero sí conformes y serenos, que la impotencia de los perversos es la que los obliga a obrar cobardemente esos actos de fiera que os obligan, a los aún bisoños en las luchas grandes y definitivas del espíritu, a pedir, ¡Justicia, justicia, justicia!...

¡Oh, hermanos míos!... Si pensarais en el agobio y dolor que nos ponéis al oiros en esos pedidos... ¿Y el Maestro Superior?... No somos capaces nosotros de medir su dolor. ¿Mas estáis, acaso, los que tanto pedís justicia y clamáis por vuestros sufrimientos; estáis, digo, capacitados para vivir la “Comuna de Amor y Ley”?

No podéis decirnos que lo estáis: No podríais engañar a LA BALANZA, que sólo ve y recoge obras. No estáis capacitados para vivir la entera fraternidad. Sabemos, sí, que quitándoos los estorbos, no habrá dificultad en dirigiros y que pronto encontraríais el halago de la vida de fraternidad y, eso es lo que la justicia está haciendo, embretar a los que os estorban. pero como al enfermo, por el hecho de saber que es incurable, no es humano matarlo, enfermos incurables son los supremáticos y los perversos esclavos del plutócrata único y en la agonía están. Por esto es la tremenda confusión, las furias cobardes, las venganzas inhumanas y las traiciones y calumnias viles que, social y políticamente, vemos en estos mismos momentos en los llamados comicios populares, que son una farsa; una maniobra traidora, un mordisco, una coz, de los que se están embretando y,... ¿cómo evitarlo, si antes, en su ignorancia, el pueblo les entregó las armas y el dominio, y hoy, en el temor, vacila en tomar lo que es suyo?... ¿dónde está la unión de los oprimidos?... ¿Dónde la leal fraternidad en el trabajador? Alcanzar ésta, como os enseña y os pide nuestra Escuela, y veréis que esto obligará del todo a entrar en el brete de la justicia a vuestros malversores, a los perversos y a los falsos obreros. Por vuestro propio bien, por el bien de todos, por descanso del Maestro Superior y del Maestro que humanamente lo representa y dirige la fraternidad que desde la Escuela predica e implanta, se os pide "Calma y espera" y menos sufriréis.

Isaías.

"No tenemos novedades", dicen los maestros y hermanos a quienes se les tiende la línea del autófono. Por ello, se cierra por hoy.

R.