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AUTOFONICAS

L. U. 1. -C. S. -L. R.

"Porque todas las treguas han terminado"; adviertes en disposiciones. Mas los impacientes entienden que al pronunciar esa sentencia la ejecución es "ipso facto". No; hombres hermanos de la tierra. Hay un compás de espera entre la pronunciación de la sentencia y el "cúmplase" que el Tribunal Supremo deberá decir, cuando se han calmado los ánimos de los ofendidos. Si al momento de pronunciarse el juez sobre la pena capital, pusiese también el cúmplase, sucedería lo que cuando el odio sacerdotal sentenció a Jesús a la crusifixión: el odio del sacerdote lo había comunicado al populacho esclavo e ignorante y fanatizado que, enardecido, pidió para sí mismo la afrenta y la culpa del asesinato singular, sin temor a que la mancha de sangre envolviese sus cabezas y aun las de sus hijos. Constituyó mil veces mayor crimen el soliviantar al pueblo que el crimen mismo de la crusifixión, y la justicia obró sobre aquel pueblo su rigor, desalojandolo de la sociedad y tirándolo a la vergüenza de los demás hombres en todas las naciones, y el pueblo judio no pudo hacer asiento en parte ninguna, y aun, por su perversidad, manchó al pueblo de Israel en las persecusiones, no siendo culpable; pero la Justicia sabe salvar a Israel en la paciente espera de su fundador que prometió redimirlo.

Mas la perversidad de Leví y Judá sabe introducirse y mezclarse en su víctima Israel y retarda el salvamento de Israel, porque, para caer el delincuente, hay peligro de que caigan 10 israelitas por cada judío. La acción de la justicia, pues, se ve precisada a operar con cautela y selección en todo momento que puede caer sobre más número de víctimarios que de víctimas. ¿No entendéis, hombres, que la justicia, así, obra en justicia?... Sin embargo, son siglos de sufrimiento de Israel; pero en elo son culpables los mismos israelitas que aun mantienen como sus maestros a los descendientes de los levitas, cuyos eran los fabricantes del Becerro de Oro, mientras se escribía la Ley y se apoderaron más tarde de la misma ley y de ella hace caso omiso y vive sólo de su concupiscencia prepotente por el querer del sabio en la materia y perverso prevaricador y usurpador de los derechos de un hijo legal, en favor de otro adulterino y de vergüenza, que da origen a los sumos sacerdotes, que anulan ya, porque no se pronuncia "Israel" sino "Judá". Eran entonces pocos los sacerdotes, pero tenían ya creadas las mesnadas de escribas, fariseos y publicanos, con muchos números del pueblo israelita; pero eran segundas, terceras y cuartas castas, obligadas a obedecer al plutóctrata pontífice, que en la misma hora de la sentencia puso el cúmplase y se ejecutó. plantando muy profundo el odio al crucificado, en el mismo pueblo que antes le cantara hosannas. Si entre la sentencia y el cúmplase mediara un término de apaciguamiento, es probable, es seguro, que el pueblo reaccionara y se evitaran las vergüenzas y desprestigios de los israelitas, porque se hubieran apartado de los judíos y no cometieran juntos el crimen más cobarde, y, separados, hace mucho que desapareciera el judío y se rehabilitara Israel. La Justicia ha tenido que emplear otros de sus muchos medios, y por la Ley de afinidad ha conseguido fundir lo no culpable del pueblo judío en su hermano y padre Israel; y aquellos culpables yacen en mundos de sus afecciones.

La larga tregua concedida, necesaria a consumir toda la perversidad de la nueva bestia que se engendra en el asesinato del Gólgota, con cuya sangre reviven al Dragón, ha terminado con la sentencia de "basta de cruz y de espada", basada en la otra firme, "la guerra mata a la guerra" que, o muere la guerra por inanición de la misma guerra, como lo están demostrando en su indigencia los pueblos, o surge la agónica guerra adelantando la muerte rabiosa de la guerra, a despecho de la impotencia de los prepotentes. Es el término que en justicia debía de haber entre la sentencia y el cúmplase y ejecútese.

Pero en ese término, sabéis que los jueces preparan todos los actos terribles a la solemnidad de la ejecución, y la acción de la Justicia Suprema hace oír y sentir en todo el mundo sus preparativos, preparando los ánimos a mejor sobrellevar el tremendo momento fatal; lo que os va a decir la linea 2.

Como Secretario del Tribunal de Justicia expuse a los impacientes la causa justa de la espera, deseando que os sea lenitivo a vuestros sufrimientos.,

L. R.

L. U. 2. -S -Seim Seim

El orden es ley. Cada cual cumpla su parte. El hno. Secretario de justicia de los Altos Consejos, hace las salvedades de la parsimonia de la acción de la justicia y me da el autófono para que señale las voces de aviso y los actos de preparación de la omnipotencia de la justicia.

Mas nada nuevo hay que decir, pues, en cada instante y por los medios descubiertos y entregados al progreso por el gran 14 en las dos décadas precedentes a esta tercera de la acción descubierta, en el instante mismo de un acto preparatorio de un aviso del amor de la justicia en su rigor, lo sabéis en todo el planeta. Debemos, ahora, confirmar en el acto la veracidad de cada palabra que entregamos. Al vibrar mi onda autofónica, que en sus curvas deja impresa en el éter "que el gran 14 entregó en las dos décadas precedentes". Veo extrañeza, búsquedas, meneos de cabezas, encogimiento de hombros y... también risas de imbéciles, que hacen compás con los rugidos del Dragón que ve caída la bestia que montaba, porque se enzaerzó en la malla del 14. No hago objeciones pero pregunto a todos: ¿Por qué antes de enseñar esa figura que hace esas décadas se descubrió, no habíais hecho los aparatos de radio?... Nadie contesta. Pues yo os digo que ese progreso y otros que aún no penetráis en el gran 14 se encierran. Os animo a descubrirlos.

El es el sello del cumplimiento de la ley y el testimonio del cumplimiento de los 36 siglos de tregua en que la justicia se llamó a silencio, para que los hombres, libremente, decidieran de su suerte. La mayoría, la inmensa mayoría en más del 98%, acató la ley de fraternidad; pero esa ínfima minoría quedó con la fuerza de destrucción y acumulando todo el producto de la mayoría trabajadora, que en estas dos décadas ha despilfarrado en su perversa intención de sostenerse por el terror y el crimen de lesa humanidad y hoy se encuentra aloctada de impotencia y pobreza. ¿Cuántas horas podéis resistir, ¡oh plutócratas!?... Pues he aquí el máximo amor de la justicia en su rigos. Da sus tremendos toques de atención, para que se cumpla la profecía: "Los sordos oirán, los tullidos correrán y los muertos darán señales de vida"; y los muertos de conciencia dan señales de vida por el temor, y los tullidos del pensamiento por trabazón de los errores, los sacuden y corren a las Cátedras de la Escuela redentora del Espíritu, y los sordos al sentimiento de fraternidad ya oyen la voz del desengaño. Esas voces, esos preparativos, son como los martillazos del carpintero que, a las órdenes del juez, levanta el cadalso donde se ajusticiará al delincuente sentenciado; esas voces, esos martillazos resonantes de impotencia, son esas olas aniquiladoras de calor que enloquecen o abaten; esas otras contrarias que congelan la sangre. Esas continuadas marchas de trombas ciclónicas que en breves minutos destruyen a su paso todos los dislocantes alardes de la potencia capitalista usurpadora, como en Tampico y cien puntos más; ciudades, que, como una simple tela, son sacudidas por un sismo y sólo queda, en segundos, un montón de ruinas y cenizas envolviendo los millares de cadáveres; aluviones que, como el que hace pocos días hizo su obra de aviso aquí donde dirijo mi autófono, convierte en una escombrera dilatados valles y deja en la más alta canícula a los habitantes sin agua, sometiendo a las gentes a la pena de Tántalo; y hace reír de lástima la imbecilidad de los causantes en los dos campos corrompidos de los pseudo-sabios y de los perversos religiosos. Los primeros, sin conciencia, dicen: "son cosas que siempre han sucedido", "castigo de Dios por la incredulidad de los hombres en la religión" Sol brillar las copas doradas y las cruces de oro y plata, invocando preces al fantasma Dios de vuestra criminal magia negra y toja que ya se vuelve contra vosotros... ¿Cómo no veía vuestro falso Dios la labor que realizaba en esos momentos el Maestro espíritu de la naturaleza en unión del Maestro elemental, haciendo correr al precipicio el inmenso alud de hielos seculares para borrar y anulas la fantasía de la potencia y la falacia de la religión y su Dios?... Seguid provocando; repetid vuestro estribillo; la Justicia tiene preparados los músicos de ruido estridente y armonioso, que apagará siempre vuestros graznidos, porque "basta de cruz y de espada" se ha dicho.

L. U. 3 y 4 están suplidos.

Seim Seim.

L. U. 2. -T. -José de San Martín

Soy llamado al autófono. No se me da tema; sólo se me hace contemplar desde las alturas, las alturas que en misión de justicia y libertad debí cruzar, en busca de los cimientos del trono de esa libertad redentora y de esa justicia salvadora. Aún mi alma, que viste a mi espíritu, está muy ligada a la tierra de la que hice una nación para los designios altos del Padre, preparándola para el que solemnemente la fuera prometida. Cumplí la primera parte, mpas la hidra entorpece el cumplimiento de la segunda; y la justicia, en todo su rigor, obra para quitar los estorbos. Me duele y nos duele los sufrimientos que en la tierra de promisión no se debieron ver. Mas sabemos que toda promesa del Padre se cumple y nos consuela ver su proximidad. No debo decir más. Entrego el autófono y esperamos obediencia a la justicia.

José de San Martín.