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AUTOFÓNICAS

L. U. 1. -C. S. -D.

Siempre sobre la pista de las carreras políticas del planeta tierra, hermano Maestro.

También aquí hay conferencias, sobre las tantas Conferencias de moda entre los hombres que no se avienen a caer de pies como la ley de fraternidad manda. Esta Conferencia examina los derechos de los hombres y ve que ya poco influjo y pocos hombres son los que se hacen ilusiones de mantenerse en la política del dominio de los hombres que quieren el régimen de la Comuna de Amor y Ley, y esto ya señala un momento más cercano del total triunfo de la Ley.

No te quise estorbar ayer; escribías esas “garrulerías” que los hombres entenderán que así es verdad cómo han logrado los políticos conservar unos pocos años un poder ficticio. Pero como no se puede coartar el libre pensamiento en el bien y en el mal sino que es derecho de cada hombre ensayar todos los métodos políticos aunque los veamos desequilibrados, hay que dar la espera necesaria a su fracaso, para que ideen otro que también lleva escrito Fracaso, hasta el postres que ya lo han presentado. ¿Cuál más pueden presentar que el aprovechamiento del derecho de la mujer político y civil, sacando de sus sepulturas a las monjas enclaustradas?... ¿No habían de confesar por sí mismos los plutócratas su falacia divina?... Esto persiguió la Justicia Suprema, y conseguido está. La impotencia del Dios religioso la ha confesado junto con su falsedad de santidad. El engaño, el fraude y la mentira quedan a la luz y vista del pueblo.

Y... ¿Y el cantado y descontado triunfo?... Si a la primera prueba de fuego que en el secreto de la supremacía había en la concesión de los derechos a la mujer de siglos prejuiciada, ésta en sólo una minoría le respondió a la religión y no por convicción, sino aun por el temor, ha perdido en esa prueba todo cuanto aún le quedaba de esperanza, no de triunfo, que sabía que no lo podía tener, sino que ha perdido la beligerancia que por anterior dominio aún se le concedía. Es, pues, un paso grande más ganado por el pueblo hacia la libertad de conciencia, encaminándose a la fraternidad.

Tenemos al frente a la segunda prueba, o sea la continuación de la prueba, y ahora no van a pasar los hombres o los partidos uno a uno, sino que en masa pasarán y apagarán las brazas, tirándoles encima las cenizas y los escombros del horno y de la hoguera. Esperemos un poco más. Hemos puesto las cosas en equilibrio, y como el mal no es de la Ley, los escarmentados de la impotencia de sus Dioses huyen de sus filas y pasan al campo de los libres; de los que preparan la fraternidad.

En mérito a no distraer a nadie de sus puestos se ordena no abrir las demás líneas.

De orden del C. S.

D.

MEDIANÍMICAS

Zanoni.
BUENOS AIRES, OCTUBRE 5 DE 1933
Por la Médium del Consejo.

Buenas noches hermanos míos. Que la paz y el amor sea entre vosotros.

Oímos vuestros comentarios: “Los hombres no tienen más que decir que revolución”, teniendo tanto de que ocuparse, tal vez para decir a vosotros. Preguntáis si podéis hablar y si debéis tener confianza en decir.

Nosotros, sobre ésto, ya mucho hemos advertido, y ahora poca cosa tenemos que decir; digo nosotros, porque me encuentro entre otros, y de éstos sí, mucho tendría que decir; mas en cambio habéis tocado un punto, algo inmediato, para traer advertencias. La revolución, dicen los hombres; la revolución de los espíritus, dicen los espíritus que tratan de sacudir el yugo de los opresores, de los supremáticos; pues bien; todo es revolución, pero vosotros no tendréis estos comentarios que hacer; vosotros callar y observar mucho y escuchar y huír pronto del peligro.

No tenéis otra cosa que hacer que resguardaros, ya que desgraciadamente es indudable e inevitable el derramamiento de sangre; sí, es indudable, inevitable y doloroso, porque se segarán existencias de muchos que apenas han empezado la vida. Mas los supremáticos y perversos no podían pasar sin segar vidas en el último momento; tienen esta triste satisfacción de deshacer hogares; y pues ya es inevitable que caigan muchos que se debaten. Tendremos que auxiliar a muchos que quedan llorando agobiados por el dolor, consumidos por la miseria, por faltarles su jefe familiar, su director. Ese es el goce de los perversos. Como estáis avisados, vigilad; y es así como vosotros no habéis de esperarlo todo del milagro. Cada uno busque su amparo, su protección, es decir, que habéis de salir del peligro por vuestra prudencia; pero espero que se podrá encaminar con estas advertencias sin necesidad de que los espíritus perversos busquen un desahogo o busquen una manera de evitar la acción de los espíritus de justicia estos perversos y supremáticos.

Por lo mismo que es triste y doloroso advertiros que siempre tengáis cuidado de los privilegios, mas si, como se dijo en un principio, lo inevitable es y será necesario, que suceda, para que la paz empiece a reinar y siga en forma perdurable.

Es necesario permitir aún que se produzcan estos tristes sucesos, estas dolorosas acciones que se producen al caer y que no son siempre los más malos y sí siempre los más concientes del deber y también caen aquellos espíritus, quienes van dirigidos siempre por los perversos, con más afán. Pero los que caen por concientes, saben que caen las materias y los espíritus tienen el recurso de quedar y esperar el triunfo dirigiendo otras materias y tratan de colocarse en un sitio donde puedan cumplir, dirigir en amor los que luchan por la justicia, animándolos, y al fin cantan el himno del vencedor.

Tener en cuenta estas mis palabras, hermanos, solamente como simples consejos, como simples advertencias; no penséis que no se vela por vosotros; no penséis que la obra de los actos de los hombres no están reconocidos por los que caminan en el espacio y vamos buscando el progreso para todos.

Mi amor os dejo.

Zanoi.

Mateo.
BUENOS AIRES, OCTUBRE 6 DE 1933
Por la Médium del Consejo.

Buenas noches, hermanos míos. Que la paz reine entre todos vosotros.

¡Oh, hermanos, cuánto hay que deciros! ¡Cuánto que comentar! ¡Cuánto hay que hablaros! Pero es necesario hablar entre los hombres para comentar juntos; es necesario, hermanos, para que vuestros pensamientos, vuestro intelecto, vuestra razón medite las enseñanzas del espiritismo.

Vosotros, hermanos, que os encontráis aquí reunidos, no habéis venido por cierto por una casualidad; no os encontráis aquí para perder vuestro tiempo; para decir esto, lo digo teniendo en cuenta que los hombres tienen tantos sitios de alegría, de jolgorio, donde pasar el tiempo.

Es decir; hay algo entre vosotros más fuerte que os hace desear. ¿Qué desea en esta luz vuestro espíritu? Es que, vosotros, como hombres, tenéis un espíritu más progresado. Hablando en general, es indudable que muchas veces habéis sentido, a pesar de todo, el aguijón de la burla, de los sarcásticos y de los perversos; habéis sentido un pensamiento, una idea, sugerida precisamente por esas pullas de los perversos, por esa manera sagaz y sutil en su perversidad, con la que os hicieron pensar muchas veces sino estuvieseis en un error; que os hicieron sentir y avergonzar de ser espiritistas.

Sí, hermanos míos; en vosotros hay algo más que en esos espíritus supremáticos e impertinentes; en vosotros hay algo más que en estos momentos descubrís que es la continuación de las luchas que en existencias pasadas habéis sostenido. Vosotros, hermanos, venís a escuchar la voz de vuestros hermanos del espacio, porque vuestro espíritu os empuja hacia algo que deseáis y que tenéis que vivir la vida de estos instantes. Muchas veces os preguntáis como hombres: ¡Qué hago! Esta es la pregunta que os hacéis como hombres, cuando sentís que otros hombres dicen que el espiritismo es una cosa pueril; que estas ideas son bastante ingenuas para creer que todos los hombres son buenos, y se hagan buenos por el espiritismo.

Mas, sin embargo, hay una voz mayor en vosotros. ¡Es vuestro espíritu! Por eso, hermanos, os encontráis reunidos. Por eso buscáis siempre en el Espiritismo. ¡Por eso estas sesiones, en las que bebéis en la fuente que no pueden beber todos! Si encontraran todos como esas aguas auríferas, y vosotros que sois más purificados, estáis más cerca del metal precioso, que está en el fondo del agua preciosa, y podéis asimilarlo.

Esto es lo que no comprenden los perversos que toman aire de sabiondos, que satirizan a la luz del progreso. ¡Ver al hombre pensador asimilando! ¿Qué piensa? ¡Que son locos los espiritistas! Ven de esta manera cómo los locos del espiritismo han presentado al espiritismo del fenómeno, al espiritismo del milagro... Piensan que vosotros, como hombres, sois ellos, como cada uno de ellos, menos que cada uno de ellos, porque sois, según ellos, sin pensar que de los fanatismos religiosos es en lo que verdaderamente toman sus principios y de ellos son esclavos en el pensamiento; el sentimiento; y como hombres, no pueden pensar, sin querer juzgar que el gran progreso es del espíritu, está en el razonamiento que el espiritismo que el espiritismo exige al hombre, y el triunfo es del hombre que se impone por su progreso. Es así como debéis de juzgar al espiritismo, el mejor, está más adelantado; el mejor, avanza más en el progreso; el mejor, sabe afianzar más la obra como espíritu. Y, ¿cómo no es posible que esto no refleje más en el hombre a pesar de que deba vestir la blusa del obrero? ¡Hay tantas cosas que parecen pueriles, que parecen insípidas para la sociedad creada por los hombres!...

Por eso, hermanos míos, es necesario mirar al “Espiritismo Luz y Verdad” y meditarlo bajo su verdadera fase, bajo el verdadero principio de esta ley de sabiduría.

También los hombres tratan de juzgar al espiritismo, sin saber, como espíritus, sin son la verdadera expresión de aquél o del que la Iglesia Católica sabe presentirlo como el ángel rebelde, el ángel bello, que por bello pretendió ser como Dios; tanto como ese Dios de las religiones. Es verdad, vosotros sacaréis como consecuencia muy lógica que toda esa figuración, simbolismo o figura alegórica no son más que la verdad, dicha en fábula, prejuiciando, sin embargo, la conveniencia de cada supremático y no ya tan sólo a los humildes.

Así es, hermanos míos, como el espiritismo os llama siempre a estudiar; así es cómo es verdad que os llamamos fraternalmente por ley de amor y que los perversos, que no pueden sospechar que seáis ilusos o ingenuos, porque saben la verdad; pero que no quieren confesar en el momento actual, porque cada uno está materializado en su supremacía, en su ambición, porque no quieren acatarla; pero no pueden jamás destruir la solidaridad existente entre los espíritus de la cosmogonía, entre todos los hermanos que vamos aproximándonos por grados, a cada uno y todos los hermanos del mundo, por afinidad y porque están más progresados; así, en este planeta tierra, donde os parece están desamparados, donde os encontráis tan pequeños, donde vemos a los hombres induciéndose a sí mismos, donde en verdad cada uno de aquellos supremáticos desearía ser él solo el que atrajese las miradas de todos, atrajese la atención, el homenaje y dominar sobre todos, imponiendo así la esclavitud de sus hermanos. Estamos nosotros y no estáis solos ni desamparados de la Suprema Ley de Justicia.

Por eso mismo, porque es así, no pueden comprender esa verdadera fraternidad, esa verdadera unidad de asociación del espiritismo. Sí, hermanos, venimos por la materia, por los instrumentos que podemos emplear; esos que se podrán encontrar siempre en cada instante; un espíritu encarnado que nos facilita su materia, su cuerpo, para poder expresar siempre, en cada momento, cumpliendo nuestro deber solidario, hablando de espiritismo, poniendo en evidencia directa la grandeza del Padre, encaminando por el verdadero camino del bien a aquel que no teme el bien; a aquel que ama por igual, que hace obra buena; a todo aquel que busca el progreso, ejecutando obras de humanidad; a todo aquel que es capaz de comprender la verdad; la luz, el progreso del espíritu.

Verdad es que cada uno es un grado de progreso; pero eso no quita que sean espíritus progresados capaces de comprender la verdad por la verdad misma. Sí, hermanos míos, siempre deseamos venir entre vosotros a daros siempre una enseñanza mayor, un principio más grande; explicaros en verdadero amor la fraternidad; la vida; la acción del mundo; el progreso en nuestros mundos; la verdadera fraternidad; el verdadero amor existente en ellos; el amor que irradía hacia vosotros, que os encontráis en lo más fuerte, en el más álgido momento de la lucha desesperada, en que sois como aquellos que están ligados de pies y manos para impedirle todo movimiento.

Lucha solamente el pensamiento; lucha solamente el deseo; solamente la desesperación es lo que demuestra la lucha agitando los pechos y puños calenturientos y los cerebros de la mayoría. Es en verdad la verdadera figura como pueden presentarse las acciones del espíritu; por ello, a pesar de todo, se encuentra maniatado; pero… a pesar de todo, hace avanzar rumbos, pues ahora ven los perversos que aquellas ligaduras les han caído sobre sus cuellos.

¿No os fijáis en cada día que la hora se aproxima? ¿No os fijáis que todo esto es más que los inmensos saltos; que las enormes sacudidas que denotan ya el principio del fin?

No temáis. No estáis solos, bien lo sabéis. Pero no penséis que ha de ser mañana y por milagro. No penséis que falta un día, pues la obra nefasta fue de largos siglos. ¿Cómo había de ser la obra grande de pocas horas, de pocos días, de pocos años? ¡Si la comparación del tiempo usamos, ved la cantidad de siglos que pasaron, ved la obra de los detractores! Veréis entonces, parangonando con el progreso de pocos años, que es muy grande el progreso, que es el más grande del tiempo y que la obra ya realizada es grande; porque bien sabéis que en aquella obra del mal han laborado largos siglos, pero ya desencarnados, desligados de todos, van rodando al mundo de su afinidad, sin que nadie los empuje y el la obra del amor, de la justicia. Bien dice que en la obra del bien y del amor siempre están en medio los perversos, los supremáticos, los enemigos; pero ya van deteniendo el amor mismo, que les concedió tantas libertades; les dio tantas prórrogas, pero no prerrogativas; éstas las fueron tomando por su supremacía, no para avanzar precisamente, fundándose en el amor, que les dio y les concedió libertad, sino para convertirla en libertinaje, y así lo prediqué y lo escribí.

El amor les permite obrar el mal; con la inspiración del amor había de convertirlos en paz, el amor fraternal.

Que la paz y el amor sea entre vosotros.

MATEO.