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AUTOFÓNICAS

L. U. 1. -C. S. -El Secretario D.

Y acrece el malestar de la tierra. Gritos, ayes, amenazas, protestas, asaltos, crímenes no soñados, escalamientos de poderes, traiciones, venganzas viles y ruines que demuestran la perversidad y cobardía y, sobre todo, la inconsciencia de los pueblos para sacudir su oprobio de una vez. ¿Esperan un milagro?... Vana esperanza. ¿No oyen los trabajadores el ruido de la acción de la justicia y no la secundan?... Pues que no se quejen del yugo que se dejaron uncir y no se lo quieren quitar.

¿Acaso es necesario el derramamiento de sangre? De nada sirve cuando se provoca: pero en la defensa propia, no hay culpabilidad. Hoy mismo hay varios ejemplos. Cuba, después de sufrir los desmanes, vergüenzas , hambre y prostitución ocasionada por un insensato, vuelve por su dignidad ofendida y a ese pueblo se le rodea de monstruos de guerra, del terror destructor y... ¡cosa peregrina!... “No queremos intervenir”. “Queremos que haya orden”. “Que respeten nuestros intereses y connacionales”, dicen... ¿Y no es eso intervención, amenazas e imposición?... Pues si ese pueblo, en su amor propio herido, después de haber sido vilipendiado por un hombre al que no intervinieron consintiéndole tantos desmanes, lo que prueba la complicidad del que hoy interviene; si ese pueblo, digo, aniquila al invasor y le arrebata lo que en cualquier forma se apropiaron y hoy defienden con el escandaloso lujo de fuerzas y amenazas de muerte y destrucción, ¿será culpable?... La justicia dice que no será culpable; pero los injustos, por la ambición, por la inmoralidad de sus operaciones, no se conforma con la justicia y cometerá otra mayor injusticia en la mayor provocación, que obligará al pueblo a mayores sacrificios y actos que la defensa les obligará.

Otro ejemplo aun mucho más indigno, más cobarde, más vil, sin par en la historia, es el cometido por ese fantoche sin entrañas, sin sentimiento humano, por el cual es fantoche que ha puesto precio a la cabeza de un hombre, y alto precio, para incitar a los de instintos fieros como el fantoche. “Mil libras para quien silencie la cabeza de Einstein”. En los registros a mi cargo de todo el Plano Primero a que la tierra pertenece, no encuentro par, para pendant, de este singular precio y premio criminal.

¿Por qué? ¿Para qué? Es que teme el tirano a la verdad que el sabio canta. A la virtud, que al tirano lo anula. Al levantamiento de la conciencia popular, que el sabio, al fin, revivirá; y... ¿dónde encontrará una grieta en la tierra, que lo cubra y lo libre de las iras que sus hechos han creado?... ¿Habrá culpabilidad al aplicar la misma sentencia en contra?... La justicia dice que no. Los pueblos que no se dignifican, esclavos son de sus señores... feudales; del Dios antropófago religioso; de las ambiciones del Dios de los Dioses, que habéis bien llamado Dios Oro. Hablemos dos palabras de éste.

Creen, o mejor dicho, no saben el 90% de los hombres, que no es el simple metal el que constituyó su reinado poderoso. No saben ni comprender pueden que ese metal, desde que fue descubierto y dándole valor, el espíritu más materializado, se hizo su propietario ladrón, buscando el apoyo de donde él salió; de la religión (ya tenéis historia hecha); y de religión en religión y de rey en rey, ese espíritu se ha hecho Dios de Dioses y rey de reyes, a los que sirvió sin regateo, a cuenta de su adoración, de la que fueron contagiados todos los hombres, y más en los pueblos que más civilizados se han proclamado. Mas llegó la tierra a su mayoría y al momento de cumplirse las promesas del Padre Creador de todo y todo para la fraternidad de sus hijos, una de esas promesas dice: “Y quitaré todo lo que estorbe”. El estorbo es Dios Oro. Y ¿cómo quitarlo siendo sostenido por reyes creados para ello por los Dioses religiosos, sirvientes de su servidor Dios Oro?... Pues se empezó quitando los reyes que defendían las religiones y caen éstas y Dios Oro quiebra, con religiones y reyes. ¿No lo véis?... ¿Podéis negarlo?... ¿Por qué los defendéis? Mas había Dios Oro, por todos esos servidores a quienes él servía, robado el alimento y los medios a los hombres misioneros y las causas de la fraternidad y la justicia no consentiría la caída de ese espíritu patrón del oro convertido en Dios Oro, servidor de sus sirvientes reyes y Dioses; no consentiría, repito, la justicia su caída, sin servir a los hombres y a las causas de la fraternidad; y al sentenciarlo al no ser, no al espíritu sino al metal que le sirvió para hacerse el plutócrata, lo sentenció también a servir esas causas. Ha querido caer, burlándose sin servir y, en todo el mundo no se halla ni basta el oro; y como a su base los hombres lo habían hecho todo, todo se paralizó y los hombres mueren de hambre y de hastío en la desocupación. ¡No, Dios Oro, vil sirviente de tus feroces servidores!... En tu postrimería, a tu pesar, mientras agonizas... servirás; y hoy, para ese cumplimiento, se te vino a dar una inyección semejante a la que se da a un moribundo para darle tiempo y fuerza para testar.

Tomen bién estos puntos los adherentes de nuestra Escuela, y si lo son, aunque no sea en todo, en mucho mejoraréis; pero nadie se engañe; los adherentes.

El Consejo Superior, en memoria del 8, 18 y 20 de Septiembre, manda al Maestro augurios de satisfacción y seguridades de triunfo y su amor y fuerzas. “Siempre más allá”.

El Secretario.

D.

Sólo se da el autófono, para palabras breves, al de Porta Pia.

L. U. 2. -T. -El de Porta Pia.

¡Oh, hermano amado!... La justicia del Padre nos sostiene. La perversidad de los hombres nos santifica y nos condena. ¡Qué locuras!... ¡Duras misiones!... ¡Terribles existencias! ¡Recuerdos!... ¡Sólo de dolor todavía!... No; no se es feliz amando. ¿Mas cómo no amar si sólo el amor es ley?... ¡Porta Pia, Porta Pia!... Dos páginas de mi historia escribí en ti. En la primera, burla burlando llegué en misión, ingrata, pero sí con “letras escritas, como han dicho, por el dedo de Dios”. Valga así, puesto que el esoíritu es de Dios, del Dios de Amor que el alma llena y no es el Dios de las iras y las venganzas que vacía el alma de los sentimientos humanos. Por esa misión, la primera vez, llegué a Porta Pia, acompañado de sabios y del más grande Maestro y llevo los grados de Capitán militar y me santifica la Iglesia que iba a destruir y me condena el vulgo por la obra desfigurada que han hecho los que dogmatizados siguieron formando la Compañía del Capitán Íñigo. ¡Qué contraste!... ¡La víctima me santifica y los beneficiados me condenan; y así, el misionero, es siempre dos veces sacrificado! ¿Por qué voy esa primera vez disfrazado de Mónaco a Porta Pía?... Lo ha impuesto el horror de un cuerpo colgado de una cuerda con la alevosía papal: Juanucho. Han pasado siglos. Se ha hecho conciencia en la mayoría del pueblo, y “la solitaria” ha cumplido su cometido de solitaria bastante bien; pero se está convirtiendo en aquello que debía destruir y hasta se va a desaparecer Dios, y los hombres sólo verían a Dios, en el papa, no importando fuese el más vicioso, el más inmoral, si arraigaba la infabilidad, con la que perseguían, nada menos que evitar la regeneración humana que estaba a punto de dar sus frutos en el juicio de mayoría, para lo cual, el espíritu de aquel colgado, había vuelto para ese acto supremo. Mas aquel que quiere hacerse Dios, lo ha vuelto a sentenciar a muerte. ¿Burlará a la Justicia Suprema? Aquel Capitán Íñigo, otra vez mandado tras el Capitán Juanucho, esperaba ya, y... ¡Otra vez a Porta Pía! Esta vez, libro al pueblo; apreso al que se quiere hacer Dios, y... ahora la Iglesia me condena y el pueblo me levanta estatuas. Algo es algo; pero yo quiero los corazones, como el que en su ayuda y orden las dos veces vine, quiere “obras por fe”. Esa es la Ley; yo cumplí la Ley; todos cumplid la Ley, como nuestro mundo, hoy, por ley, cada año marca un perihelio y todo se corresponde... Porta Pia señaló, el 20 de Septiembre, la libertad de los hombres en la prisión del que no pudo ser Dios; y el 20 de Septiembre, aquel a quien libré en Ley, cumplió la ley fundando lo indestructible: La “Escuela Magnético-Espiritual de la Comuna Universal”. Quiero repetir lo que le dijiste a Juan: “Aquí hay sabiduría; el que tenga entendimiento, entienda”.

El de Porta pía.

MEDIANÍMICAS

Seim Seim del Sol.
BUENOS AIRES, AGOSTO 11 DE 1933
Por la Medium del Consejo.

Buenas noches, hermanos míos. Que la paz y el amor sea entre vosotros.

Hermanos míos: cuánto se puede sacar de bueno; cuánto se puede sacar siempre de las lecturas; porque por ellas es grande la comprensión de la vida del Espíritu, con la vida material.

Mas es necesario, hermanos, que exista la unión, la verdadera unión fraternal; la unión del sentimiento, del deseo, del querer de esa unión, de esa fraternidad que siempre está amenazada de ser rota por la maldad y perversidad de aquellos que se encuentran en la materia, porque han dejado opaquizarse la luz, por algún momento de ofuscación. Mas aun cuando trabajan mucho en ese sentido los perversos, nunca ha podido más el mal que el bien. Por eso los hermanos que siempre venimos entre vosotros por ley de justicia y muchas veces os querelláis, porque muchas veces, vosotros os sentís heridos, os sentís debilitados cuando se os hace una advertencia porque, os ponéis en peligro... No, hermanos; siempre venimos en amor; venimos a advertir; venimos a señalaros aquellos tropiezos que habéis de encontrar siempre en vuestro camino, que pueden ser muy bien que os eviten el pasar adelante, porque pueden ser también que debiliten vuestras fuerzas, que las necesitáis para luchar, para imponeros a esas fuerzas espirituales, que lo mismo se refiere al orden espiritual, que a las luchas de agotamiento; a la lucha que os ofrecen en el orden moral los enemigos, los detractores de la verdad, los perversos, aquellos aberrados que no pueden encontrar satisfacción en la unión, en el progreso, y, sobre todo, también en lo que se refiere de que no tengáis como base y verdad exacta el “Espiritismo Luz y Verdad”; que porque lo es, los aberrados a la falacia, os inspiran a los débiles lo contrario.

Por eso, si los hombres que luchan por los grandes ideales, los hombres que lucharon en todas las épocas, en todas las edades de la vida de la humanidad, encontraron enemigos, vosotros encontraréis adversarios. He dicho adversarios... Es una palabra demasiado blanda. Todos encontraréis calumniadores, detractores de la verdad: “leprosos”, como bien los ha calificado nuestra Escuela.

Hoy, que el progreso ha avanzado, y, como lo véis, llega aún a un progreso máximo en el orden espiritual. Hoy, esos enemigos, estos aberrados, estos perversos, directamente han de hacer converger todas sus fuerzas, toda su perversidad, toda su maldad, sobre la fuerza mayor, sobre la fuerza única y grande, sobre esa fuerza que es el Espiritismo Luz y Verdad, prueba eficiente de que es Luz y Verdad.

Esa fuerza, que es el mandato del Padre Creador, porque une el pensamiento, el querer de la aspiración de todos los seres; esa fuerza, por medio de la cual todo lo atrae hacia una unión verdadera, no será vencida nunca por la perversidad.

¡Hermanos míos!... ¡Hermanos míos!... Cuando venimos entre vosotros y os decimos palabras que os hieren, son advertencias; no más que advertencias; avisos amorosos. No os sintáis por ello, como muchas veces sucede, querellados; no escuchéis la voz del detractor, que es lo mismo que una inspiración por boca de otro ser, que han de venir siguiéndoos a vosotros a agrandar, a ahondar la duda, y hacen luchar los sentimientos. Estad tranquilos con vosotros mismos, con vuestra conciencia. Cuando vosotros estáis tranquilos con vosotros y nosotros, es decir, con aquellos que estamos en espíritu, y en espíritu estamos tranquilos; porque nos entendisteis, estáis vosotros también tranquilos con todos los hombres.

Sí, hermanos; es necesario saber poner una fuerza única de voluntad; es necesario una fuerza práctica, aunque dedicada espiritualmente, para saber llevar adelante vuestra barquilla y poner a barlovento a todos estos enemigos, a todos estos detractores, para dejarlos y seguir vosotros vuestra ruta como grandes pilotos marinos, que habéis estado expuestos al naufragio y que habéis luchado, venciendo tantas tempestades; que habéis luchado tocando costas y habéis vencido las olas embravecidas y las fieras marinas.

Así tal podéis figuraros como hombres en las luchas que habéis sostenido, en las cuales habéis vencido. En esta existencia, no os dejéis engañar por el canto de la Sirena! No, hermanos; es necesario que estéis siempre alerta.

Vosotros pensáis y caviláis. ¿Por qué de estas advertencias? ¿Contra quiénes, contra quién... contra cuál? No; es contra todos. Nada más que siempre las advertencias amorosas son para que estéis alerta y no es contra nadie en particular, porque sabemos, perfectamente, las acechanzas que os aguardan en estas horas decisivas, en esta hora de las grandes luchas; en estas horas de las luchas desesperadas que los perversos luchan en guerra de guerrillas en sus montañas a salto de mata, ocultos en la sombra, ocultos en los bosques, detrás de los árboles, o ya... ocultos detrás de la mata de flores, ocultos, es decir, bajo la capa del amor, ofreciendose a veces como amigos, balando con afectuosos halagos, o como grandes simpatizantes. Son aquellos que van, como el bicho taladro, infiltrando veneno en el alma, en la conciencia de los seres.

He dicho que es la hora decisiva; lo es, hermanos míos; vosotros véis cuántas obras se están gestando en el orden general, lo mismo que en el económico, lo mismo que en las ciencias. Veis que los hombres van buscando y tratan, por sus propios medios, de dirimir por medios supremáticos sin querer saber que todos y cada uno no es más que un factor, un instrumento, una herramienta para ejecutar una obra dentro del gran todo; dentro de todo ese conjunto enorme, purísimo, verdaderamente única causa que se aproxima al Creador, por las luchas de los que vencieron en las luchas que han debido sobrellevar; porque si han vencido en las luchas, en el dolor y en la sabiduría, en la sabiduría que los hizo vencedores del mal, como debéis hacerlo vosotros, hermanos míos, está el final de sufrir, que es lo que todos deseamos.

Que la unión, la Paz y el Amor sea siempre entre vosotros.

Seim Seim del Sol.