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AUTOFÓNICAS

L. U. 1. -C. S. -Xavier E. V.

A contar años y hacer balance de trabajos se encuentra en este Consejo los bedeles y rectores del plano a mi cargo. 67 años te cuentan de vieja vida y 22 de nueva vida, 45 de peregrino hasta la hora justa marcada que fue de estudio y experiencia, viviendo y palpando la realidad de las cosas en todos los órdenes de las cosas del mundo, que por la analogía, de todo ello tuviera el nuevo hombre la deducción de que “lo que una vez fue ya no puede ser que no sea” y de ello estableciera la ley sin errores ni equívocos, ya escrita. 22 años de aplicación en el estudio, encerrado en sí mismo, universidad de todo, desde el corpúsculo hasta el hombre y desde el hombre hasta el Padre Creador, su estudio está hecho y dado a los hombres; no hay más grande haber ni puede haberlo; pero no tiene ni galardón, ni palmas ni felicitaciones, sino parabienes y contentos en la satisfacción del tribunal Supremo. El Deber no tiene otro premio que el de la satisfacción de haberlo cumplido. Tampoco hay más grande “Debe” en la historia de los maestros. Este es el punto donde yo, en mi deber, hago que se fije el tribunal. Nadie ha pagado nada del beneficio recibido, y lo peor aún es que el 99 por ciento de los hombres juramentados y comprometidos para ser la ayuda moral y material del maestro en su obra, sobre no cumplir con esa ayuda, aún exprimen los jugos de la Escuela en sus doctrinas y hasta en los totales recursos que el Fundador les entregó para su marcha, que fueron bastantes para que el nombre y la doctrina llegara a todos los pueblos de la tierra. Yo, en mi deber, como Maestro Superior de este Plano al que la tierra pertenece, sólo muestro al Consejo y Tribunal que la obra técnica y doctrinal está hecha y representada en 160 Cátedras establecidas de todas las categorías, que “las treguas han terminado” y que a Dios Oro no se le permite cesar en su poder sin servir a las causas de la Escuela, como se le sentenció y no hay más espera. Lo que se hace del conocimiento de Celadores, Directores, Consejos, Titulares, Adherentes y de todos los que por conveniencia son juramentados y trabajan en las ciencias y el progreso, sin manifestarse al público prejuiciado, al que, por sus servicios de empresa o gobierno, han de tomarles del oro acaparado para servir a la causa.

Queda advertido y cumplí mi triple deber de protector, de Director del progreso de la tierra y de Maestro Superior del Plano y en nombre del Consejo digo al Maestro visible hoy de la tierra; Albricias, salud, victoria.

Xavier E. V.

L. U. 1. -C. S. -Joaquin.

¡Ajajá… ja… ja…!... Ponte ahí, habla por ese enrejado y mira… de dice el Maestro Superior y colega para los cuidados de nuestro… nuestro… ¿Cómo diría un pastor?... nuestro… nuestro corderito, vaya. Y… ¡Qué brujería!... ¡Estoy a más de cincuenta y tres billones cuatrocientos veinte mil setecientos ochenta y cuatro millones de leguas del que hablo y lo veo sobre la mesa y mover la mano para escribir mi palabra! Ya sabía que esto había, pero no me lo habían dado a usar. ¡Ah!... Es que hoy hace, ¿A ver?... En este libro está. Hace hoy 1913 años que el pastor Joaquín se quedó dormido en la cabaña, y como siempre fue bromista, se despertó aquí y, ¡pobre vieja! Toca el hombro del hombre y… ¡Jaime, Jaime! Llama a todos; ¡Padre se ha muerto!... ¿Cómo me he muerto si oía todo?... El traje se había roto de viejo; pero yo, ¿no veis que aún estoy hablando? Luego estoy vivo… ¿Qué me decís, vosotros. “vivos muertos”?... Pero yo estoy chocho con este chiche de brujería; charlo, recuerdo cosas viejas y ni siquiera he saludado a mi Jimillo de antes y… mi tocayo de ahora que aún sigo siendo el abuelito; pero… Jum…; también jum; pero eso es más porque no quiere ser viejo. Yo tampoco soy viejo. Soy anciano, es decir, era el anciano Joaquín, viejo,… Pero… yo decía ¡Jum!... Ahora el hombre está en unas cuantas contra los que hacen cuentos, que yo, no me atrevo a contar sus años, pero viejo no. Los trajes se hacen viejos y… las cuentas de los malos pagadores también. Por fin me atreví a contar, ya que no puedo contar todas las cuentas sin cuento que debía cobrar mi corderillo blanco y cuidado y… para de contar y de cantar para todos mis rebaños de guiados y protegidos, que los defiende el palo del Viejo Pastor.

Joaquín.

L. U. 2. -S. -Schuvit Schuvit.

Y van cayendo los tiranos ¿Cuánto mejor les fuera no haber nacido? Pero entonces aún tendrían excusa ante la Suprema Justicia de que no se les había dado tregua de prueba de corrección y no podrán decir que no preveníamos, pues nos hubimos adelantado en el fin que tendrían las coronas, los tronos, los dictadores y los tiranuelos. ¿Cuántos quedan?... El mismo fin tendrán que los que han rodado, si estos ejemplos no son lecciones que saben tomarlas y deponen su actitud. Y no hablamos sólo para los que se muestran en ferocidad; hablamos también para los dictadores y tiranos que se tienen por legales; para esos que ocupan los poderes por la trampa y el amaño de lo que llaman elecciones legales, pero que nosotros sabemos en qué leyes se apoyan, que son las de la autocracia. Pero no olviden que “ojo por ojo y diente por diente” se ha escrito; y sean ejemplo, entre otros, España, y Cuba de hoy. No debo decir más. Tus hermanos del Sol por los mundos de su sistema te traen hoy como saludo sus amores y por los hnos. Jefes naturales y Elementales sus fuerzas y sus cuidados de que me hacen portador.

Schuvit Schuvit.

L. U. 2. -T. -Joaquín Rossini.

Yo también soy Joaquín y estoy contento con mi nombre. Somos pocos y no nos pueden confundir. El abuelito… ¡Qué lira templada es su cayado!... A mí me fue la mejor batuta que me marcó los tiempos de la música; y… para ti… es como la vara del alcalde de Zalamea y de Móstoles y la de Moisés; mi “Moisés” melo-dramático, archivado por los papas, porque allí es el moisés de la Ley. Somos pocos Joaquinos y no nos pueden confundir, porque respondemos a su significado y “las obras hacen fe” y doy fe hasta en música.

Joaquín Rossini.

L. U. 2. -T. -Joaquín Pecci.

Hay uno más. Tocayo Rossini. Y si hubiera habido premio Nobel de la paz, seguramente yo lo hubiera llevado; por eso, aun siendo papa, no me han hecho santo; porque impuse y mantuve la paz y no fomenté la persecución de las ciencias ni la consentí contra quien venía a protegerlo. Era un gran sacrificio para mí calarme la tiara; pero así lo exigían las circunstancias y que pudiera el niño sentenciado a muerte por mi antecesor pasar su infancia, ser hombre y prepararse a librar terrible batalla que en su dura misión traía y, mi política y mi energía, consiguió el propósito de los altos consejos. Este es mi saludo y somos cuatro; el cubo de la Kábala indestructible. Loor al viejo Pastor que supo guiarnos al “Siempre más allá”.

Joaquín Pecci.

MEDIANÍMICAS

Hirán.
BUENOS AIRES, AGOSTO 4 DE 1933
Por la Médium del Consejo.

Buenas noches, hermanos míos; que la paz y el amor sea con vosotros.

Oh, hermanos, cuando la razón del hombre, cuando la conciencia, el pensamiento del hombre recibieron siempre la inspiración, cuando el espíritu encarnado estuvo siempre en constante comunicación con los espíritus del espacio; con los espíritus de los otros mundos de la cosmogonía; es decir, cuando uno pierde su acción, que unos por afinidad y por simpatía se trajeron, por un pensamiento solo, que ésta puede ser la razón cuando los hombres del planeta tierra fueron irracionales, fueron caprichosos en todas las cosas. Precisamente en la lectura veréis muchas razones, muchas causas, que si los hombres, por Ley de la Justicia, y en ley de amor cumpliesen con los mandatos de la Ley Suprema; si los hombres comprendiesen perfectamente la razón de ser, y no los hubiesen monetizado los supremáticos, es indudable que la humanidad de este planeta tierra habría seguido avanzando para cumplir exactamente su misión. Ved hombres y mujeres célibes, porque no tienen con qué mantener un hogar, porque temen con justicia, ante la idea de la miseria que va por delante. Ved también cuántos van calculando… cuántos y cuántas mujeres han ido calculando siempre sobre ese mandato de amor, sobre ese mandato de la naturaleza, sobre ese mandato de justicia. Y cuando lo han hecho, ¿fueron solamente los que calcularon, los que razonaron con sensatez un momento? ¿Es que fueron cobardes? Ellos no; fueron los supremáticos que así lo impusieron. ¡Ved también que en muchos hogares donde podrían reinar la paz y la armonía está la desunión y el alejamiento entre esposo y esposa! ¿Es precisamente por esa causa, por esa razón, de que el hombre no trabaja? ¡El hombre no puede llevar al hogar lo necesario para el sostenimiento de ese mismo hogar, para mantenerlo con decoro y no es que siempre sea así! No me refiero a aquellos que rehuyen del trabajo, sino a los que en la época presente, en nuestros estudios, en nuestras correrías, en nuestros exámenes, en nuestras incursiones de exploración hemos podido observar que es por necesidad, que es por escasez, porque la miseria no es buena consejera, e insensiblemente impelidos por la necesidad… por esa miseria, exasperados los ánimos impulsan la desunión, empieza el alejamiento entre los esposos… cuando no surge algún tercero que compre el honor de la mujer, ya que no puede comprar su amor. ¿Quién tiene la culpa? Esos espíritus supremáticos y perversos que siguen sosteniendo este estado de cosas que las religiones todas han creado.

Si los hombres pudiesen obrar en su razón; si todos fuesen capaces de hacer conciencia un instante, es indudable que otras fueran las fases que tuviera la humanidad del planeta tierra; otros fueran los impulsos que el progreso espiritual recibiera.

Es que los enemigos del progreso; es que los impostores de sus hermanos no quieren sudar para vivir honradamente; más aún, se apuran y asocian para sostenerse en el error. Es la lucha desesperada en que ya todo lo ven perdido; es la lucha desesperada en que arremeten vida y muerte; no les importa el rumbo de la humanidad; el caso es salvar lo que han perdido, el entronizamiento de la supremacía, pues como espíritus saben, si sucumben hoy, no volverán ya a recoger mañana lo perdido en este planeta, en cuya faz ya no caben los emperadores de siempre, los detractores de la verdad de todo los días, los disipadores de todos los tiempos, sino los hombres humildes de razón.

Hermanos míos: ¡Cuánto estudiamos hablando sólo con la razón! Cada uno haciendo juicio de sí mismo, en unión de su conciencia. ¡Qué poco pide el “Espiritismo Luz y Verdad”! ¡Qué poco os exigen los mandatos Supremos!... Pero… bien es verdad que hay que cumplirlo, porque si buscáis en las religiones, en los dogmas que dogmatizan todo, imponiendo sus exigencias, encontraréis que exigen tanto, que si los hombres estuviesen verdaderamente convencidos de aquellas doctrinas, que las amaran sinceramente, de esos puntos que dicen sustentar esas religiones no han podido ser siempre un inconveniente, un incentivo para dedicar al cumplimiento de esos mandatos. ¡Confesarse, si no todos los días, por lo menos una vez a la semana, a la bendición por la tarde!, etc…. Y esto, como otras tantas cosas, forman un cúmulo de obligaciones que los obliga a desnaturalizarse cada vez más.

¡Cuántos sacrificios!, dirán los incautos; es que todas son imposiciones; todos esos premios de gloria eterna son un mito, porque precisamente nada de todo eso se cumplirá, porque todos están apercibidos de que nada podrá cumplirse, y bien lo saben esos perversos.

Nunca se puede dejar de ser hombre y de ser completamente indiferente a las riquezas materiales, que son precisamente todos los adoradores de todos los dioses de piedra, barro, madera, los que más las buscan.

Vosotros los espiritistas, los que habláis directamente de conciencia a conciencia, de sentimiento a sentimiento, de alma a alma, que tenéis pleno conocimiento como espíritus, es necesario que no hagáis milagros, ni sacrificios de cilicios; ni oraciones ni perder el tiempo en principios y fanatismos religiosos, sino que es necesario que cumpláis como buenos vuestras obras, que cumpláis los mandatos que tenéis señalados, que estudiéis y analicéis los libros de nuestra Escuela y saquéis verdadero provecho de su sana filosofía.

Ved aquellos seres del fanatismo religioso buscando por una indulgencia, no razonada jamás; pero vosotros sí es necesario que razonéis, que ante vuestra conciencia, cada uno de vuestros actos, de vuestras aspiraciones, de vuestro querer pueda ser analizado serenamente por la Justicia Suprema. Preguntaos siempre cuál fue el fin, qué provecho sacasteis y cual tratáis de sacar; así estaréis siempre en paz con vuestro propio yo, con vuestra conciencia para todos los instantes de vuestra existencia presente y para el porvenir.

Que la paz y el amor reine en todos vosotros.

Hirán

Sorú de Marte
BUENOS AIRES, AGOSTO 15 DE 1933
Por la Médium del Consejo

Buenas noches, hermanos míos; que la paz y el amor sea con vosotros. Os traigo también el recuerdo de los hermanos de otros mundos en los cuales se regocijan con vosotros en recuerdo de esta fecha. Os veo, hermanos míos, a los mismos; pero no es solamente ir; más necesario que la obra del momento es la constancia que necesitáis para ejecutar la obra en que estáis empeñados; es necesario que perdure en vosotros el sentimiento de unión; es necesario que perdure en vosotros este instante de fe, de fe en vosotros mismos; de fe en la obra; de fe en el Creador, de fe en el amor del Padre, de fe en el cumplimiento de los mandatos supremos.

Sí, hermanos míos; si estáis en estos momentos presentes, es por el recuerdo de esta fecha, que muchos hermanos vuestros que están lejanos de vosotros, la recuerdan también. Digo lejanos de nosotros y de vosotros; alejados, quiero decir, no lo está nadie, todos están con su pensamiento recordando esta fecha. Alejados están los perversos y aquellos supremáticos que han hecho divisiones; aquellos perversos y supremáticos que han puesto barreras al libre pensamiento; aquellos perversos y supremáticos que pensando alcanzar las más grandes cimas, se alejaron del bien y del amor. ¡Sin embargo ya muchos están lejos... porque rodaron en lo más hondo del abismo...!

Hermanos míos; es necesario la unión y el entusiasmo por la obra y para la obra; es necesario que así sea, porque ya sabéis que no es la obra del momento; no penséis que esta es la vida de un instante, sino que es la continuación de otras existencias; la continuación de otras obras empezadas sobre lágrimas, sobre sangre, sobre luchas que continuamente tuvo que sostener el hombre, y que no son más que reflejos de las mismas luchas.

Vosotros, hoy que tenéis conocimiento de causa; vosotros, que conocéis el significado de lo que vale este momento; vosotros, que conocéis el valor de este instante, de esta Pascua; vosotros, que conocéis todo esto, es necesario que os hagáis vosotros a vosotros mismos un momento de concentración, y en esa concentración la promesa de ser constantes hasta el fin. Cada uno de estos días, aparte de lo que se rememora, tiene su significado, y vosotros debéis de asistir cada día y hacer un propósito firme, un juramento, cada uno para sí mismo. Sí, sí; como aquellos hermanos de épocas lejanas que instituyeron el día del perdón, digo, este día, no toméis, hermanos míos, las palabras como un error. Si ellos instituyeron el día del perdón en su atraso del tiempo primitivo, vosotros, hermanos míos, debéis de instituirlo por el día del amor; día de la promesa en vosotros mismos; día de renovación de esa credencial espiritual que cada uno tenéis prometido, cuando habéis venido al cumplimiento del mandato de vuestra misión a ejecutar la obra jurada.

Vosotros, hermanos míos, que todos lo juzgáis; vosotros, que juzgáis a los otros seres; vosotros que juzgáis a los hermanos que vienen del espacio, vosotros, que juzgáis a los hombres que os rodean; y por fin, vosotros, que juzgáis siempre y siempre juzgáis. ¿Si vosotros juzgáis, lo hacéis, lo podéis hacer con conocimiento de causa? Si vosotros podéis comprender cuánta es la lucha, cuánto es el sufrir; si vosotros pudierais saberlo cuando venimos al cumplimiento de nuestra misión; si vosotros pudierais saber la lucha terrible por que debe atravesar siempre el espíritu para llegar hasta el momento presente... ¡hermanos!... entonces juzgaríais de otra manera; entonces sentiríais de distinto modo. Entonces, hermanos, podríais vosotros haber tenido vuestras existencias, vuestras obras, vuestras luchas a buen recaudo, y no fallaríais con métodos y con sistemas superficiales y baladíes muchas veces, muchísimas veces, sobre la existencia, los hechos y la obra de los demás.

Sí, hermanos míos, cada vez, cada día de la Pascua, debéis de hacer un momento de renovación de ideales, es decir, un propósito de purificación de principios. ¡No toméis siempre que la materia es imperfecta! Si la materia es imperfecta, ello no quiere decir que no sea perfectible; no digáis que no debéis ejecutar obra; que la ejecuta el espíritu porque rige a la materia.

Así, hermanos, así tenéis pie para hacer obra sin temor de una equivocación; bien lo sé, aún aquellos hermanos mayores que se encuentran en el espacio, rigiendo, dirigiendo y cumpliendo una misión, señalando a los hombres el camino a seguir y la orientación verdadera, aquellos mismos hermanos, aquellos grandes hermanos pueden solamente ellos juzgarlo de verdad, y no juzgarlo nosotros los que menos, los que menores somos.

Aquellos a que me refiero son aquellos que ya son maestros de la Creación; porque son Maestros en mundos mayores; porque son maestros en mundos de luz; porque son maestros en mundos de amor, y porque son maestros en el bien, en el amor y en la fraternidad.

Hermanos: vosotros, que os encontráis saturados siempre de aquello que veis, que se os infiltra en vosotros por la perversidad de los seres; vosotros, que escucháis tantas y tantas veces la calumnia soez, la crítica ignominiosa de vuestras propias ideas; vosotros y todos los que aun no os encontráis perfectamente fuerte por el estudio del “Espiritismo Luz y Verdad”, encontráis con frecuencia la amargura y la desilusión. ¿Qué decir de aquellos que so pretexto de sabiduría y por el interés de vosotros mismos presentan al Espiritismo tal cual lo han comprendido? No tanto como lo han conocido; es decir, para sacar a todos y a cada uno el mejor y el mayor provecho del amor.

Hermanos; os digo, que en cada día de la Pascua había de existir de verdad una renovación de propósitos. Sea, hermanos, el de todos vosotros en este momento, el de estar siempre unidos, de amaros siempre por igual; de no claudicar nunca en vuestros principios, en vuestros ideales, en vuestra causa.

Que la paz y el amor y la bendición del Padre sea con vosotros.

Sorú de Marte.