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AUTOFÓNICAS

L. U. 1 -C. S. -El Secretario D.

De escafandra especial tendríamos que vestirnos hoy, si habíamos de llegar a tomar materia para comunicarnos en la tierra.

Gracias al autófono, no tenemos que hacer tal trabajo, para dar nuestros puntos a LA BALANZA.

Hace pocas horas, tus quejas, tus endechas y, lo diré, tu rigor en las apreciaciones de los hechos palpables, ha puesto en estudio y movimiento todo el proceso de la tierra y a ejecutar, o que sea necesario, se ordenará sin tardanza a la justicia.

Un momento de espera habrá, pues se quiere agotar hasta el último átomo de las posibilidades que la ley concede, para saber si hay capacidad en las mentes de gobernantes de elección y de herencia y de dictadores y tiranos de asalto. Hermano Secretario: toda espera será inútil; desde las pocas horas que acusé lo que era justo, se ha justificado todo; también mi tranquilidad por la promesa recibida, hasta el momento, parece cumplirse; más aún no aseguro que esa nube se ha disipado; la creo solamente detenida por la presión de los vientos. Sigue.

Sigue tranquilo sobre ese punto. Hoy lo que ocupa a los Consejos es lo mayor que ocurrir puede en la tierra; estaba fraguado en la mente de los promotores y no pudieron ocultar las líneas de fuerza de su negro magnetismo y tu receptor las interceptó, por lo que vibraste en forma de que todos los Consejos de la Cosmogonía acudieron al Superior a enterarse y se ha justificado que no hay en la historia de la tierra una culminación igual de desaciertos, de tiranías, de sed de sangre, de odios que no pueden ser satisfechos, porque la humanidad toda descubrió su estado de desequilibrio. No queda un rinconcito, ni aún entre las tribus indígenas, que no haya ideas de venganza; pero es repercusión de las sin nombre ideas terroríficas, de los tenidos por civilizados.

Se oyeron voces en Alemania y son un sarcasmo a la verdad de sus intenciones, al hablar de paz y nacionalismo; pues en su mente, su nacionalismo, es toda la tierra bajo sus ambiciones y turbulencias.

Ya lo ves; nadie lo cree de los Gobiernos; pero tampoco Hitler cree en la paz que los plutócratas dicen creer, y se funda en el exterminio que querían de ese pueblo.

Gritan ahora desde Washington: ¡Paz, desarme, concordia!... ¿Puede haber mayor ironía? ¿Acaso no gritó también Wilson, mientras cargaba los barcos de elementos de muerte en busca del oro de Europa?... ¿De dónde proviene hoy todo eso de Europa y de todo el mundo también sino de no haber muerto la guerra a la guerra, como la Escuela había predicho?

Mas dejemos el viejo mundo, que hoy se desengañará de las falacias y perversidades de todos los extremos, a los que LA BALANZA estará atenta, en esta tierra de promisión.

Conflicto por cuestión de banderas; conflictos por la puja de ideales que no pueden arraigar, porque no son natos de su etnicismo; conflictos por nacionalismos pequeños, sin comprender que necesitan de los del otro lado de sus fronteras políticas; conflictos por retener el dinero que pertenece al que lo ganó; conflicto entre poderes; conflictos por la enseñanza y conflictos por el hambre, que es el crimen de lesa humanidad, en la tierra fecunda que la ley ha preparado para la fraternidad humana y... tampoco queda un rinconcito de paz. Hoy, mientras deberían preparar sus conciencias con las galas de la libertad, convierten éstas en acciones de libertinaje y rayan lo más alto de sus concupiscencias, bajo la invocación de Patria y Dios, y nos autorizan a preguntarles ¿Amáis la Patria y honráis a Dios?... Si honráis a Dios, sabréis que todo el mundo es de Dios, y que todos los hombres son hijos de Dios, y, por lo tanto, son todos los hombres del mundo todo, hermanos, como ya lo dejó sentado Shet y nadie puede negarlo ni dudarlo.

Si amáis la Patria, ¿la servís por gratitud y desinterés? ¿O vivís a su costa y porque estando la patria en paz, no podéis medrar según vuestras ambiciones y queréis llevarla a la guerra para medrar?... Dejemos todo en estos interrogantes hasta el número próximo. Hoy 19, velaremos en las Cámaras y los Tribunales. Trataremos de llevar la inspiración para el triunfo de la justicia; y si no fuésemos oídos, la acción de la justicia tiene órdenes que cumplirá.

Doy el Autófono al que más años ha contado en estudios y vida corporal, aunque aún no ha pasado todo el pequeño letargo; pero es del momento.

Por el Consejo Superior.

El Secretario.

D.

L. U. 2. -T -Li Chan Yu

Kai Ki. Kai Ki: Seht Seth. Ya; ya; aquí estoy. ¡Qué bonito es esto!... Yo no lo conocía; veo que debía haber vivido cien años más...; pero... conoció cuatro siglos Li Chan Yu y aún no era viejo; pero no quise ver en materia los resultados de los desaciertos de los hombres, en tantos siglos.

Doscientos años de mi vida fueron tranquilos y dominé por la convicción a los emperadores. Mejor era que vivieran en el fausto y el boato de las riquezas dentro de sus murallas. Pero era llegado el tiempo de romper éstas y manifestarse la China al mundo y... ¿Qué ha pasado después... ¡Oh!? Llegaron los fanáticos de Cristo y destrozaron nuestra inocencia basada en el Krisna desde cinco millones de siglos y los pobres chinos eran engañados por esos astutos, como ya oigo decir: “como a chinos”. Yo también era inocente de esas perversidades. Han llegado los ingleses, los norteamericanos, los franceses y todos no hicieron más que sacar y nos llevaron, en cambio, la desiteligencia. Pedí a mi hijo Li Hung Chang de abrir las puertas de la China, y pronto vimos lo irremediable. Los llamados Boxers no se conformaron con la conducta reprochable de los huéspedes admitidos. El Japón, nuestro vecino, viendo esto, supo dirigirse a Europa y adiestrarse en sus armas, y más montaraces que los chinos, ya veis hoy qué pago nos dan.

Es verdad que, con la beatitud de la China, no podía quedarse el progreso sin invadirla; pero debía Europa llevarnos civilización si creía que nos faltaba y no cebarse sólo en acaparar y arrancarnos las seculares riquezas que las han covertido en monstruos de guerra y elementos de muerte, y hoy ni las tienen ellos, ni las tiene China. ¿Para qué quería vivir más como hombre?... Apenas he sentido un pequeño mareo al dejar mi materia. Me elevé y vi en todas partes del mundo afines míos y... a posar en ellos fui y voy, para sentir en ellos su vida, sus agobios y los agobios y vida de todos los pueblos.

Doscientos veinte años en mi laboratorio sólo tenía por delante: “Los hombres todos de la tierra toda, hermanos son”, para mi conducta con los hombres; y la otra: “En él estaba la vida y la vida es la Luz de los Hombres”, que nos dejó nuestro regenerador Shet, para la comprensión de que yo y todos los hombres somos hijos de un solo Padre y que el Espíritu es la vida de los hombres, que hoy veo repetidas en la Escuela, de la que ya sabía su existencia y en la que, también, en días de agobio, en desdoblamiento del “no yo” de mi materia, llegué a dar ánimo y esperanzas.

Y bien: ¿Qué he visto en el corto tiempo de mi desencarnación?... ¡OM!... Como hombre, no supe mentir, y como espíritu, no puedo mentir. Vi y veo al Japón buscando tierra donde refugiarse, porque, es lo probable, que la culebra que forma su tierra sufra una inmersión y sus divinidades, miles de veces mejores que el Cristo-Dios, previenen a los suyos y han de sacar cuantos puedan de los que deben quedar y, sea la China, sea la Corea, el Manchukúo, o la India, los habría de recibir sin lucha; mas los civilizados europeos y norteamericanos y aun los mexicanos no les dan tierra, ni derechos y, en son de conquista, tienen que cumplir un mandato del derecho de la vida. “Los hombres todos de la tierra toda hermanos son”. El mundo todo, pues, es de todos los hombres. Y hoy, porque es la hora, descubre para todo el mundo esa verdad el mismo que la escribió. La negativa de los gobiernos es un prevaricato a la ley de Fraternidad, que por fuerza provoca a la Justicia Suprema.

He visto y veo el caos más estupendo en la Europa y desmiente el alarde de potencia con que dominó los terrenos Chino-Hindúes que vivían en su beatitud y fueron sometidos despótica y brutalmente por las armas que no conocían y que no habríamos querido conocer.

Oyendo el mandato de la Justicia, aunque en ello fuese envuelta una ambición, el Lapón lanzó su guante de honor y... los causantes de ese desafío, en vez de hacer honor a su mentido honor de guerreros nobles, se buscan todos, se citan todos, a una unión que no puede ser cuando se está en agonía y se convierten en jocosas comedias del miedo las conferencias e idas y venidas de Londres a Roma, de Roma a París, de París a Washington y, ni Roma, ni París, ni Londres, ni Washington, ni Ginebra, ni parte alguna, andando así, oirá el piar de la paloma de la Paz. Llevan, cada uno, la guerra dentro de sí mismos y el miedo y la impotencia de LANZAR EL s. O. S. del naufragio mundial. En estos mismos instantes sondean a Alemania en Ginebra y... ¿Para qué si en Versalles sentenciasteis a ese pueblo al no ser?... ¿Cómo borraréis los sufrimientos y la iniquidad cometida con él?... ¿Qué fue culpable de la Guerra Europea?... ¡No manifestéis tanta ignorancia para cubrir la perversidad de todos! ¿Acaso no estaba predicha desde más de 19 siglos?... Y si no lo estuviera y el emperador fuera el culpable, a él exigir y no cargar al pueblo la culpa que no tiene, como no la tienen vuestros pueblos de vuestros errores y ambiciones.

Hablo aún como hombre, pues apenas se ha enfriado el cuerpo que me sirvió por doscientos cincuenta y tres años para estudiar las cosas de nuestro mundo, no he vivido en vano la vida de cuatro siglos.

Hablemos de América: de la tierra descubierta y tomada poco antes de nacer Li Chan Yu, por quien la Justicia Suprema había dispuesto conforme a su designio de unir todas las razas, en una sola raza, nacida ésta allá, cerca donde tan larga vida he tenido. ¿Qué veo aquí?... ¡Oh!... Quiero buscar la palabra justa e inofensiva pero acusadora de los mangoneadores... “Bodrio”... Sí. Veo un bodrio. Un guiso de mal gusto, por mal hecho, donde todo es bueno, pero que han tomado especias de París, de London, de Chicago y otras partes que no hay posibilidad de amalgamarlas con la sangre del león, y al inyectarla, se descompone, se afiebra y el cuerpo se adormece y sueña pesadillas y los instintos se alborotan; pero el León se cura en el sueño y depura su cuerpo y lanza el rugido de orden y la selva retiembla y se esconden las fieras, pero acechan y dan sus traidoras dentelladas y las serpientes y áspides, en cuanto pueden, clavan sus guizques, y otra vez el bosque pierde su solemne quietud, que aquí es la conciencia popular.

Este es el estado de esta tierra descubierta a la Europa hace poco, pero no a la China y a la India, que desde 45 millones de siglos conocía la cadena que hoy llamáis los Andes y que forma el anillo de nuestro agitado mundo y los incivilizados chinos lo sabíamos.

Ya me ordenan ceder el autófono; obedecer es ley; mas diré a los hombres mis hermanos: os dejo la experiencia de 253 años de una vida de estudio de la naturaleza y las leyes de la vida como me fue dado entender y veo en LA BALANZA donde me he pesado, que el amor del Padre me llamó, para que en el momento terrible de renovarse la tierra, no les faltará a los hombres la verdad vivida, junto con la verdad de la ley de justicia, que viene a quitar todo lo que estorba a la fraternidad, legislada y proclamada por Shet, en el aforismo que a mí me sirvió de guía: “Los hombres todos de la tierra toda hermanos son”.

Li Chan Yu.

L. U. 2. -S -Schuvi

Sabia es la Ley; así saludo hoy a LA BALANZA. En los momentos que algunos pseudo-sabios se disponían a rebatir el único punto que han podido ver vulnerable en las doctrinas de la Escuela Magnético-Espiritual de la Comuna Universal, sobre las vidas largas de mundos más perfectos que el vuestro y, justamente, a pseud-sabios, espiritualistas, o enfáticos teósofos, les sale al encuentro un verdadero Matusalén, con 253 años de vida bien vivida en el uso de todas las leyes de la naturaleza. Lo que se ha de tener en cuenta es la justeza en llegar y medir de antemano en su juicio destino, los hechos y los tiempos, matemáticamente medidos. Llamémosle, para la historia presente, Li Chan Yu. ¿Mas por qué le sirven de guía los aforismos y leyes de Shet? ¿Dónde está Enoc, el hijo de Shet?...

El Maestro del Sol, no debe decir más hoy.

Schuvi.

De orden mayor y por los momentos culminantes por que atraviesa la tierra, políticamente, no se dan las líneas 3 y 4. Los encargados están en sus observatorios, ahitos a que puedan recibir órdenes de obrar cosa mayor que los avisos ordinarios. Gracias.

MEDIANIMICAS

Hiram
DOMINGO, ABRIL 30 DE 1933
Por la Médium del Consejo.

Hermanos míos; buenas tardes: Mi amor os traigo.

¡Cuánto hay que decir este día, hermanos entráticos! Veo pensamientos de cada uno, y leyendo en la frente los pensamientos de cada ser, es como se comprende, porque hablamos del Espiritismo.

No pensáis (porque muchos piensan así) que los espíritus venimos entre los hombres para adivinar el pensamiento. Pero como se han hecho tantas suposiciones erróneas del Espiritismo, y os encontráis encarnados y sois espiritistas, es la causa porque os quiero decir que a los hombres y a los espíritus que nos encontramos en el espacio, lo mismo que en todos los mundos de la cosmogonía, nos rigen las mismas leyes del universo; y por eso no puede existir lo que clasificaron de adivinanza, porque, lógicamente, resalta a la luz de la verdad que lo que se discute y razona no puede ser adivinanza, y este es el punto principal de convicción que debemos traer los espíritus a los hombres.

Hablamos a nuestros hermanos de la vida eterna, del ser inteligente que anima la vida de los hombres y de los cuerpos, y les recordamos su pasado, en los hechos de la historia, en la realidad de cómo fueron. Y recordamos también que, siendo la vida eterna y continuada, no hay deuda que no se pague y que todo se cumple en el correr de los tiempos.

Por esto no puede existir la adivinanza; sólo existe la perversidad de los hombres, tergiversando todo lo que es claro como la luz del día, en el “Espiritismo Luz y Verdad”; pero que la perversidad de los hombres le dieron el aserto de milagrería y cosas extraordinarias.

Nada extraordinario existe más que lo que ha existido por mucho tiempo en la fantasía de los seres; aquellos que no tienen bastante moral para saber que la justicia es la emanación de un algo más grande y más sublime que el círculo en que ellos se han encerrado en su estudiada hipocresía.

Por eso, los que vienen a buscar por curiosidad, no busquen más que la verdad y la razón, descubierta en el hombre que por tantos siglos buscó a su propio yo, buscando a su alma en esta vida y en la tierra, porque aún hay hombres que buscan el alma del hermano más allá, en el cielo y en la gloria.

Mas el “Espiritismo Luz y Verdad” busca las obras y la verdad que os señalaban los mandatos del Creador en esa vida eterna y continuada, que no es ni el bueno ni el malo, porque el espíritu no puede existir ni en el cielo, ni en el infierno, porque su morada es el universo, y es vida real, la misma vida y esto se hace tan fácil de comprender para los hombres de conciencia limpia, que es indiscutible, innegable, a pesar del velo que quieren ponerle los que niegan las leyes supremas, esas que leéis en todas las manifestaciones de la naturaleza, en cada momento, en cada instante, y que lleváis grabadas dentro de vosotros mismos.

Por eso, los que conocéis la verdad y las manifestaciones de los espíritus por las leyes naturales de justicia y afinidad, os encontráis perplejos porque los detractores han cantado estos hechos tan naturales como fenómenos y cosas extraordinarias, pero que en la verdad del Espiritismo son cosas muy naturales y muy fáciles de comprender.

Esto es lo que habéis de aprender en el Espiritismo; esto es lo que habéis de ver y estudiar para alejar de vosotros a esos perversos que se presentan exigiendo del Espiritismo el milagro, la adivinanza, la brujería y las cosas extraordinarias.

Sí; pienso que algunos de los que me escucháis dicen que son cosas baladíes y cosas de risa y que los espíritus son “macaneadores” (uso vuestras palabras) que dicen muchas macanas o macanitas, como decís vosotros, pero que en el correr del tiempo se manifiesta la verdad y se demuestra que no es obra baladí ni obra de un pensamiento secundario, sino que es la orientación verdadera para que los hombres sean más felices y mejores.

Pero si el “Espiritismo Luz y Verdad” lo comprendiesen en su esencia y en sus bellezas, hablarían de manera muy distinta y según los adelantos de vuestra conciencia espiritual, que no debe ser como la conciencia de algunos hombres; esa conciencia acomodaticia tan fácil de acallar y a la cual las leyes de los hombres mismos quisieron ponerles límites y señalarles un camino, y educarlos matando los sentimientos naturales y detenerlos en su progreso. Porque esa conciencia, educada según la moral religiosa, no puede comprender la grandeza del Espiritismo Luz y Verdad, porque no puede dejar de sí todos los odios reconcentrados y todos los rencores de muchos siglos, siendo esto lo que les impide penetrar en la grandeza del Espiritismo y, por lo tanto, en la fruición de la fraternidad humana.

¡Hay, hermanos! ¡Cuán largo es necesario hablar para que lo comprendáis! Pero he querido decir esto para que lo oigan unos y otros, y no os pongáis lejos de la verdad y del principio supremo y de la pureza espírita, que es también el mandato del Creador.

Es necesario que vosotros vayáis ejecutando los mandatos supremos en vuestras obras, para tener así un enorme adelanto.

Es necesario estudiar el Espiritismo siempre por el amor al progreso, para ir siempre más allá; y esto se consigue nunca estacionándose en un grado, nunca deteniéndose en el camino, ni nunca creer que se sabe demasiado, ni que se llega muy pronto.

A vosotros, los que escucháis por primera vez y veis que hablamos por un cuerpo que no es el nuestro, estudiad, y entonces en día no lejano, en un momento, encontraréis muchas explicaciones de lo que se produjo en vuestro yo y que vosotros sospecháis como cosas extraordinarias, pero que son muy naturales y que ocurren con mucha frecuencia.

No es posible que vosotros, como espiritistas, podáis mirarlo de esta manera; sino que es necesario que todos y cada uno estudiéis, para que por el uso de vuestra razón podáis penetrar hasta la raíz de todas las cosas y de todos los hechos que se ejecutan y podáis recordar todas las obras que van pasando y van quedando realizadas.

Que cada uno de vosotros deje una obra imperecedera, pero que esa obra sea un monumento de amor y de progreso.

Mi amor os dejo.

Hiram.

Víctor Hugo
5 de abril de 1933
Inspiración tomada por el Médium escribiente M. Muñoz.

Hermanos míos. Paz para todos.

Hay hombres que claman, que lloran porque se ven acosados por tristes pensamientos, como agoreros malditos que vienen a perturbar la paz de su alma, que sienten el aguijón de la inquietud, y que no tienen el reposo necesario para vivir con la paz y el sosiego que rodea a las almas grandes, y que no tienen ni pueden hacerse una explicación del porqué de esta zozobra, llegando, quizás, a ignorar en su propia alma, en esa parte de su trinidad en que no encuentra la tan deseada paz de la conciencia, está la causa de sus males, la causa de sus sufrimientos, la causa del bien perdido, y queda como un vacío, que sola siente un pequeño alivio cuando un alma grande se acerca y con el más tierno amor y el más puro y positivo conocimiento le dice:

Hermano, la causa de tus males es ésta; no está en los bienes terrenales tu felicidad; está en la tranquilidad de tu conciencia; pero hay que conquistarla del modo más franco y sincero, que está, precisamente, marcado dentro de la Ley Suprema, amando a tu hermano y practicando los consejos y motivos que a continuación te expongo, causa de toda tu desgracia, porque has de saber que el hombre vive del cuerpo, pero necesita el alimento de su alma, y ésta sólo se consigue con las buenas obras.

Pero, ¿es que esos presentimientos son más fuertes que la voluntad de los hombres?

No; no son más fuertes. Es que no tenemos el progreso necesario para mirar con dulzura las virtudes ajenas; es que no tenemos suficiente capacidad para mirar sin recelos las virtudes que adornan a nuestros semejantes; es que no podemos ver con buenos ojos lo que no nos pertenece; es que somos muy pequeños y pretendemos ser gigantes; es que necesitamos un grado de moral que no hemos alcanzado; es que estamos predicando el amor y practicamos el odio; es que nuestra condición es mezquina, debiendo ser generosa; es que estamos llenos de defectos y pretendemos haber llegado a la perfección; es que todavía imperan en nuestro ser los instintos indomables de la caverna; es que en nuestra carrera por la vida nos detenemos mucho en el camino; es que estamos demasiado apegados a la materia, debiendo llevar nuestro pensamiento por el espacio infinito, por las regiones más puras; es que nos agrada más criticar que sentar bases de educación y moral; es que el ambiente que deseamos no podemos conquistarlo en el terreno de la discordia; es que el hombre, en su juicio temerario, va más allá de donde está el cumplimiento de su deber; porque es un deber cumplir primero nuestra obligación que sentar plaza y poner cátedra de enseñanza sin preparación para ello.

El hombre está obligado a mirarse a sí mismo antes de criticar la falta de su semejante; el hombre, mientras no hace esto, no puede llamarse hombre, racionalmente.

El hombre debe vivir en paz con su conciencia. Para ello, no sea rencoroso, no odie, no mire a sus semejantes como enemigos; no mire a su hermano con desprecio; no quiera ser superior a los demás por la supremacía. Conquiste, si puede, un grado superior, un progreso espiritual elevado, y entonces, por lógica consecuencia, será grande en progreso, en sabiduría, en amor, pero no en jerarquía, sino en grados; más sabio, pero no establece preferencia entre sus hermanos. No denigra a los humildes, sino que los ama; no mira con el desdén del engreído a los que ocupan un lugar humilde en el concierto social humano. Porque aquel que se crea superior está por debajo de su hermano más humilde, porque a aquél le domina el prejuicio de la supremacía y a éste la grandeza de la abnegación.

No vituperéis al esforzado y valiente hombre trabajador; no vilipendiéis a la mujer, vuestra compañera; no aticéis el fuego de la discordia; no establezcáis jerarquías donde sólo hay posiciones, grados de progreso; sed, sí sinceros, nobles, fuertes en vuestra voluntad, hombres de bien por entero.

Conquistad el puesto del honor por las buenas obras; arrancad las causas para que desaparezcan los efectos; no comulguéis nunca con nada que no esté siempre dentro de la ración y la verdad; que en vuestras obras haya siempre un principio de justicia, y entonces tendréis la tranquilidad que tanto deseáis; tendréis, entonces, la paz del alma, alimentando a vuestro espíritu con la esencia de las buenas obras, que es amor.

No veáis nunca un privilegio para vuestros merecimientos, sino estad seguros, sí, que en el seno de nuestro Padre, en el estrado del Creador, en el número de los elegidos misioneros, estáis vosotros, siempre que la virtud, la abnegación y el desinterés sea el propósito de vuestra obra.

Esto os lo dice un hermano que os ve con pena cuando salís fuera del círculo que os dejo trazado. Por el amor que os tengo, espero que, si seguís mis consejos, agradeceréis este recuerdo y recomendación que os dedico en el día de la justicia.

Vuestro hermano que os ama.

Víctor Hugo