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AUTOFÓNICAS

L. U. 1. El Secretario D.

C.S. a LA BALANZA-Tan Cargada está en el No. 5, que poco más podemos depositar. Mas ya habíamos prevenido; y por el hermano Víctor Hugo abreviamos el autófono, en el descanso del Director Sí. Sea aquella inspiración la voz y advertencia de hoy del Consejo Superior. Los hombres, con falsa filosofía, dijeron: Bis pacem para Belem”. No; con la guerra, no se prepara la paz. La paz se prepara dando paz a las conciencias. Esta en la misión de nuestra Escuela; y para aún exceder su cumplimiento, se impuso el triple sacrificio de LA BALANZA, cuyas sentencias son de la Ley Suprema y fatal; o sea sea “Justicia de necesidad”, que la justicia impere.

El Secretario D.

L. U. 2.- Tier. Cipriano Valera

Me dan el autófono para la balanza. Miro su fiel y yo estoy en fiel. ¿De qué valen las excomuniones?... despacio y con razón limpia, examiné la Biblia. Yo, en ella me hice luz. Sobre todo, en la carta de justicia de nuestra apóstol. Ella es bastante Código para la Fraternidad, en libertad y justicia. Yo entendí que aquella carta de Santiago era el gran prólogo de una obra que vendría; y esa obra, la Escuela Magnético-Espiritual de la Comunidad de la Universal es. Tardó en verse la obra prologada en aquella carta 350 años y me alegré; pues vi a su autor rememorar aquel su prólogo y continuar desarrollando sus versículos en capítulos. Es felicidad, o gloria si os place llamarla así a la alegría que el espíritu siente al ver que su obra es rememoración para su propio autor. Y si en aquellos siglos del muy reciente catolicismo español, por la firma de una reina, se produce la revisión de la Biblia de esa religión firmada, quiere decir que no admitían los españoles una fé ciega impuesta y consintió en ver las hogueras quemando hombres por protestar del prevaricato real.

Hoy, el mundo mira a España ¿A dónde va la nación regenerada de la religión Católica, Apostólica, Romana?..., dicen los esclavos y fanáticos. Los espíritus y hombres de fe viva, decimos en contestación: España va a encontrar los caminos de su etnicismo, de su biología, de su grandeza en su hidalguía tan antigua como la Raza Adámica; a cultivar de nuevo la raíz de Jetsé que Jafet plantara. A eso va España. ¿Por qué ¡o h¡ depravados expoliadores de las virtudes imponderables de España, la agitáis?... ¿No sabéis que su representación es el león, y que éste no acepta, por dos veces, una lucha mezquina y personal, pero que, hostigado, a la tercera acomete y arrolla y castiga a los osados?...

Mas ¡ay!... Que una vez que el león se vio obligado a castigar en su defensa, ya no da tregua a nadie a que le ofendan y siempre acepta la lucha, y los hijos que desde entonces engendra siempre se imponen al ofensor de su padre.

Tiemble, pues, el altar y el trono, pues el león español aceptó la lucha y castigó a sus ofensores, y ya, sus hijos se impondrán para siempre a los ofensores de España, que son el trono y el altar.

Viva, si puede, el impostor ofensor en su madriguera inmunda con su conciencia corrompida y no lleve sus aullidos al suelo español y ni tan poco a los lares del hispanismo, porque de cachorro son del ofendido León.

Por la Paz y la Justicia.

CIPRIANO VALERA.

L. U. 2.- S. -M. S.

La Razón es la Luz y la Luz es Sol. El Sol, alegre y triste, saluda a LA BALANZA por la luz que da la autofónica de Valera, el que tuvo luz suficiente en su razón para excogitar las verdades ya ocultadas en los llamados libros sagrados de una religión apócrifa que mixtificó hasta donde pudo, lo que dio a su grey bajo el engaño, el fraude y la mentira de un derecho divino que sólo su perversidad le concedió. En la carta de justicia que Valera coloca al final de su Biblia, es como decir: todo lo anterior queda anulado. Es, pues, aquella, el prólogo de la nueva Biblia que se escribe 350 años después del prólogo. Esa es mi alegría.

Mi tristeza, es la continua ofensiva de la Teocrática jauría de hombres hidrófobos de su impotencia, que llevan al león y sus cachorros y todos están en lucha y guerra y no hay más causa que la influencia religiosa. Cuanto se diga, cuanto se invente, cuanto de imagine para ocultar la verdad de las guerras, revoluciones, huelgas, desocupación, deshonor, prostitución, hambre y miseria y hasta las plagas, pestes y tormentas, todo, todo ello es motivado por la falacia religiosa; pues de todo lo que es malo, la religión es su raíz. Queda confirmada la autofónica anterior cerrando, por hoy, las estaciones.

M. S.

MEDIANIMICAS

Víctor Hugo
COMUNICACIÓN ESCRITA
Médium escribiente: M. Muñoz.

Paz y amor reine entre todos vosotros, hermanos.

Paz, sí; pero la paz es la que ha de reinar en todos los corazones; porque la paz es el ambiente benéfico que ha de iluminar las almas de los que gimen, de los que lloran, de los que pasan sed de justicia y a los que han sufrido persecuciones, a los que han sido víctimas del fanatismo, a los que han sufrido miserias, a los que fueron esclavos de la supremacía, a los que fueron sacrificados por el triunfo de un ideal, a los que tuvieron que sufrir venganzas de los dioses, a los que en su carrera de ignominias no se detuvieron hasta caer en el abismo, a los que en medio del caos gimen, se levantan y caen de nuevo, a los que no tienen en su alma más que páginas de sangre, a los que en su lucha por la regeneración humana han caído victimas de las persecuciones religiosas, a todos los que por uno u otro medio han sufrido injusticias, a todos, repito, ha de llegar la aurora de la paz, el día de la justicia, el tiempo de la luz, el oasis prometido cuando el desaliento asomaba a su corazón, el día de la fraternidad humana, donde y cuando no existan odios, ni persecuciones, ni injusticias, ni esclavos, ni viciosos, ni vagos, ni poseídos de pasiones, ni amenazados de muerte, ni coacción de derechos, ni nada que estorbe al hombre en el desenvolvimiento de su libre albedrío, ni un pensamiento que oscurezca una imaginación, ni el odio, ni la envidia, ni la pasión, ni la lascivia, ni el crimen, ni el adulterio, ni la maldad, ni la violencia, ni el incesto, ni las disputas, ni el furor, ni la venganza, ni el egoísmo, ni el remordimiento, ni la estudiada y refinada hipocresía; nada que haga una sombra en la conciencia de los hombres, ni en el espacio, porque los pensamientos serán puros, como la aurora de los mundos de luz, como la aurora en su blancura inmaculada, como el arco iris después de la tempestad, como la costa en el naufragio, como la tabla de salvación al caído, como el oráculo al mago, como el sol a las plantas, como la noche para el descanso, como el deseo para conseguir el triunfo, como la esperanza en el infortunio, como la bonanza después de la tempestad, como el bien después del mal, como el amor después del odio, como la casa paterna después de la deserción, como la sombra después de los rayos ardientes del sol, como la cura la herida, como la placidez de la atmósfera después de la tormenta; así, hermanos míos, llegará esa paz, paz bendita, que henchirá los corazones de gozo, de entusiasmo, de fe en el mañana generador, en el mañana justiciero, en esa paz en la que los

hombres sólo piensan en tres cosas; en el Creador, amor; en el hombre, su hermano; y en el trabajo, el medio de ascender en la infinita escala de la sabiduría, y el templo grandioso del universo, en el altar de la conciencia de los hombres, en el genio del sabio, en el poder del amor, en la fuerza de la justicia, en el trabajo honroso que a todos regenera, en el medio de regeneración más fácil y provechoso, para ser grande entre los grandes hijos del Padre todo, todo ha de llegar para ti, hombre terreno, hombre que te hiciste pequeño en tus agobios, en tus luchas, porque perdiste la fe, la voluntad de ser justo y la bondad en la del amor.

A todo llegarás, hombre de la tierra, trabaja, ama, lucha; vencerás siempre; vencerás siempre que seas fuerte, siempre que tu corazón no pierda el sentimiento de la fraternidad, siempre que tu derrotero sea el camino del bien, siempre que en tu alma no se albergue ni el odio, ni la envidia ni la pasión, ni el egoísmo, ni el crimen, ni la venganza, ni la lascivia, ni la hipocresía seas justo, no temerario, sino prudente, no miedoso, sino con valor, no obscuro, sino sabio por tu propio esfuerzo; lucha, trabaja, ama; que el que lucha vence siempre que sea un idealista del bien, de la fraternidad humana.

Y esto te lo dice el que luchó, fue calumniado, perseguido y desterrado por los supremáticos de aquellos tiempos, por los religiosos de aquellas religiones que fueron rémora del progreso: sí, hermanos, hombres de la tierra, oíd: os lo dice un hermano que ya sufrió persecuciones, pero veía en lontananza el más allá infinito, el compensador justiciero del infortunio, el mañana que alienta la esperanza, y que siempre tuvo por lema la emancipación del hombre, del fanatismo y la esclavitud. Su norte fue la regeneración humana; cantó a los hombres cuentos que eran historias, historias que si los hombres las hubiesen comprendido, ya estaría la humanidad de la tierra en el pleno goce de su séptimo día: pero al fin, el hombre de hoy se yergue, se levanta, se pone frente a frente a su verdugo; no lo desafía a muerte, pero no le teme; no lo odia, pero lo destrona; no lo quiere humillado, pero sí al nivel del obrero; no es vengativo, pero sí justo; y si en su alma queda un rescoldo de rencor, pronto desaparece ante el reconocimiento de su hermano, que en su espíritu lleva grabado eternamente las palabras que resuenan constantemente en la conciencia de los hombres: “Amaos los unos a los otros”, “ama a tu hermano”.

Este es el fin de las luchas, cumplimiento del eterno mandato de nuestro Padre el Creador, para que todos sus hijos cumplan fieles los mandatos de la justicia, que es todo amor.

Mi amor dejo a todos los hombres.

Víctor Hugo